20 minutos de debate, una hora de enemistad

El debate del PSOE ha tenido más de enemistad que de contenido.

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Las tres candidaturas que han acudido al debate posan para una foto. Europa Press

Llegaban López, Sánchez y Díaz. Los micrófonos de los periodistas temblaban de expectación y caían defraudados y pronosticadores ante unas declaraciones tópicas y sin contenido. 

La emisión del debate comenzaba con un pre-debate, por si no era suficiente. Se hizo la profecía: El defensor de Díaz (sospechosamente septentrional, que por el norte está la cosa regular de avales) echaba en cara al defensor de Sánchez (sospechosamente meridional, por razones análogas) que cambiase de opinión. En sentido contrario, el defensor de Sánchez echaba en cara que Díaz llegase al debate sin programa. La defensora de López (también sevillana), apenas habló.

“Suerte a los tres candidatos”, decía un moderador del pre-debate, que apenas pudo moderar.

20 minutos de debate

Las primeras intervenciones fueron la introducción a un debate de ideas tan claras como simplonas. Lo que ya sabía la moderadora, lo que habían predicho en las tertulias, lo que había comentado cada cual en su casa.

Se marcaban de esa forma las ideas fuerzas, los puntos fuertes. Díaz hablaría de la certeza, Sánchez lo haría de la abstención y del posicionamiento de Díaz y López, finalmente, de unidad. Si ponemos tres frases claves, no necesitaremos aclarar de quienes son: “Los españoles saben cual es mi proyecto”; “el PSOE no es de un grupo de notables, sino de la militancia”; “lo importante será lo que venga el día después”. Nada fuera de lo previsto.

Susodichos puntos fuertes hicieron de puertos, las candidaturas volvían a su sitio y salían de nuevo casi siempre desde el mismo lugar. Eso sí, Díaz tuvo que reivindicar su izquierda, puesta en duda constantemente por Sánchez; que tuvo un aeródromo en la abstención y en la beligerancia, que, como tantas veces hemos dicho ya, López tuvo como objetivo calmar.

En el segundo bloque llegó, por fin, el feminismo, que debería haber sido puerto de salida y no lo fue. Ni Sánchez ni Díaz estuvieron acertados. Faltó una lectura más profunda de los problemas que devienen del machismo y, sin embargo, Díaz volvió a decir que Sánchez no tiene las cosas claras; Sánchez volvió a decir cosas relativas a la abstención y López volvió a hablar de unidad.

También fue destacable el ver a Sánchez ofrecerse de nuevo a López, que rechazó la invitación con más elegancia de lo que fue propuesta. Del mismo modo que Díaz se incluía en la intervención (que no en la implicación) con oportunismo y, con la misma, le replicaba que “espero que reconozcas que 100 % PSOE somos todos”. De ese modo, acabó el bloque con la vuelta al ya cansino qué es y qué no es la coherencia.

Empezaba López el tercer bloque (referente al modelo de partido) llamando, otra vez, a la unidad. El ex-lehendakari proponía una doble vuelta, eliminando los avales. Sin hacer encuestas, podríamos decir que hay unas diez mil personas a favor de esta propuesta. Díaz hablaba entre las trabas de sus acciones de democracia interna. Sánchez hablaba entre los obstáculos de su pasado de que al Secretario General sólo le pueden quitar los militantes. Nada nuevo bajo el Sol.

En las conclusiones, el problema volvió a repetirse. Nada reseñable. Hemos sido generosos para encontrar argumentos de razón y no de estómago en este debate que Sánchez dijo pretender “de guante blanco” y que, finalmente, fue “de vulgar guantazo”.

Una hora de enemistad

Fue a mitad del primer bloque cuando Díaz empezó la guerra: “¿Le conviene al Partido Popular el candidato que perdió dos veces o la candidata que le gana por diez puntos?” Se acabó lo que se daba. El raciocinio salió por la puerta. Ni Sánchez ni Díaz supieron salir del enroque rabioso en el que su enemistad les puso en octubre. Sólo la intervención que marcaba el comienzo de los bloques tenía cierto contenido constructivo, a partir de ahí, las refutaciones eran bolas de demolición, unas veces de hierro, otras de gomaespuma.

Si no se hubieran pactado las intervenciones, López ni siquiera hubiera intervenido, los anteriores apenas se refirieron a él, salvo con puntualizaciones mínimas. Incluso la moderadora estuvo a punto de saltarse su turno en una ocasión.

Salvando eso: Interrupciones, bilis y enemistad.

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Fernando Camacho, Politólogo | Columnista en @AndaluciaAlDia y @Secretolivo. Poeta y escritor de relatos y novela.