Moción de censura

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Foto Europa Press

Cada día que pasa, los ciudadanos honrados de este país, ya seamos progresistas, de izquierdas o simplemente que aborrezcamos profundamente la corrupción, estamos más decepcionados con la clase política, incluyendo a los que se autodefinen como anticasta. De seguir el panorama así, no nos va a quedar más remedio que refugiarnos en el búnker del olvido y la apatía, lo que, dicho sea de paso, le viene muy bien a la derecha. Nos están empujando a buscar el calor de la apatía y el rechazo de todo lo que huela a política.

El último episodio, la presentación futura de la moción de censura por parte de Podemos contra el gobierno del Sr. Rajoy. ¡Tiene guasa!, nada menos que una moción de censura, el mecanismo más poderoso en manos de los representantes de los ciudadanos en el Congreso, y se plantea como acción futura, sin candidato, sin programa y sin apoyos.

¿Pretende el Sr. Iglesias reírse de sus votantes y de todos las personas del país? Sin que deje de ser grave, muy grave, el brindis al sol del líder de Podemos, no podemos obviar la gravedad, en igual grado, de las demás formaciones que deberían apoyar o presentar esa moción que está pidiendo a voces el propio ejecutivo conservador.

El Sr. Iglesias, por otra parte, es consciente de que su iniciativa, supuesta ya que no se ha materializado al menos de momento, está condenada al fracaso. Hay varias notas que deberían hacer reflexionar al líder de Podemos: su soberbia, su prepotencia y haberse instalado en la hornacina de la santidad democrática. Hay que ser mucho más dialogante y humilde, con más motivos si además se es la tercera fuerza política de este país y, por tanto, no contar con apoyo parlamentario. Es indispensable, aún teniendo mayoría parlamentaria, usar el diálogo, algo de lo que adolece el partido del actual gobierno tanto ahora con minoría parlamentaria, como en la anterior legislatura con el uso continuo del rodillo en el Parlamento. ¿Qué al Sr. Rajoy hay que echarlo? Eso no lo duda nadie que sea medianamente inteligente y honesto en este país y que comprenda mínimamente el panorama político. Y hay que echarlo por muchas razones, entre otras por pura higiene democrática. ¿Se entiende?

Otra cuestión es la disposición de echarse a las espaldas la responsabilidad que les corresponde tanto a PSOE como a CIUDADANOS. Parece, al menos esa es la evidencia, que ni el primero, el PSOE, está para muchas aventuras, descabezado, con un horizonte poco claro tras haber cortado la cabeza a Pedro Sánchez, elegido por las bases del partido y defenestrado por ilustres y barones, y que se plantea la disyuntiva entre tener que aceptar un nuevo respaldo de los militantes al líder descabezado o imponer a la favorita de los elefantes blancos del partido. El PSOE, por desgracia para este país, anda con el rumbo perdido, falto de líder, con los militantes ninguneados y con los votantes totalmente desmoralizados.

Cuando un partido de izquierdas pierde la ideología suelen pasar esas cosas, que se lo pregunten a los homónimos franceses e italianos sin ir más lejos.

De CIUDADANOS no hay mucho que decir. Su comportamiento como partido fregona de los conservadores españoles, les lleva a hacer malabarismos para no dar la espalda al PP en Madrid, para tragar lo que quieran los populares de Murcia y para amoldar sus cojines en los sillones parlamentarios a los caprichos y las desvergüenzas ajenas. No se puede olvidar que los que colaboran con los corruptos son cómplices. Si le pasan factura a los chicos de Rivera sus votantes no debería causar asombro a nadie. Eso sí, ambos, CIUDADANOS y PSOE coinciden en algo: se han olvidado de la ética. Porque señores del PSOE y de CIUDADANOS, la estética no está reñida con la ética, y parece, que ustedes se han olvidado de la segunda. ¡Eso de los fuegos de artificio no se lo traga nadie!

Don Mariano ha dado motivos sobrados para que lo echen. Por mucho que él trate de ignorarlo y de procurar hacerlo ignorar a los ciudadanos con apoyo de los domesticados y mantenidos medios de “desinformación”, nadie se cree que no sepa nada de los cientos (casi un millar) de “casos aislados” de corrupción y los asuntos turbios en temas económicos de gente de su partido. Floriano, durante muchos años la cara que aguantaba los tortazos y ahora caído en desgracia, reconocía ayer mismo en la prensa que el PP tenía conocimiento de las cuentas en Suiza del ex Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, el Sr. González. Y no hace nada por evitarlo, lo cual, como dicen los curas, es pecar por omisión.

Hay una cuestión que surge al marge, pero que viene a cuento: ¿Para cuándo una moción de censura a don Pablo Iglesias y los suyos por dejar en el limbo político, dedicadas al ostracismo, a personas muy valiosas y necesarias? Tener mayoría no da derecho a ningunear ni a humillar a las minorías, ni tampoco al uso de métodos estalinistas suavizados con el barniz de democracia, para tapar los fallos; el Sr. Iglesias lo sufre en carnes en sus tareas como diputado y se lo reprocha cada vez que puede al PP, a pesar de que él hace lo mismo en sus propias filas. ¿No es esa una manifestación de la “Casta”?

Y entretanto los ciudadanos como si no fuera con nosotros.