Pandemia y Feria del Libro

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En principio, una feria del libro es, o debe ser, una fiesta para todos los amantes de los libros. Y en el término amantes se deben incluir lectores, libreros, editores y autores.

Los problemas, para todos, comienzan cuando en nuestra sociedad, no sólo en España, se declara la tremenda pandemia que nos azota. Somos testigos de las “ferias” del libro que se están celebrando en toda nuestra geografía: mini ferias o ferias reducidas en las que, con la mejor de las intenciones, todos los que de una forma u otra participamos, tratamos de levantar los ánimos del resto de la sociedad ante el azote del “bicho”.

Quizás sea el momento de reflexionar qué está significando para todos la plaga que nos azota. Tal vez los más “beneficiados” sean los lectores, que en definitiva somos todos los que formamos parte de esta colectividad de amantes de las letras. El lector tiene el refugio de las páginas donde capear el virus a la vez que gana en seguridad por aquello de la distancia social y los aerosoles, y además sin necesidad de la engorrosa, aunque imprescindible, mascarilla.

El autor mientras tanto, fiel a su dinámica, sigue frente al papel (todavía hay románticos que siguen escribiendo a mano) intentando plasmar sus ideas, sus sentimientos y sus aspiraciones en el blanco limitado del folio o de la plantilla. Tiene una gran ventaja el autor sobre el resto de miembros de la comunidad de “viciosos” de las letras: encontrarse con la soledad cálida de sus libros, de sus propios libros ante los que se puede desnudar sin sonrojarse y que, en un futuro posible, compartirá con los demás, o simplemente guardará en el cajón de sus propias cosas. Porque si cada nuevo libro es un desafío, compartirlo es un acto de generosidad y de altruismo. No hay nada que satisfaga más a un escritor que ver un libro suyo en manos de una persona que viaja a su lado, o contemplar embelesado, cómo su libro está al lado de otras criaturas salidas de la mente humana, ocupando un espacio exclusivo y único en el escaparate de una librería.

Por eso, celebrar una feria del libro, o incluso una estación de los libros como ambiciosamente algunos se han atrevido (¡bendito atrevimiento!), en estos tiempos donde tenemos limitadas las relaciones entre adictos a los libros, es una experiencia sublime, casi extraterrenal, que nos hace mirar hacia dentro y decirnos: seguimos estando vivos.