Pablo Iglesias Caulfield no es el guardián entre el centeno

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Andalucía al Día, Pablo Iglesias
Foto Europa Press

“El guardián entre el centeno”, ¿lo han leído? De bueno que es cansa. El protagonista, Holden Caulfield, cansa porque, aunque es buen chico, es un niñato que se cree el rey del mundo y juega a hacer lo que le da la gana, siendo, en realidad, el hazmerreír de todo aquel con quién se cruza. La novela cansa porque es un libro intensísimo escrito con un vocabulario lastimoso y repetitivo, lleno de coletillas y que busca la calidad en el retrato que hace, en el fondo de la cuestión; no en una forma de escribir, lo cual hace que sea, en realidad y por paradoja, una obra maestra. “El guardián entre el centeno” es clave en la literatura del S. XX porque en él Salinger recoge todo el malestar de una sociedad en posguerra y una juventud que no sabe ver el futuro. De alguna forma, la situación de Podemos y por extensión de Pablo Iglesias es esa y su relación con el mundo es la que tiene Holden.

No es un mal chico, pero es inmaduro y cuando quiere relacionarse con los mayores que le quieren bien, su profesor de historia, por ejemplo, lo desprecia. Spencer, el profesor de historia que le recibe al principio de la novela, le da buenos consejos, pero Holden no piensa en esas cosas. ¿Cuántas veces Iglesias llamó rancios a los hoy compañeros de Izquierda Unida? También Holden Caulfield se va acordando, poco a poco, de aquellos consejos de su profesor. Caulfield es un chico que idolatra a la juventud, que sólo parece llevarse bien con su hermana pequeña; que repite y repite que odia a los falsos , pero que luego es el primero que es capaz de mentir a cualquiera; que detesta a los niños pijos de las universidades importantes y su forma de hablar, pero que disfruta leyendo grandes novelas… Tal cual habla Iglesias de los líderes del PSOE. Mientras sabe que las bases son “otra cosa”, parece no respetar que son las bases las que eligieron a Sánchez. Holden es, en  definitiva, un buen chico; Iglesias es un buen tipo y un grandísimo intelectual, pero ambos son personas que no quieren madurar. Holden no quiere crecer y ser como los niños pijos falsísimos que van al teatro e idolatran a los Lunt; Iglesias no quiso hablar con Ciudadanos, sin querer ver que la izquierda no daba para una mayoría en el Congreso.

El entendimiento entre Podemos, Izquierda Unida y PSOE debe ser primordial para la izquierda. Sin rabias, ni cabreos, es un hecho que Grecia no está bien, que de poco sirvió votar en aquel referéndum tan digno, que por mucho que no guste esta Europa tan germanofílica, la estrategia debe ser una estratagema trazada en frío y con cuanta más gente mejor. Del mismo modo, el PSOE debe volver a ser una herramienta de la clase obrera, por supuesto, para esto no hay que odiar a los viejos profesores, ni detestar a los niños pijos de las universidades importantes, pero sí hace falta saber mirar bien y desde abajo, separarse del poder económico y unirse a cuatro millones de parados. Simplemente, gobernar para toda la ciudadanía, claro, pero sabiendo que hay quién necesita más que otros.

Por eso, ahora que Bescansa ya ha reconocido en Espejo Público que el PSOE es un aliado natural, es necesario que dejen de querer ser el guardián entre el centeno que salva a los niños del barranco sin hacer nada en concreto pero criticándolo todo, como Holden Caulfield, o, dicho de otra manera, es necesario que, en pos del entendimiento, frases como aquella de la cal viva desaparezca, porque Holden Caulfield es buen chico, sí, pero no va a ninguna parte.