Miedo y fracaso en una sociedad ambivalente

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Nos encontramos en una sociedad, la actual, la nuestra, que se va denostando a los extremismos de la persona, provocando una ambivalencia que demasiada radical. Y con ambivalencia me refiero a poseemos o denotamos dos emociones o sentimientos opuestos hacia una misma persona o cosa.

Estamos viviendo dentro de una sociedad que nos quieren dar a entender que al final nos tendremos que regir actuando en base a nuestros miedos y fracasos, haciendo que seamos tan ruines que miremos hacia otra parte en vez de ayudar. Actitud que nos insuflan desde las altas esferas políticas al igual que desde los mass media o la sociedad misma.

Desde ese miedo y fracaso nace el odio, la ceguera, la intolerancia, y demás sentimientos que nos llega gracias al aborregamiento de la persona pasando por el aro en vez de pararnos a pensar y actuar racionalmente.

Nos hacen vivir en el miedo con el problema de la inmigración, desde la entrada de islamistas o que vienen a quitarnos el poco trabajo que hay, trabajo que los españoles no queremos realizar por diversas razones y excusas. Nos intentan acojonar con que si gobierna la derecha vendrá la dictadura franquista a establecerse o que si gana la nueva izquierda viviremos en un gulag oprimidos por la ideología comunista, siendo todos pobres exceptuando los dirigentes de la nueva nación. Nos hacen creer en la inseguridad y la precariedad laboral, atiborrándonos con noticias incompletas de las reformas laborales y con la triste actuación de las administraciones autonómicas y central. Nos insuflan un odio irracional a las personas que no piensan igual que nosotros, nos hacen volver a enfrentarnos entre hermanos y vecinos desde esos poderes políticos y los medios de comunicación que dirigen.

Ahí están los casos de los nacionalismos vascos y catalanes, en especial este último, que consiguen que nos enfrentemos, que nos odiemos sin pararnos en mirarnos y sentarnos a hablar. Yo personalmente, no comparto esas ideas independentistas, pero no por ello voy a odiar y a llegar a las manos contra mi vecino catalán o vasco. Pero los políticos, en vez de suavizar la situación y arreglar esta distopía, siguen rompiendo la sociedad en su propio interés. Seguimos oyendo provocaciones y mentiras, que si presos políticos o golpistas, que si exiliados o prófugos; y todo ello sin un ápice de coherencia por ninguna de las partes, creando un caldo de cultivo idóneo para los oportunistas de la basura política.

Nos crean un odio miserable, de la mano del miedo, contra cualquier persona, alentado por el miedo y las masas sociales que se aprovechan incluso desde las causas más justas y más nobles. Y siento decirlo, pero desde el movimiento #Yosítecreo hay algunas falsas denuncias, pocas, pero suficientes para desestabilizar la realidad que tenemos que cambiar de una vez. Llegamos a cegarnos de tal manera que nos lanzamos como chacales y hienas contra los violadores/abusadores de la manada sin denunciar con la misma fuerza potros casos que incluso son más graves, será que no fue en las fiestas navarras, como el caso de violación de una menor durante veinticuatro horas en un piso perpetrado por nueve hombre (por no llamarles mierdas y otras cosas) o la menor violada en El Puerto de Santa María en la noche de san Juan. ¿Dónde están las masas pronunciándose? No, todo se enfoca en un caso incitando al odio, publicando en redes los datos personales de los culpables, manifestándose en Sevilla contra ellos, reuniendo firmas (muchísimas) para que no salgan de presidio en vez de actuar en masa para que la ley sea cambiada y que las personas se impliquen más cada vez que hay un caso de violencia de género. Pero no, es más fácil mirar a otro lado cuando nos toca de cerca, por miedo a las represalias que podamos sufrir en nuestras carnes o en la de alguien de nuestra familia.

¿Saben por qué de todo este miedo y esta forma de actuar? Este miedo es causa de la necesidad de supervivencia, supervivencia que está alimentada por el fracaso político y social que sufrimos. Sí, FRACASO, porque no podemos vivir ni por debajo de nuestras posibilidades. Es lo que nos hace sentir miedo, nuestro fracaso, y el miedo nos hace creer en el fracaso. Fracaso a no ser buenos padres o ser el hijo que ellos pensaban que seríamos. Fracaso por perder nuestro trabajo y tener que volver a la casa de tus progenitores, incluso dividiendo tu propia familia repartidos con tus suegros. Fracaso por no ser la pareja ideal, que no digo perfecta, en tu relación sentimental.

Fracaso, miedo, impotencia y un sin parar de pensamientos negativos que hace que nos hundamos en el cieno del odio y la intolerancia contra todos, desde la idea más ruin, haciendo de nosotros unos intolerantes sociales. Ya da igual que sea con los inmigrantes ilegales, incluso con los legales (vaya mierda de diferenciación), pues el ataque a unos acaba llegando a todos. Ya da igual que sea contra los nacionalismos o los patriotismos, ya da igual que sea con el fútbol, con la prensa, con todo. Vivimos con odio, miedo, frustración, impotencia…

En definitiva, acabamos en una soledad decadente y egoísta que hemos aprendido a maquillarla de sociedad y de movimientos sociales, en un grito en el desierto, en una cerveza con los amigos, en un silencio que en el fondo no somos capaces de acallar, porque es donde habita nuestro miedo y desde donde germina el odio y la intolerancia, las cuales negamos más de tres veces y no hay gallo que nos pueda mantener con su canto.
Somos odio y miedo, intolerancia y fracaso.