Marilyn Monroe y la hipnosis

El caso es que antes que Marylin Monroe ella se llamaba Norma Jeane Mortenson, pero luego la enfocaron con una cámara y ahí se quedó el nombre.

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Marilyn Monroe en un fotograma de "con faldas y a lo loco", de Billy Wilder. Europa Press

He leído hace poco que en el rodaje de Con faldas y a lo loco, Marilyn Monroe se estaba probando un traje y quién sea le dijo que Tony Curtis tenía el culo más duro que ella (o algo del estilo). Ella se saca un pecho y dice algo como: “Sí, pero no tiene esto”.

He pensado muchas veces en esto, a veces me hace sentir mal, incluso. ¿Era Marilyn Monroe una buena actriz? Bajo mis humildes entendederas, no. ¿Era una cantante excepcional? No, era una cantante normalucha. ¿Qué hacía, entonces, ahí? Hipnosis, hacía hipnosis. El caso es que antes que Marylin Monroe ella se llamaba Norma Jeane Mortenson, pero luego la enfocaron con una cámara y ahí se quedó el nombre.

¿Han visto esta escena?


Por lo visto desafinó durante toda la película. En fin… “badam-badam-badum-bidam-¡bum!”, como ella misma canta. Hay algo que debería preocuparnos como civilización: El hecho, el extraño caso, de que una señora que no cantó demasiado bien y actuando tampoco fue gran cosa consigue hoy en día tener tu atención todo el tiempo que ella, dentro de la pantalla y hace ya décadas, quiso. Llevamos siglos cantándole a la belleza (ya ven ustedes), haciendo escenas visuales y espléndidas y diciendo cosas eruditas: Esa Lady Macbeth y su my hands are of your colour, but I shame to wear a hear so white; esa novena sinfonía de Bethoveen, Chopin; la letra de “el sitio de mi recreo”; la imagen de un chino ante un tanque en el nombre de la libertad; hemos oído cantar a Camarón y hemos visto el anochecer tras de la Alhambra… Pero todo eso tiene un mérito artificial: La voz de Camarón es tan grande porque para eso la trabajó, como lo que dijo Shakespeare o lo que escribió Antonio Vega, pero a Norma Jeane Mortenson no le costó ningún trabajo ser Marilyn Monroe. Simplemente se puso delante de una cámara y guiñó el ojo derecho mientras quién la pudo ver se moría de un infarto.

Ya les digo que se siente uno incluso mal. No sé si mal, ahora que escribo esto, o, simplemente, idiota. ¿Se acuerdan de Audrey Hepburn y su mirada melancólica hacia ninguna parte? ¿De Katharin Hepburn y su capacidad para absolutamente todo? ¿Elizabeth Taylor y su perfil egipcio que hizo que todos pensáramos que Cleopatra fue la reina más hermosa del Mediterráneo? ¿Se acuerdan de Rita Hayworth y el Guante -con mayúsculas- de Gilda? Todas ellas son unas damas del cine, unas jefas de esto, pero… Ahí estaba Marilyn, como si fuera una extraña, protagonizando lo que quiso protagonizar entre pelea y pelea todo aquel que la dirigió en el cine y con Joe DiMaggio o Arthur Miller, un genio del teatro que, se dice, le ponía los cuernos. Cómo no sería el fenómeno que al final de su vida la 20th Century Fox le hizo un contrato por el que cobraría un millón de euros por película y podía elegir director y coprotagonistas, lo nunca visto.

Supongo, por otra parte, que su belleza de extraterrestre fue también la principal de sus condenas. A pesar de lo vendido, era extremadamente sensible y exigente; sin embargo, su propia sensualidad, transcrita en una sociedad que hoy no reconoceríamos, hizo que fuese manipulada por la mayoría de sus amantes, haciéndola profundamente infeliz y llevándola al alcohol y a los barbitúricos. Nunca pudo esclarecerse si fue suicidio, asesinato o negligencia médica, pero Norma Jeane Mortenson apareció muerta el cinco de agosto del 62. Marilyn Monroe se quedó en el negocio vendiendo portadas de revistas, camisetas, pendientes y souvenires eróticos en los sitios más floridos de Los Ángeles.

Hoy en día basta un click para ver cualquier cosa y la escena de la falda al aire por el metro sigue estando ahí. La mitad de las canciones que canta en Con faldas y a lo loco, sin duda alguna, van a seguir estando ahí, y son todas… Digamos que, en cuestión de embobar, son casi todas como la imagen de la falda. Lo que pasa es que he cogido una escena por coger algo. Además, como salen Lemmon y Curtis luego, pues si te abre la puerta alguien y te pilla embobado o embobada mirando a Marilyn, siempre puedes hacer como que estabas esperando a que saliera una de las parejas más graciosas de la historia del cine. No sé, igual te sirve.