Microacoso (en tono de humor)

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Foto Europa Press

Ayer me pasaron por las redes sociales un enlace sobre una iniciativa de la CUP en un pueblo catalán: establecer una campaña contra el microacoso machista. ¡Toma ya!, pensé en cuanto leí el enunciado de la propuesta municipalista (ya que no es una iniciativa parlamentaria) que originó la publicación en el rotativo. Leí con atención la noticia, por aquello de averiguar qué poder demoníaco se ocultaba tras el palabro MICROACOSO. Aconsejo a los amigos lectores la lectura del enlace (se puede acceder poniendo en Google Microacoso masculino-CUP) ya que no tiene desperdicio y se pasa un rato de auténtico relax, y el humor siempre es bueno para la salud.

Desde aquí, con la sana intención de ayudar a encontrar soluciones a tan grave problema, hemos reflexionado, profunda y ampliamente, y aportamos algunas soluciones con la finalidad de evitar los sofocones (a individuos de uno y otro género, que de todo puede haber, y con el permiso de la CUP). Bien entendido que sería indispensable tomar medidas previas en atención a varios parámetros como tamaño, peso, dimensiones, envergadura, etc.

Ahí van algunas alternativas posibles:

1.- Que por un acreditado diseñador se elabore una cajita para recoger los atributos cojoniles al subir el provocador individuo al transporte público. También podría valer un anexo al pantalón, a modo de antigua bolsa donde se depositaba el dinero; dicho anexo podría ir por dentro de la prenda de vestir, así se evitarían los desvíos, involuntarios o no, de miradas.

2.- Otra posible solución sería el uso obligatorio de un braguero ortopédico que reduzca el volumen visual mediante la compresión de los rasgos masculinos. Esta medida es posible que encuentre la oposición de médicos internistas y de estadísticos por aquello del riesgo de pérdida de fuerza en los espermatozoides, lo que conllevaría menor capacidad de fecundación con las consecuencias para el índice de crecimiento poblacional. Y no está la situación para eso.

3.- También deberíamos contemplar como alternativa, el diseño para el transporte público de asientos con huecos pre instalados, con la finalidad de que se alojen los atributos varoniles en ellos. Claro que habría que hacer unos de medidas estándares grandes para ser utilizados por todos los usuarios. Tiene la ventaja de que además pueden servir de ventilación con lo que se conseguiría una mejor higiene.

4.- Nos apunta un colega la posibilidad de establecer un impuesto sobre lo propio. Claro que esto tendría dos inconvenientes que podrían derivar en insalvables. Uno la necesidad de diseñar y aprobar una tarifa que contemple pesos y volúmenes para que fuera más justa la medida: cuanto más tienes más pagas. El Segundo problema radicaría en las personas encargadas de medir “las cosas”: sería indispensable la creación de un cuerpo de inspectores (inspectoras no, por aquello de la moralidad), con lo que podríamos tener que enfrentarnos a acusaciones de machismo (en algunos casos micro y en otros macro).

Desde estas líneas tenemos que cumplir con un deber inexcusable: Hay que felicitar a la CUP por la iniciativa. Al menos han conseguido alegrarnos el día con una dosis de humor. Porque no queremos pensar que pretendan jugar al despiste o hablar en serio.