Mis deberes favoritos

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“Sin embargo, hubo un profesor que marcó a más de una generación de alumnos. Era, según la letra de una de sus canciones, el mejor profesor de todo el colegio. Pepe era el profesor de música.”

La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) ha hecho un llamamiento para que los niños no hagan deberes en casa durante los fines de semana del mes de noviembre. Alegan que es imposible conciliar la vida familiar con las tareas escolares de los alumnos y que la carga de trabajo es demasiado elevada para los jóvenes estudiantes. Tanto el Ministerio de Educación como la mayoría de los sindicatos de profesores han calificado esta “huelga de deberes” como un absoluto disparate. ¿Pero quién lleva razón?

Hace algunos años que dejé el instituto y muchos más desde que abandoné el colegio. Recuerdo estas dos etapas de mi vida con mucha nostalgia y aunque hubo algunos momentos malos, volvería a esos años de mi vida sin pensarlo dos veces. A medida que uno va creciendo, se va dando cuenta de la veracidad de ese refrán que dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Qué ignorante e inocente es uno de pequeño cuando está deseando ser mayor.

Mi colegio se llamaba Ángel Ganivet. Un colegio público de un barrio de Sevilla. En la acera de enfrente había un colegio alemán privado. Estoy muy orgulloso de haber estudiado enfrente de un colegio de pago. Quizás nosotros no aprendíamos alemán pero nuestros profesores no tenían nada de envidiarles a los de los niños bilingües. Eran profesores entregados y luchadores que amaban su profesión. Y querían a sus alumnos como a sus propios hijos.

Recuerdo como si fuera ayer a la mayoría de ellos. Recuerdo a mi seño Reyes, ella me enseñó a no tener faltas de ortografía, gracias a sus dictados. Tere, la profe de Religión, consiguió que fuera amable y empático con mis compañeros. No me olvido de Mª Carmen con su radiocasete y las canciones en inglés del Dr Fish. Y lo bien que contaba nuestro director Don Julio la historia de España y lo fuerte que le daba a la mesa con la falange del dedo cuando hablábamos demasiado.

Sin embargo, hubo un profesor que marcó a más de una generación de alumnos. Era, según la letra de una de sus canciones, el mejor profesor de todo el colegio. Pepe era el profesor de música. Amaba a The Beatles y nos hizo amarlos. Inventó decenas de canciones y a día de hoy cualquier niño que pasara por sus aulas es capaz de seguir cantando el “Sambadi Digarabita”.

Nunca supe por qué, pero un año Pepe el de Música empezó a impartirnos la asignatura de Lengua Castellana. Al principio, más de un padre pensó que aquel hombre tan bromista y divertido no sería capaz de enseñarnos bien aquella asignatura tan seria. Supongo que ni siquiera se preocuparon por indagar en la formación del profesor, simplemente se dejaron llevar por la primera impresión.

Sus clases siguieron siendo tan divertidas como las de Música pero no por ello dejamos de aprender. Hacíamos deberes en clase y algunos en casa. Para cada lunes teníamos que llevar escrita una redacción. A veces el tema lo elegía él previamente, otras veces el tema era libre. Un amigo y yo competíamos por escribir la mejor redacción cada semana, cuando nos hacía leerlas en alto para toda la clase. Él siempre nos felicitaba a todos por nuestras redacciones, elogiando los puntos buenos y ayudándonos a mejoras los débiles. Pepe hizo que mejorara mi creatividad y mi amor por la lectura y la escritura. Nos ponía deberes pero no lo parecían. Estábamos aprendiendo y parecía que estábamos jugando. Él sabía que éramos niños y que nuestra infancia era para jugar. Cumplió su objetivo de enseñarnos a ser felices.

No voy a entrar a debatir si la huelga de deberes es o no una buena idea. Sólo apuntaría al hecho de que al final del curso, el padre que viera escribir a un alumno de Pepe no podría negar que era un buen profesor. Y él nos mandaba deberes. Los deberes más bonitos que he tenido en mi vida.