Parece obvio que hay que pensarse algo en el PSOE

El discurso del PSOE lleva demasiado tiempo sin ideología y, sobre todo, sin conciencia de clase.

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Pedro Sánchez, Secretario General del PSOE. Europa Press.

Se pueden decir millones y millones de cosas, y analizar el contexto y la teoría, pasar a hacer un examen conciso y profundo de lo que se ha hecho, de la comunicación que se ejerce y sobre todo de a quién se le habla (esto sería especialmente fructífero, por cierto)… En definitiva, se pueden las buscar excusas debajo de las piedras, pero ha sucedido esto: En diciembre el PSOE sacó los peores resultados de su historia, en junio batió el récord y volvió a sacar los peores resultados de su historia; tres meses más tarde, peores resultados de la historia en Galicia y País Vasco.

Da la impresión de que Pedro Sánchez quiere decir algo que el pueblo quiera oír, por eso se anda en tantos líos. ¿Se acuerdan de cuando sacó la bandera de España en un mitin por aquello del voto de centro? En realidad fue la declaración no reconocida de que el voto de la izquierda ya se había perdido.

Claro, para recuperar el voto de la izquierda había que entablar la batalla dialéctica con Podemos, decir que lo que dice Iglesias no puede ser en este contexto económico mundial y que su proyecto soñado ha fracasado cada vez que se ha puesto en práctica; que no se puede jugar a poner a nadie contra nadie, sino convencer a cuantos más mejor de que la salida a esta crisis pasa por una izquierda sólida en las posibilidades que da una Unión Europea neoliberal.

Pero no se hizo, se prefirió la vacuidad y el cuñadismo, el PSOE ha jugado a ser un Ciudadanos de izquierdas. Ha querido ser el azote del sentido común, ese que te dice las soluciones como si la verdad fuera absoluta y por supuesto él la supiese. El discurso del PSOE lleva demasiado tiempo sin ideología y, sobre todo, sin conciencia de clase.

Sánchez se ha topado ya cuatro veces en menos de un año con la durísima realidad de que decir “los (y las) socialistas llevamos ciento treinta y siete años luchando” no vale. Eso es un hecho histórico pero no una idea de futuro y, además de que “el PP es malo, el PSOE no, y todos los demás unos novatos”, ha sido el único mensaje de las cuatro últimas campañas.

Ahora se vendrá un congreso o un comité, aquí una foto:

Congreso del PSOE. Youtube.
Congreso del PSOE. Youtube.

Tampoco he visto ninguna gana de colaboración. Al bueno de Sánchez al principio se le veía bonachón, amable con el mundo porque el mundo había sido amable con él, pero las últimas semanas el partido que se presentó a las elecciones con un poema de Benedetti llamado Defender la alegría se ha vuelto agrio. Sánchez, él sólo, ya tiene serios problemas, pero, además, no ha habido más que palos en la rueda y colaboraciones maquiavélicas. Por si fuera poco, Madina, Gutiérrez y López aparte, el discurso no es otro que: “los y las socialistas llevamos ciento treinta y siete año luchando; el PP es malo, nosotros no y el resto son unos novatos”. Ya saben qué pienso.

Ya parecía obvio que algo estaba mal cuando Rubalcaba sacó ciento diez diputados que se heredaron de una legislatura de Zapatero a la que el tiempo, poco a poco, está dando la razón (mirar el artículo sesenta y seis de Código Civil actualmente provoca un gozo metafísico). Pero no ha cambiado gran cosa desde entonces: El PSOE sigue con los mismos discursos y aunque las caras de antes no están ya aparecen como una mosca a la hora de comer. Parecía obvio entonces, ahora, sencillamente, se pagan las consecuencias.