Más se perdió en Grecia…

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Son muchas las lecciones que debimos aprender los europeos tras las guerras mundiales del siglo pasado, pero existe una en particular que nunca se debió haber olvidado: Un pueblo humillado es un pueblo que buscará venganza. Tras el Tratado de Versalles de 1919 los alemanes bebieron de su nacionalismo para así recuperar el honor y la dignidad que les arrebataron los opresores europeos, además de saciar los deseos imperialistas de un asesino de extrema derecha, carismático y populista.

Con unos tintes menos románticos podríamos retratar a la Grecia del 2016; un país que perdió una batalla económica y una batalla política; derrota impulsada por la ignorancia y por la falta de solidaridad que existe entre las élites y los pueblos de Europa. Al igual que la Alemania de entonces, su situación económica actual es asfixiante. La deuda griega ascendía a un 176% del PIB en 2016, lo que corresponde a 309.209 millones de euros, según Datosmacro.com.

En su artículo “The ECB’s Illusory Independence” para Project-Syndicate, Yanis Varoufakis (ex Ministro de Finanzas de Grecia, y profesor de Economía en la Universidad de Atenas) criticaba la falta de independencia del Banco Central Europeo (BCE) a la hora de ayudar a un estado-miembro en quiebra, puesto que éstos son una fuente esencial de financiación para los propios estados. Además, trataba (con la apolínea sencillez que le caracteriza en el resto de sus obras como “Economía sin corbata” o “El Minotauro Global”), su análisis de lo que ocurrió en su país de origen:

Cuando Grecia se declaró en quiebra en 2010, los gobiernos de Alemania y Francia denegaron a su gobierno el derecho a dejar de pagar la deuda de los bancos alemanes y franceses. El primer ‘rescate’ de Grecia fue usado entero por los bancos franceses y alemanes. Pero lo hicieron profundizando la insolvencia de Grecia

Desde 2010, la economía griega es un uróboro, una serpiente que se muerde la cola, inyecciones de dinero para “mantener la fachada de solvencia”, que aumentan una deuda que ya era impagable.

Sin embargo, los problemas económicos son solo el primer síntoma del virus que está sufriendo Grecia en particular y Europa en general, el siguiente síntoma -que ya es más que evidente- es el auge de los nacionalismos y el rechazo al ‘extremo centro’ que está tan de moda en los estados europeos; Amanecer Dorado (en Grecia), Le Front National (en Francia), Alternative für Deutschland (con 153 diputados a nivel federal en Alemania), Freiheitliche Partei Österreichs (tercera fuerza política en Austria), y por último UKIP (en Reino Unido). Partidos de extrema derecha, cuyo apoyo se ha manifestado en decisiones tan significativas como la salida de Reino Unido de la Unión Europea, comúnmente llamada Brexit. La mayoría de los británicos votaron a favor del ‘SÍ’ avivados por el discurso de este partido, cuyo líder, Nigel Farage, al ser entrevistado poco después de conocer la noticia, admitió con un carácter muy irresponsable, haber cometido un error en campaña al prometer que el Reino Unido reubicaría 350 millones de libras semanales en la sanidad pública británica si abandonaba la Unión Europea.

Una vez más mensajes simples y claros, pero obsoletos en un primer mundo que vive de la globalización, atrapan las mentes de nuestros vecinos. Son muchos los que ya ven fecha de caducidad a la UE, pero los que todavía recordamos lo que era una Europa de trincheras, seguimos manteniendo que la realidad es que se está tratando de curar cánceres con aspirinas.

Nunca se debió dejar a un pueblo europeo solo ante la Troika.