¿Por qué nos gustan las personas autodestructivas?

Carmen dice que Lip es su novio aunque él no lo sabe. Yo le pregunto: Carmen, ¿por qué nos gustan las personas autodestructivas?

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Lip Gallagher, personaje de Shameless que provocó este artículo. Showtime

Mi amiga Carmen, a quien pronto veréis por aquí, es una de esas personas de las cuales uno se fía para leer cosas. Normalmente, si Carmen dice que algo está artísticamente bien, es que lo está. Avisé de que ya estaba el último capítulo de Shameless la semana pasada, ella se sorprende y antes de ponérselo me cuenta muy flamenca que Lip (un personaje de la serie) es su novio aunque él aún no lo sabe. Entonces surge la pregunta: Carmen, ¿por qué nos gustan las personas autodestructivas?

Siempre encontré algo infinitamente curioso en las ojeras, en las historias salvajes y en los textos de Edgar Allan Poe. La historia de Alfonsina Storni (se saben la canción, ¿no?) y su nota final en forma de soneto me fascina, los dos últimos versos me apasionan: “Si él llama nuevamente por teléfono/ le dices que no insista, que he salido”. Después de esto se suicidó.

Debe haber algo escondido muy, muy adentro de nosotros que sea brutal y oscuro, por eso las personas con la mirada perdida, taciturnas y peligrosas cautivan de esa forma. La autodestrucción es una forma inmediata de carpe diem, supongo, ¿quién podría aprovechar mejor el día que aquel que tiene entre sus planes inmediatos su propia destrucción?

La autodestrucción es el carpe diem definitivo. ¿Qué harías si estuvieras en el último día de tu vida? ¿Beberías pensando en la resaca del día siguiente? ¿Por qué no harías la mayor rareza? ¿Qué te impide hablar sin vergüenza, ni remilgos, ni censura?

Claro, visto así, el tipo se convierte en un romántico en el buen sentido de la palabra. Quiere decirse que no regala flores, que la vida ya se le ha escapado y que el hedonismo no es más que lo último que le queda, ni siquiera un remedio. ¿Quién no quiere vivir su vida como si fuera el último día de su vida? Así todos los días, pero en vacío, sin nada. Nos gusta porque no tiene importancia, ni razón, ni preguntas, es como la música mala. ¿Por qué bailamos música de mierda? No hay otra razón posible que su falta de importancia, su carencia de todo, su vacuidad para pasar el rato y luego alejarnos para olvidar lo que acabamos de hacer.

Luego nos enganchamos por pena, ¿no creéis? Primero es la superficialidad de todo, lo fácil y sencillo y luego ya es pura pena, instinto de ser buena persona y cuidar de alguien a quien encontraron herido en una carretera hacia ninguna parte. Detrás de toda esa vacuidad está la belleza de lo sucio y lo monstruoso, que no es más que la mitificación del daño. La pose del sufrimiento lleva triunfando siglos, que se lo digan a la Bestia que se enrolló con la Bella por un síndrome de Estocolmo y una biblioteca, y conste que lo de la biblioteca lo entiendo.

Todo esto tiene que estar relacionado con aquello de que se escribe mejor cuando se está triste, estoy seguro. En lo lúgubre hay una hermosura inexacta y defectuosa que nos hace sentir bien.