Abstención: El PSOE elige la única salida que dejaron las dimisiones

Hoy no sólo no hay motivos para apoyar a Rajoy, sino que tampoco hay otra opción.

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El Comité Federal del PSOE reunido para votar si abstención o en contra. Europa Press

Veintinueve de julio de dos mil dieciséis: “No hay motivos para apoyar a Rajoy”. No los había, sigue sin haberlos. Hoy no sólo no hay motivos, sino que tampoco hay otra opción. Las terceras elecciones son una idea dantesca que no haría sino atrasar la derogación de las leyes que ha sacado adelante el PP durante la pasada legislatura, hay que ponerse ya a derogar y a atosigar a un Partido Popular que ha demostrado ser nocivo para la democracia.

Pero también hay que señalar cómo se ha llegado hasta aquí y bajo qué circunstancias. La abstención o el voto en contra hubiera sido en cualquier caso respetable; una abstención que llega forzada por echar abajo al único candidato que hubiera podido poner sobre la mesa otra opción, no lo es tanto. Pedro Sánchez se equivocó, pero el momento de ir en su contra no era ahora, sino el veintiuno del pasado diciembre de dos mil quince, cuando, por primera vez, sacaba los peores resultados de la historia del PSOE.

O, si acaso, el veintisiete de junio de dos mil dieciséis, cuando se empeoraba lo que parecía impeorable, en ningún caso a tres o cuatro semanas del límite para formar Gobierno, cuando no hay capacidad de reacción y no se puede sino perder.

¿Cual es la razón para no ir a terceras elecciones?

España ya sí que necesita un Gobierno aunque sólo sea para que las relaciones con Europa sean normales y no con un tipo en residencia que parece que está sustituyendo al titular del cargo por una baja. Supongo (aunque la suposición está lejos de ser una ciencia) que esto es ya una cuestión común difícil de discutir.

Javier Fernández, que se mostró a favor de la abstención. Europa Press
Javier Fernández, que se mostró a favor de la abstención. Europa Press

Otra razón que no se dice pero que está es que el PSOE encadenaría, más que probablemente, su peor resultado por tercera vez consecutiva. A estas alturas del partido tendría que proponer a un nuevo candidato o candidata, que iría a unas elecciones sin esperanzas de ganar y habiendo pasado por un proceso de primarias turbulento. No hay opción posible.

No obstante, si al PSOE le iría mal en unas terceras elecciones es, sobre todo, por culpa del PSOE. Los rivales no son buenos, no se engañen. Podemos se basa en las medias verdades de la izquierda; Ciudadanos en las medias verdades de la derecha y el PP, al no tener necesidad, no ha abierto la boca ni se le espera. Si bien hoy en día no hay opción; tampoco debería haber excusas.

Podemos; ingrávido.

Errejón luce ilusionado y Pablo Iglesias levanta la mano de alguna forma (que si puño, que si “v”…) Podemos tiene un problema aún mayor que el PSOE: Aglutinándose de todas las formas posibles, todavía no le ha ganado.

Del mismo modo que el Partido Popular más derrotable de la historia era el de diciembre, el PSOE menos hegemónico de la izquierda era el de junio, y no pasó nada. No supieron convencer, como no supo convencer el PCE cuando el PSOE abandonó el marxismo.

De algún modo Podemos recuerda a Matrix: Neo, el elegido, descubre al tipo que montó todo Matrix. Éste le cuenta que es un virus, que ya ha habido antes otros elegidos (Anguita, por ejemplo) y sólo consiguieron que Matrix se hiciese más fuerte. La analogía me viene al pelo, pero, si bien Matrix se hace fuerte siendo más impenetrable, al PSOE le ocurre lo contrario: sólo se hará fuerte abriéndose, mirando a la izquierda, abandonando el ansia de ocupar el ya demostrado inconveniente centro.

Podemos está ingrávido, aún no ha tocado suelo.