Mis cinco poemas andaluces

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Desde luego, esta es una cuestión de gustos y sé que faltan muchos, pero es que el siglo XX ha sido tan poético… Así, les entrego “mis cinco”, cinco poemas que no pueden faltar a mis lecturas y que han marcado mi forma de ver la literatura. He añadido, además, la música que se les adecuó en algún momento, sino al poema entero, a una parte. Por supuesto, esta interpretación es mía y sólo mía, por lo que, quizás a ustedes, les transmita otra cosa y, cómo no, quizás tengan ustedes razón.

5.- “Ni Dios padre, ni el Diablo, ni el dinero”, de Juan Carlos Aragón.

En este pasodoble de la agrupación “Los Príncipes”, el autor hace una reflexión acerca del paso del tiempo y sus achaques, su poder, su capacidad de colocar todo en su sitio. Toca entre los versos la relatividad del tiempo (“nunca una alegría/dura menos que un dolor”) y los obstáculos que el amor sufre con el mismo.

Me gusta porque rompe con una estética, la de la copla carnavalera, en el Carnaval de Cádiz las coplas tienen un lenguaje muy marcado, una forma de decir las cosas, en cambio, aquí Aragón lo quiebra para entablar un diálogo con la música en un lenguaje renovado. Aunque, permítanme dudar, quizás es al revés y Juan Carlos Aragón hace una poesía en lenguaje de copla. Lo cierto es que nunca sabremos si Aragón es un coplero que escribe poesía o un poeta que hace coplas. En cualquier caso, he aquí que el autor conjuga ambos conceptos de arte con un  sentir que me parece poderosísimo.

4.- “El amante divaga”, de Luis Cernuda.

Es un poema taja-venas, con una melancolía aceptada -es decir, el “yo” del poema sabe que de esa melancolía lo mejor (o menos malo) es acostumbrarse cuanto antes para sufrirla lo menos posible- y es maravilloso. Cernuda es el poeta de la lágrima congelada e incansable. En este poema me desencaja su maestría sentimental, la forma que las palabras acogen para evocar todo aquello que nos duele y, sobre todo, ese verso glorioso de “olvido de ti si, mas no ignorancia tuya”. ¡Ay! Todo el mundo habla de que ya no quiere a su ex, pero que mejor no le vea con otra persona porque habrá algún tipo de tragedia; a todo el mundo le sucede que olvidar, al final, se olvida, pero borrar la existencia de alguien que, además, ya ha pasado (con lo difícil que es ir atrás en el tiempo), eso, amigos y amigas, es imposible.

3.- “Contigo”, de Joaquín Sabina.

Eterno debate: ¿Es Sabina poeta? Para zanjar la discusión vamos a contar sílabas. Es un tópico decir que la métrica de los endecasílabos es la que mejor suena, y que de combinarse, ha de hacerse con heptasílabos. Ya saben que para un endecasílabo hay dos formas de acentuar: La sexta sílaba ha de sonar, sino ésta, se combinan cuarta, octava y décima (a este verso endecasílabo se le llama endecasílabos “sáficos”). Bien, contemos:

Yo no quiero un amor civilizado (11 sílabas, tónica en la sexta)
con recibos y escena del sofá (11 sílabas, tónica en la sexta)
yo no quiero que viajes al pasado (11 sílabas, tónica en la sexta)
y vuelvas del mercado (7 sílabas, tónica en la sexta)
con ganas de llorar. (7 sílabas, tónica en la sexta)

(…)

Y morirme contigo si te matan (11 sílabas, tónica en la sexta)
y matarme contigo si te mueres (11 sílabas, tónica en la sexta)
porque el amor cuando no muere mata (11 sílabas, tónicas la cuarta, octava y décima)
porque amores que matan nunca mueren. (11 sílabas, tónica en la sexta)

    No tengo nada más que decir.

2.- “Los encuentros de un caracol aventurero”, Federico García Lorca

Una inspiración libertaria, la historia del caracol que se coló en “puta”, de Extremoduro: “Nosotros no las vemos / las hormigas comentan/ y el caracol: “mi vista/  sólo alcanza la hierba”.

Esa capacidad de Lorca de darle la vuelta a todo el folklore para contar historias de la misma forma que dictan los cánones flamencos (buena cuenta dio Camarón, por ejemplo), es genial.

1.- “Guerra a la guerra por la guerra”, de Rafael Alberti

Hablar de declararle la guerra a la guerra por la guerra y producirme un hermosísimo sentimiento de amor hacia la vida me parece que es cosa de magia. No puedo decir más de este soneto.