Palangana sin consuelo, apiádense de su alma

Desde aquí te digo, amigo palangana, que un día, tal y como se apareció Cristo a San Pablo, se te aparecerá Joaquín y te dirá: "Palagana, ¿por qué me persigues?" Y tú dirás: "¿Quién eres?" Y Joaquín dirá algo como: "Yo soy la luz del mundo".

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Fabián celebra el 0-1 en el Sánchez Pizjuán mientras el palangana medio no encuentra consuelo en la vida. EP

No hay consuelo para el palangana. El mundo es cruel a veces. Tan sólo una rebelión metafísica podría darles la gracia de ser del Betis. Ya no tienen ni una excusa en la vida, algo que les de luz, está más claro que nunca que necesitan rebelarse contra su condición de hijos del infierno y decir: “abandono el lado oscuro; me doy al beticismo”. No les queda ni el consuelo de ganar un derby.

Palangana sin consuelo, apiándense de su alma

Pero no hagamos sangre, los médicos no se ocupan de los sanos. Cristo no vino al mundo a moverse entre los santos, sino entre los pecadores. En estos momentos en los que les aborda la tristeza, apiándense del alma de cuantos palanganas vean. Hoy que caminan por Nervión con su danza del elefante; moviendo de un lado al otro la cabeza, negando su propia existencia, creyendo que viven en el pasado cuando su realidad, su problema, es otro: Negar al beticismo. Hoy es el momento de ser luz para su mundo de oscuridad.

Estamos en una jornada de recochineo existencial, ya no les queda ni el consuelo de ganarnos. Por eso debemos intentar no recordarle al palangana su tristeza. Tendamos la mano, acudamos al llamado. Veamos esto como una ocasión de dar consuelo. Tengan en cuenta que mañana el palangana irá a por el pan y el panadero dirá: “¿Qué, sevillista, no?” E irá al trabajo el lunes y mirará las caras de la gente feliz, de los béticos y béticas del universo… ¿Qué será de ellos? Rodeados de cosas materiales, Copas de la UEFA y tal y cual, pensando que sólo de pan vive el ser humano.

Desde aquí te digo, amigo palangana, que un día, tal y como se apareció Cristo a San Pablo, se te aparecerá Joaquín y te dirá: “Palagana, ¿por qué me persigues?” Y tú dirás: “¿Quién eres?” Y Joaquín dirá algo como: “Yo soy la luz del mundo”. Tranquilo, estamos contigo, “my great and worthy opponent”, que dijo el Capitán Garfio.

En el fondo es admirable

Imagínense por un momento ser Salieri al lado de Mozart. Góngora frente a Quevedo. Cristiano Ronaldo mirando cómo juega Messi. El palangana admite en su ser que todo el mundo no puede ser del Betis y, además, asume que a alguien le tiene que tocar la cruz de ser del Sevilla. Eso es lo que le diferencia del insulso madridista o del barcelonista apático, que ve la gloria de cerca y, sin embargo, no alcanza a tocarla. El palangana es Dios en el Averno, tiene el Premio Nobel de la Sombra y, ¿por qué no decirlo? mi más sincera y sarcástica admiración.

Zoido, palangana ilustre, en la grada

El pobre, la criatura. No sólo piensa que España ha salido de la crisis sino que, además, es palangana. Vive en un engaño tremendo. Qué pena, todo le sale mal. ¿Que manda a pochocientos mil policías a Cataluña? Los chafa. ¿Que pretende una España sólida y líder en Europa? Declaración unilateral de independencia. ¿Que observa que Albiol es el candidato idóneo? Pues al grupo mixto. No hay consuelo para el palangana, tampoco para los palanganas institucionales.