Partido Demócrata S. A.

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Foto Twitter oficial @HillaryClinton

A menudo se compara al Partido Demócrata estadounidense con la izquierda española y las comparaciones son odiosas. Ser más de izquierdas que el afiliado medio del Partido Republicano equivaldría a ser del Partido Popular, más o menos. El Partido Demócrata equivaldría a Ciudadanos, un social-liberalismo que agrada a la progresía porque no se pone en contra de nada y, de vez en cuando, reivindica alguna cosa.

En esa situación, acaba de dimitir la líder  del Comité Demócrata. Algo así como la Presidenta del Congreso de un Partido de aquí. Dimite porque es obvio que la máquina “demócrata” estadounidense ha favorecido a Clinton y no en pos del feminismo, sino porque Bernie Sanders, único candidato al que podemos llamar “de izquierdas”, era un tipo peligroso que pretendía establecer una socialdemocracia en uno de los países más desiguales del mundo. El poder real en el que vivimos no lo hubiera permitido. Clinton es más cómoda.

Al otro lado del pragmatismo: Tengo una imagen del estadounidense medio de Estados como Georgia, ¿A quién hubiera votado este tipo que acude a misa los domingos, se viste con jeans y camisa de cuadros, se pone tirantes, se mesa el bigote y se sienta en su porche mientras su mujer, dulce y bondadosa, le trae té helado o limonada: Trump o Sanders? La nominación de Clinton tiene dos cosas buenas: La primera es la visibilización feminista; la segunda que con ella Trump está más cerca de perder.

Eso sí, una cosa no quita la otra: Lo que acaba de pasar es vergonzoso y pone en duda toda una suerte de legitimidades. ¿Se imaginan que alguien utilizara el argumento: “Trump será como quieras, pero no ha manipulado nada.”? Clinton hubiera ganado de todas formas utilizando el simple capitalismo: Las cadenas de televisión y los periódicos siempre la apoyarán antes que a Sanders, no era necesario hacer esto. Es vergonzoso porque la democracia brilla por su ausencia y es irresponsable porque Homer Simpson y sus amigos, votantes como cualquiera, están dubitativos.

Un parecido más que razonable surge cuando ABC titula: Rajoy busca apoyos del IBEX, económicos y de la sociedad civil para presionar a Rivera. Podría buscar apoyos en otro sitio, encontrar el punto negociable con los agentes de las cámaras, entrar al diálogo sincero, ceder en ciertas cosas… Es mucho más sencillo, mucho más pragmático y, con Rivera (como con Clinton), mucho más efectivo presionar con el IBEX.

¿Quién gobierna, entonces? En Estados Unidos, país que quita y pone, wikileaks acaba de destapar qué era más conveniente, aquí Rajoy no presiona con políticas sino con el IBEX. Dada las circunstancias, parece que la ciudadanía de izquierdas ha votado para intentar aplacar la fuerza de un neoliberalismo que lo rodea todo, no para elegir a sus representantes.