Meando en lo políticamente correcto

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Lo que más me gusta de nuestro tiempo es la capacidad que tenemos de ser unos completos gilipollas tras una careta impoluta de formalidad. Joder, enserio, ¿todavía alguien se traga a la caratrapo de Aguirre contando rollos cada vez que la pillan a ella o a un colega cafreando la carretera? Que persona más ridícula…

Hace no mucho leí un artículo sociológico que contaba que lo más interesante que vamos a presenciar en nuestro siglo XXI es la “destrucción de lo políticamente correcto”. En toda la diana. ¿Y sabéis cómo se aplica eso al día a día? Pues con personas inconformistas que no se callan y no pueden aguantar eso del postureo y la doble moral. Si, con el tortazo del repartidor al caranchoa ese. Muy formal, hijo de un famoso periodista de ABC y un imbécil que gana dinero a base de dejar a los demás en ridículo. Ese repartidor es un héroe nacional y el que defienda al chaval está más verde en la vida que lo que me fumo los fines de semana, hombre ya….

¿Estoy justificando una agresión a caso? Por supuesto. Porque el juicio a la hora de impartir violencia justificada no puede recaer en un repartidor que “aparenta tener serios problemas de control de la ira”. Recae en el tonto que lo ve desde su casa y ni se da cuenta de que el youtuber ha tocado el audio. Ninguno de los dos comió chancla de chico, fijo. Mi madre era de las que las manejaba como estrellas ninja, hacía curva con el pasillo y todo.

Por supuesto que puedes, y debes, pegarle un tortazo a cualquiera que te insulte por la calle y que tras un primer aviso no tenga la decencia y el respeto de dejarte en paz. Pero vamos, que coma tanta ostia que no tenga hambre en un mes. Lo mismo que debes de machacar al imbécil que se ríe de una pareja de chicos que caminan por la calle de la mano o a los típicos que con el ciego les da por cafrear a los vagabundos del centro. Y a la tolerancia le digo lo mismo.

Se me suele acusar de intolerante musical por ejemplo, y por el anterior artículo más de uno casi pide mi cabeza (a un compañero por cierto, porque conmigo nunca quieren divertirse cara a cara los sosos) y yo sigo en mis trece. No puedes ser tolerante al machismo, al racismo o a la hipocresía entre otras muchas cosas. Asi que por supuesto que soy intolerante contra ciertos aspectos de la vida y tal. Incluso nos intentaron convencer de que el rock también es machista. Yo me tiré un pedo en una botella de refresco vacía y la lancé por la ventana en respuesta, porque es lo que te queda ya a estas alturas. Sacar la lengua y hacer el gamba.

Somos un huevo y somos como el puto Joker. Y lo que tenemos enfrente de Batman tiene poco (ojalá). Y voy a soltar una anécdota de las mías que me ha pasado esta misma noche, cuando volvía de ensayar directo a sacar a mi perro (esto sale el domingo pero yo lo escribo el jueves noche, que llega el viernes y me pierdo):

A las 12:00 y poco llego a mi portal y me encuentro con mi vecina del séptimo, que ya rondará los 30 y sigue siendo una de las mujeres más guapas del barrio. Y simpática como ella sola, una tía con la que salir de juerga vamos. Resulta que esta con el típico chaval “estándar” de turno (mala copia de Cristiano Ronaldo, parecen que los hacen en serie). Yo paso con mi melena y un gorro, chupa de cuero y mochila al hombro. Saludo y todo guay. Pero el mirlo no se da cuenta de que le veo por el reflejo del cristal del portal y lo cato de pleno riéndose de mis pintas.

Me giro, lo miro de frente y el tío disimula malamente. Me vuelvo al portal riéndome en voz alta por lo cobarde que ha sido, y cuando ya voy a entrar vuelve a reírse. Me vuelvo de nuevo ya preguntandole directamente que qué coño le pasa, que le estoy viendo y que se la está buscando. Se giña vivo y empieza a contarme que me parezco a un amigo con el que jugaba al fútbol blabla…claro, y yo hago ganchillo no te jode. Subo y bajo con Häendel, se lo cuento y acordamos meterle un poquito de miedo. La cara que puso cuando me vio salir de nuevo con mi colega suelto no ha tenido precio, en serio. Todavia estoy oliendo lo que ha soltado en los vaqueros.

Pero el caso es que la muchacha, comprometida por la situación (tiene fama de ser una tia estupenda, eso de que uno de sus ligues tenga problemas con un vecino no le interesa mucho), ha intentando convencerme de que se refería a un amigo suyo de verdad. Solo he tenido que decir que no me comieran la oreja, que el chaval se ha pasado de listo y lo he pillado. Solo que ha diferencia del caranchoa, no se la lleva por respeto a una vecina. Cuando volvimos del paseo, como era de esperar, ya no estaban.

Si eso fuera un caso aislado estaría exagerando, pero ese ha sido mi dia a dia en Sevilla y el de muchos desde que tengo memoria. Asi que nada, si tengo que vomitarle a alguien encima voy a hacerlo. Y os animo a hacer lo mismo. Si una vieja te mira incómodamente en el super, preguntale donde quedó su educacion. Si un pijo te da lecciones de cómo ganarte vida, humíllalo por trabajar en la empresa de papá. Si un tío que no levanta la cara del Marca se ríe de ti, escúpele en la cara las lineas de tu libro favorito y dile abiertamente que es un bodoque. Ser irreverentemente intenso no tiene porque reñir con el sentido común, y que no te convenzan de lo contrario.

Sé un perro andaluz, como decían los Pixies en Debaser. Vive mordiendo a la gente mierdosa, y cuando pongan el grito en el cielo por tu “salvajismo”…muerde aún más fuerte.