Nadal y la eterna mejora

Rafael Nadal no ha parado de mejorar durante su carrera.

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Nadal y Djokovic. Europa Press.

Cuando Rafael Nadal empezaba su carrera deslumbrando a propios y ajenos, a mí no me parecía un gran tenista, sino un gran atleta. Cuando decía eso me refería a que técnicamente Nadal estaba a años luz de Federer pero que sobrevivía corriendo como alma que lleva el diablo detrás de la pelota, haciendo un tenis en el que él es una pared que el rival tenía que romper. Habrán pasado diez o doce años desde entonces. Nadal sigue siendo un gran atleta, pero en todo lo demás a mí y a muchos nos ha callado la boca.

Nadal y la eterna mejora

Una de las mayores muestras de inteligencias que puede dar un deportista es la adaptación de su condición al deporte que practica. Maldini, el mítico defensa milanista, perdió fuelle, pero no calidad, así que pasó de jugar de lateral a jugar de central. Nadal está haciendo algo parecido. Poco a poco ha estado cambiando su juego, las rodillas ya no son las mismas que eran. Siempre se dice que la técnica deportiva, llegada cierta edad, ya es dificilísima de mejorar, pero no para Nadal, que sigue y sigue, como un martillo pilón, mejorando su saque y su juego de volea.

Nadal ha mutado su juego, lo cual le engrandece más como deportista. Siempre pensé que, dado cómo jugaba, no podría aguantar tantísima tralla. Bajo mi punto de vista, iba camino de retirarse más pronto que tarde, sin embargo, ya no depende tanto de correr, sino de su muñeca, un movimiento más sencillo y que desgasta muchísimo menos. El espíritu de superación también es eso: A veces no es no dar una bola por perdida, sino aceptar que el punto se ha acabado, afrontar que va a venir el siguiente, plantear la mejor forma de ganarlo y, si es necesario cambiar, pues se cambia.

Ni una sola queja

Álex Corretja dijo algo significativo durante la retransmisión: Nadal no se quejó ni una sola vez. Durante el partido contra Djokovic en la final del Open de Australia 2018, el serbio fue mejor. A veces se pierde y, si eres muy bueno, otras se gana. Y Nadal no se inmuta, afronta que va perdiendo y sigue adelante. Punto a punto, sin parar. Eso sí que no ha cambiado nunca.

Qué importante es que en un país como el nuestro, tan cainita a veces, existan tipos como este. Las estrellas del deporte y las del arte son complementos perfectos. Por un lado, la inspiración, el pensamiento, hacer como que el alma existe y exponerla; por otro, la capacidad de superación, la salud y el bienestar. Un país necesita de niños y niños que toquen la guitarra y jueguen al tenis por la tarde para aceptar que se pierde, que se gana y que, sin embargo, la vida sigue adelante. Y ahí está Nadal felicitando a Djokovic tras el partido, con una sonrisa, dando la mano después de no haber tenido su día… Por mejorar, a sus 31 años, más al final que al principio de su carrera, el tipo ha mejorado incluso su inglés.