Me ha disparado. He shot me

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Fernando Camacho, Politólogo | @FernanCamacho

Los americanos saben hacer estas cosas. Con su lenguaje escuálido pero maravillosamente eficaz son capaces de convertir cualquier cosa en un slogan: Hubo uno afortunadamente esparcido: I can’t breathe (“no puedo respirar”).

Esta noche en Sanlúcar la Mayor, Sevilla, otro hombre ha asesinado a otra mujer. Muchas veces se dice “ha muerto una mujer”, como si hubiera sido un infarto, o un cáncer del que nadie tiene culpa. Me hastía que se omita la acción feminicida. Nadie ha muerto, las han matado a todas. Las han matado vilmente. No es que haya muerto otra mujer, en realidad, otro hombre ha asesinado a su pareja. No es casual, ni es la segunda marca de tres puntos suspensivos: Es sistemático. Me fastidia, me enrabia, que, por otra parte, la acción social en las campañas propagandísticas desde hace unos años sea estáticamente la de proteger a la mujer, decirle que puede salir adelante -que por supuesto que sí- no obstante, creo que es hora de enseñar a los hombres a no maltratar, a no ejercer ninguna de las múltiples violencias de género.

“Me ha disparado” han sido sus últimas palabras, las ha dicho por teléfono, a la mujer de emergencias que la atendió para enviarle la ambulancia. “Me ha disparado”. En inglés sería un buen slogan: “He shot me”. Recuerdo a la sociedad estadounidense amparando a aquella víctima de la injusticia racial imperante. Recuerdo a Derrick Rose, base de los Chicago Bulls, con la camiseta de “I can’t breathe”. “He shot me”. “Me ha disparado” tiene la feroz mordida del disparo, la sanguinaria injusticia de su ocaso, esa frase lleva consigo a la propia muerte. Ojalá un futbolista se ponga la camiseta, seguramente sea la única forma de hacer que los cerdos que matan a sus parejas por creerlas suyas se enteren de esta epidemia, de esta vergüenza, y dejen de hacerlo.

El pasado 7 de noviembre hubo una grandísima manifestación y la política nacional fue a relacionarse allí. Les ruego que “se pongan la camiseta” de “Me ha disparado”, que griten las últimas palabras de esta mujer para hacer que los que fueron a la manifestación vayan a los parlamentos y al Congreso a hacer un gran pacto que acabe con esta pesadilla. Les ruego, lectores y lectoras, que siga nuestra sufrida lucha, que no dejemos de presionar.