Pablo Iglesias, John Nash y Gil de Biedma

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Foto Europa Press

Uno de los más grandes poemas que nos dejó Gil de Biedma es, precisamente, un poema contra Gil de Biedma. En él se deshace a sí mismo  (se dice de todo) y se pregunta: “De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso/ dejar atrás un sótano aún más negro/ que mi reputación -y ya es decir.” Bien podría haberlo recitado Pablo Iglesias ayer, cuando daba su discurso decepcionado, ya nada transversal, descubiertos sus fallos. Primero dejó de militar en las Juventudes Comunistas, luego dijo que los de abajo contra los de arriba guiado por el cerebro privilegiado de un Errejón que ayer se erigía líder de Podemos, posteriormente se alió con los comunistas de toda la vida y, finalmente, dijo que era socialdemócrata.

Ahora, con Rajoy plusquamperfecto en un trono incómodo y vestido de un traje que sigue sin quedarle bien, tendrá que dialogar con él. Supongo que ahora, en vez de pedir Interior, referéndum y una Vice-Presidencia, pedirá el Ministerio del Tiempo para volver a aquella primavera en que podría haber dialogado con el PSOE y eligió jugar a los juegos que llevaron a Nash al Premio Nobel y a ser caracterizado por Russel Crowe en “una mente maravillosa” (Ron Howard, 2001). ¿Se acuerdan de aquella escena en la que unos chicos divisan a una bellísima señora rubia? Entonces, Nash desarrolla los juegos que marcaron las negociaciones del Siglo XX: Si todos vamos a por la rubia, ninguno lo conseguiremos, pero la rubia tiene cinco amigas, morenas, eso sí, si cooperamos entre nosotros y cada uno va a por una morena, ninguno conseguirá a la rubia, pero todos saldremos beneficiados.

Por supuesto, también quiero aclarar que me permito describir una escena de una película, no quisiera ser malinterpretado, dada esa escena en la que (no niego que con tintes machistas) Nash desarrolla tan importante teoría, hablaré en los mismos términos, con mi anterior y expresa disculpa (como no podía ser de otra manera).

Iglesias no vio que con la fragmentación del Congreso la chica rubia era quimérica, y cuando le ofrecieron quedarse con una morena, como el resto, lo rechazó de plano. Ahora, ¿Qué tenemos? ¿Qué tiene la izquierda salvo “un manojillo de escarcha” (que diría Serrat)? No cabe salvo la crítica a una estrategia que ha fallado. Hasta ahora todo había salido bien: La postura en la televisión estaba en su sitio, los debates contra ilustrados como Marhuenda e Inda no podían salir mal dado el ingenio de los contrincantes… Pero lo importante de verdad que, por ser España una democracia liberal como otra cualquiera -es decir, mejorable-, son las elecciones, eso sí ha fallado.

“Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años”

Ahora me da rabia porque la España de izquierdas está en su casa escribiendo la historia de lo que pudo haber sido (que diría Calamaro). Recuerdo aquellas palabras de Teresa Rodríguez, aquello de que el PSOE era el susto y el PP la muerte. Bien: ¡Bu! Ahora, curiosamente, todo vuelve a estar lleno de fantasmas: ¿hablarán en el Congreso de cal viva? -que no niego que lo dijeran con razón, digo que no era el momento-, ¿Hablarán de Anguita tal y como habla el Madrid de las Champions que ganaba Gento?

Todo esto consistía en que Podemos llegara al poder y la estrategia era hacer que el PSOE se desintegrara entre pactos con Ciudadanos, por eso el Ministerio del Interior, una Vice-Presidencia y el referéndum en Cataluña, para que les dijeran que no y ser las víctimas perfectas que se hacen las muertas mientras sonríen de medio lado.

Gil de Biedma, cuando habla en contra de Gil de Biedma, se clava a sí mismo al final del poema y exclama:

“Oh! Innoble servidumbre de amar seres humanos
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!”

Tras tanta historia el pueblo, gracias a él, seguirá donde estaba (abajo) y cualquier cambio que se pudo hacer ya no es más que una historia fantástica de dragones y espadazos. Quererse tanto no ha valido la pena.