No hay motivos para apoyar a Rajoy

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El artículo noventa y nueve de la Carta Magna puede decir misa, que a Rajoy le da exactamente igual. Todos tenemos en la cabeza el personaje eclesiástico y medieval que interpreta la Biblia según le convenga. Rajoy es un tipo parecido. Los caminos del señor, así como los de la Constitución, son inescrutables, pero tiran para la derecha.

Ayer en el Congreso se vio otra de las escenas míticas de Rajoy: “No tengo los apoyos, pero acepto el encargo”. ¿Y la investidura? “Esa es una buena pregunta y lo voy a responder diciendo que no conviene en ninguna faceta de la vida adelantar los acontecimientos…” Sweet home Pontevedra. Dice que, bueno, también él tiene derecho a buscarse sus apoyos para no ir a la investidura ahí a lo loco, pues ¿qué sindiós es ese? Qué sé yo, los típicos tres o cuatro años para que él pueda buscarse las habichuelas mientras, a su vez, sigue siendo Presidente en funciones.

¿Y quién es el guapo que le va detrás? Allá en su torre de marfil, con sus cosas de por la tarde, Rajoy parece no querer ver que ayer llamaron a proceso judicial a su partido. Quedará para el recuerdo la no-entrevista que le hizo Cristina Pardo a Andrea Levy ayer en La Sexta: ¿Pero ustedes entienden que dado el percal no haya nadie que quiera apoyarles? Yo lo que entiendo es que hemos ganado las elecciones.

Además de los problemas judiciales, que forman parte de lo obvio, el politólogo Rubén Pérez Ramírez afirma que la política internacional que ha dirigido Rajoy ha sido nula a pesar de los esfuerzos de García Margallo. Las expectativas de España en Europa han sido tomadas a chiste; la mediación entre Estados Unidos y Cuba las ha llevado el Vaticano, ejemplo básico de que hemos desaparecido en Latinoamérica. Históricamente, el mediador natural en América del Sur ha de ser España, por eso los pocos esfuerzos de este gobierno por estar en Cuba o en la paz de Colombia son francamente vergonzosos, hemos desatendido a unos aliados clave.

En esta situación, un triunvirato Ciudadanos-PSOE-Unidos Podemos es la única forma de que ni el peor presidente de la historia de España, ni el primer partido procesado, repitan en el Gobierno. Más allá de la ideología de cada uno, como diría Rivera, si hay algo que une es que el PP no puede seguir en Moncloa. Más vale ceder. Allá, en sus torres de marfil, en sus valles blanquecinos o en sus enfados, seguro que hay cobertura para hacerse una llamada al diálogo.

La legitimidad de apoyar a este PP está cada día más en boga. La falta de diálogo, los pésimos resultados económicos (diga de Guindos lo que quiera), los recortes en derechos sociales (no lo digo yo, lo dice Amnistía Internacional), su política internacional, el hecho de estar procesado… Hay motivos de sobra, aunque sólo sea porque a Rajoy no le gusta la democracia ni siquiera en su partido, recuerden que sigue siendo el único partido denunciado por sus afiliados por no convocar el Congreso o la Asamblea que la Ley predice. Es que ni para eso le gusta a Rajoy que se vote su posición. Sobran los motivos para no apoyarle.