Moción de censura en una primavera lluviosa

Una primavera tan lluviosa ha tenido su eco en la política

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Foto Europa Press

La locura primaveral de 2018 será recordada. La lluvia está siendo incesante y y estamos a mayo. Mañana tronará en la mitad septentrional lo mismo que la semana pasada en la meridional. El parte meteorológico refleja la situación de los Congresos y, cómo no -¿será una consecuencia?-, de las entrañas de los partidos.

Moción de censura en una primavera lluviosa

Los pactos de Gobierno sólo traen problemas. Tú me dijiste; tú me dijiste más. Estamos ante el Gobierno más corrupto de Europa, lo dice una sentencia. Uno puede estar a favor o en contra de las políticas de Rajoy, pero estar a favor de que a uno le roben me resulta más extraño. Los nacionalistas dicen que con Ciudadanos, no. Ciudadanos (¡y Coalición Canaria!) dicen que con nacionalistas, menos. Ciudadanos, eso sí, lo dice vestido con la bandera de España, como si el nacionalismo -ellos lo llaman patriotismo- pudiera tener escenas eróticas.

En esta locura primaveral, el partido de Rivera sujeta su postura con papel de fumar. Ciudadanos afirma que es quitar a uno para poner a otro. Sí, precisamente en eso consiste una moción de censura. Pidieron a Rajoy que convocara elecciones. El artículo 115.2 de la Constitución observa que si hay una moción de censura sobre la mesa, no pueden convocarse comicios. Toni Cantó afirmaba que ellos presentarían una moción de censura. No tienen los 35 escaños necesarios y sería complicado que alguien se prestara. La última idea es la “moción de censura instrumental”, un término recién inventado que intentan conjugar como si fuera una posibilidad jurídica.

Principales diferencias

En torno a la problemática de quitar a uno para poner a otro, conviene resaltar las diferencias. La principal divergencia entre Rajoy y Sánchez es que, valga la redundancia, en los papeles de Bárcenas pone “M. Rajoy” y, a pesar del misterio que aún supone susodicha identidad en determinadas instituciones, lo cierto es que todo apunta a que el tal “M. Rajoy” no es Pedro Sánchez. El líder del PSOE podría acudir a la vieja broma de Emilio Aragón: “Yo soy Pedro Sánchez, y ustedes no”. Susodicho apellido (“Rajoy”) viene también en la sentencia. Dice que cuando declaró en juicio, mintió. Por si fuera poco, el PP está condenado como beneficiario.

Dicho esto, podríamos coincidir, Ciudadanos y nacionalistas, en que tener en el Gobierno a una persona -que se sepa- no corrupta es mejor que tener a una persona cuya corrupción ya está demostrada. También se puede coincidir en que poner a un partido que no haya sido condenado como beneficiario en una trama criminal es mejor que mantener a uno que sí. Así que supongo que podrían llegar a un acuerdo de mínimos si les diera la gana. Un acuerdo en el que se diga, qué sé yo: “Haga el favor de convocar elecciones cuanto antes”.

La historia de lo que pudo haber sido

Ciudadanos dice que con tal y cual, no, eso ya lo hemos dicho. Es decir, repite aquella mítica escena de cuando Pedro Sánchez se postula como candidato y Podemos pide lo imposible para empezar a negociar. En ese momento, las cuentas del partido de Iglesias aseguraban el sorpasso. PSOE y Ciudadanos pactan y Podemos dice que con Rivera ni a misa, como Bono con los nacionalistas. Podemos se equivocó, lo dice Tania Sánchez. El resultado fue que Rajoy siguió en la Moncloa.

Aquella actitud fue criticadísima por el partido naranja, que acusó a Podemos de todo y más (aunque no llegó a Judas, que es lo que dicen en Génova de Sánchez). ¡Y cómo han cambiado las tornas! Ahora le salen las cuentas a Rivera, que tiene una casa incluso más cara que la del líder morado. ¿Quién le iba a decir que acabaría haciendo exactamente lo mismo que los malvados populistas?

En cualquier caso, la pregunta retórica más importante la canta Calamaro en una canción llamada El día de la mujer mundial. “¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido?”, dice. Si aquel día Iglesias no hubiera pedido lo imposible, si hubiera -aunque fuera- aceptado negociar, quizás hoy se hubiera derogado la Ley Mordaza; una panda de ladrones no nos hubiera representado durante tanto tiempo por el mundo; lo de mentir en un juzgado lo hubiera hecho un ex-presidente… El etcétera es tan largo como grande es la cantidad de pus que aún queda por salir de este grano gubernamental.