Operación Concha: Agradable comedia sencilla de Antonio Cuadri

Con un Karra Elejalde que vuelve a sacar su divertidísima vis cómica, el film consigue su propósito: entretener.

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Cartel de Operación Concha.

“Mira, yo habré visto 6.000 películas, pero es que hay días que tengo el cuerpo de ciencia ficción, por ejemplo”. Así nos reconocía Antonio Cuadri  (Trigueros, Huelva, 1960) que su intención es entretener, hacer reír sin más. Operación Concha es su nuevo largometraje, una comedia al estilo francés sobre las náuseas del cine. Con un Karra Elejalde que vuelve a sacar su divertidísima vis cómica, el film consigue su propósito.

Operación Concha

Operación Concha es la historia de una productora con serios problemas de financiación. Dada esa circunstancia, reciben la noticia de que el afamado actor Ray Silvela (Jordi Mollá) visitará San Sebastián para recibir un premio. En ese momento, crean un plan para llevar a cabo una estafa millonaria que les permita seguir produciendo. Susodicho plan consiste, nada más y nada menos, que en hacer que un camarero finja ser la estrella cinematográfica.

A partir de aquí, la trama se va enredando hasta llegar a un colapso hilarante en el que Elejalde destaca. La capacidad del actor vasco para hacer reír es vasta, además, un guión puntilloso y un montaje certero hacen que destaque aún más. A esto hay que sumarle su buen hacer, tan alejado como siempre de la interpretación facilona.

El resto del reparto está en un buen equilibrio, nadie se descuelga de su papel, todo encaja. A primera vista, sería Jordi Mollá el nombre que acaparase más espacio en los diarios, no obstante, los matices del personaje de Ramón Aguirre hacen que el intérprete guipuzkoano no se quede atrás.

Reparto aparte, como decíamos, la película tiene como gran sustento el hecho de que Cuadri sabe perfectamente a qué está jugando. No pretende, ni mucho menos, que con esta película nos vayamos a la cama pensando en soluciones para cambiar el planeta. Esta perspectiva ayuda a que la comedia adquiera identidad por sí misma, la técnica con la que está rodada, la redondea.

El andaluz de Jordi Mollá

Antonio Cuadri y Bárbara Mori.

Jordi Mollá tiene un buen oído para los acentos. El actor catalán ya hizo de hacker sevillano en el thriller Nadie conoce a nadie (Mateo Gil, 1999). En este caso, hace dos papeles. El primero es el de Ricardo, el hermano gemelo perdido de la estrella hollywoodiense. El segundo es el del propio Ray Silvela, de origen cubano. “Para mí era importante que el acento estuviera bien conseguido”, nos decía el cineasta. Es por ello que Mollá ha tenido de coach a Jeromo Segura, cantaor onubense.

El tratamiento de lo andaluz (en cualquiera de los sentidos) es uno de los temas principales de la filmografía de Cuadri. Lo vimos en películas como Eres mi héroe (2003), donde matices como el habla son fundamentales. En esta película, el personaje de Ricardo deviene de un homenaje a Juan Ramón. De hecho, puede ser que el espectador andaluz vea, en primer término, al personaje como un estereotipo. Al contrario, Ricardo va evolucionando y, a su vez, se aleja del mal folklore.