El Parlamento Catalán tiene a la ONU en contra

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A los amigos y amigas de OVImun,
donde aprendí a manejar estas cosas.

De todas las resoluciones de la ONU, al independentismo catalán sólo le vale un párrafo de una. Es cierto, la resolución 1514, de 14 de diciembre de 1960, en su punto dos dice: “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural.” Antes de ello, en el preámbulo, los redactores escriben sobre el ansia de libertad, quizás esto también se lo apropie el independentismo alojado en el Parlamento Catalán, en la descontextualización todo vale. Estos textos se escribieron para África y su descolonización por parte de Europa, cuando hablar de independencia tenía sentido.

            Del mismo modo, la resolución 1541, de 15 de diciembre de 1960, en su principio quinto establece que para hablar de territorio no autónomo, una forma muy bonita de decir “colonia” y, por lo tanto, merecerse esa independencia, hay tres condiciones: 1. Separación geográfica; 2. Separación étnica o cultural y 3. Ser colonia, propiamente, es decir: Haber sido conquistado en algún momento. Las tres son indispensables y Cataluña sólo tiene la segunda. Como andaluz orgulloso, creo que negar que España es un país que, como mínimo, tiene identidades distintas me parece negar la propia realidad. Por otro lado, no hubo conquista catalana, como sí hubo conquista escocesa; ni hay separación geográfica, como la tienen Inglaterra e Irlanda.

              Ya ven: no son las leyes de España, que también, las que prohíben esta partida de póker que a los redactores de columnas nos va a hacer el verano, es la propia ONU la que contempla que todo esto es inviable y la que a la postre daría la verdadera independencia reconociendo como Estado.

            Jugar a la interpretación torticera para poner a cuanta más gente mejor de tu parte es el error que están cometiendo CUP y Junts pel sí. Decir que España oprime, encontrar un rival donde en realidad no lo hay para sacar rédito electoral es una trampa a la democracia que se hace en todas partes (y que todos los países que no sufran de un dictador conocen de sobra); ejercer en el nombre de una parte la soberanía del todo tiene nombre: Populismo. El independentismo catalán se atribuye los votos que le faltaron para ganar a la no independencia en las últimas elecciones; sólo la suerte de la distribución parlamentaria les pone en mayoría.

             Romper como han roto el Estado de Derecho es inasumible. Como digo, todo esto me suena a partida de Póker de una clase alta catalana dispuesta a lo que sea para ser todavía más alta, si cabe, y a una CUP que, por lo que sea, no lo quiere ver. Ni esta partida de póker, ni aquello de cantar la Internacional, donde se buscaba que todos los pueblos fueran uno y esas cosas tan antiguas que se quedaron en el imagine there’s no countries de John Lennon.

            La poca cintura de la derecha juega con esta frase: “Los españoles somos todos iguales”. Bueno, al menos en cuanto a leyes sí. No respetar la Constitución y sus reglas del juego hechas en base a democracia (¡en las que nacionalistas catalanes y vascos participaron!) es dar la posibilidad de que no se cumpla ninguna ley y, por más que me pese, no estamos preparados para la anarquía. Si bien estas resoluciones cumplirán 56 años el próximo diciembre, hay cosas que no cambian.

            Así, la solución que aporta el Gobierno en funciones no va a aplacar nada. Hace bien en plantearlo en el Tribunal Constitucional, pero esa solución es jurídica, no política ni mucho menos social, que es donde está el verdadero problema. El rodillo del PP durante estos cuatro años y su falta de diálogo, su falta de visión para ser capaz de ver que España no es una especie de pulpo cuya cabeza es Castilla, sino que, al contrario, son varias culturas e identidades juntas que se han intentado silenciar demasiadas veces, es lo que, en definitiva, ha provocado este rechazo hacia la propia ley.

            Dadas las circunstancias y las profundas creencias que gobiernan el Parlamento Catalán, hay dos soluciones posibles: El diálogo y viajar atrás en el tiempo. Este Gobierno ha demostrado de sobra que no puede cumplir ninguna de las dos. La primera porque no sabe, la segunda porque también ha recortado en I+D.