“Nuestra parte de noche”, de Enríquez, entre el boom y el romanticismo

"Nuestra parte de noche" (Anagrama), de Mariana Enríquez es una gran recomendación.

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Portada de "Nuestra parte de noche", publicación de Anagrama.

He tardado casi dos meses en terminar Nuestra parte de noche, que fue galardonada con el Herralde de Novela en 2019. La compré en un puesto de la Estación de Atocha, camino de Málaga, un 30 de diciembre y lo he terminado a final de febrero. He terminado tan tarde de leer no porque sea larga o corta; o sencilla o difícil, sino porque hay novelas en las que uno se regodea: paladea, se acurruca, se estremece… En definitiva: disfruta demasiado como para ir rápido.

La trama

La esposa de Juan, Rosario, ha muerto hace poco. Esto ha dejado al propio Juan y a su hijo Gaspar en una situación de vulnerabilidad sentimental terrible. No pasan 20 páginas cuando la autora, de una inteligencia supina, ya ha puesto a Juan a invocar al fantasma de su esposa, que no aparece. Para los que vayan ciegos, como yo iba, esto es una sorpresa: estamos ante una novela de terror fantasmal escrita con un realismo trepidante.

En el trágico contexto de la dictadura argentina, Juan se lanza a la búsqueda del fantasma de su esposa bajo la sospecha de que sus suegros, el millonario matrimonio Reyes Bradford, está planeando algo. Susodicho matrimonio forma parte de la cúpula de una sociedad oscurantista -acaso una secta- que posa su fé en un dios caótico al que llaman La oscuridad. ¿La clave? Juan es el médium, la única persona que puede hacer que la oscuridad se aparezca.

Enríquez: entre el realismo mágico y el romanticismo

En la lectura de Nuestra parte de noche se encuentran citas del romanticismo inglés por doquier. Sin embargo, el descaro y la magia negra del texto es puramente latinoamericano. Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) navega entre el rechazo absoluto de la razón y el exotismo verbal y la crudeza del boom latinoamericano. Es una mezcla a la que Cortázar se veía avocado.

No caigamos en el tópico de que, al ser una novela de terror, Nuestra parte de noche es automáticamente irracional. Ni mucho menos. Es una apuesta por el romanticismo en tanto que los personajes tienen un deseo voraz de dejarse llevar por sus deseos, lo cual sólo consiguen en una superficialidad (el sexo, principalmente) que les resulta absolutamente insatisfactoria. No es romántica, sino romanticista, es decir, fan del romanticismo, como el chico que es bético, pero no juega en el Betis porque no le dejan.

Del realismo mágico en Nuestra parte de noche

Pero, ¿Por qué Juan (y posteriormente su hijo Gaspar) no pueden dejarse llevar por sus deseos? A esta trama llena de salvajismo y deseos de libertad le falta un contexto: la lucha encarnizada por el poder en la que ni Juan, ni Gaspar, ni sus enemigos tendrán escrúpulo alguno. Esa lucha por el poder se lleva a cabo en un ambiente de puro realismo mágico en el que sencillamente suceden cosas de magia negra. Es ahí donde la novela pasa de ser muy buena a ser excelente.

“La oscuridad es un dios antiguo que se manifiesta justamente como una oscuridad voraz, que come, violenta, al que se le pueden pedir cosas ¿Por ejemplo?, dice el entrevistador, Vivir para siempre -contesta la autora-. Otra cosa es que lo conceda. Para ello pide cuerpos, pide sacrificios”.

García Márquez explicaba el realismo mágico diciendo que un día Gregor Samsa se levanta por la mañana y es un bicho. Y no se necesita más explicación que esa. En cierto modo, es incluso gracioso. Del mismo modo, Remedios la Bella se va hacia los cielos en 100 años de soledad. ¿Por qué? Pues porque sí, porque era tan bella que no era de este mundo. Enríquez usa el realismo mágico de un modo más kafkiano que “garciamarquiano”. La Oscuridad abre puertas horrendas que llevan a bosques de torsos, cajas llenas de párpados y conjuros que, de una forma horrenda, estirpan labios y dejan bocas desnudas.

Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez…

…Es la mejor novela que he leído en mucho tiempo. No puede uno dejar de recomendarla no sólo por su trama excelsa (amantes de Lovecraft, románticos y latinoamericafílicos disfrutará más que el resto), sino por la academia de su escritura. La escritura de Enríquez es una mezcla de pausas y carreras según se precise. Cada cuatro o cinco páginas añade una frase poética, un lujo estilístico, que redondea la bondad de su literatura. Es ahí donde el lector respira, se olvida de que está leyendo terror, de que tiene miedo, y recobra fuerzas para continuar. No se la pierdan, son 667 páginas de calidad.