Paula Iwasaki: “Lo que yo digo es mentira, lo que el público siente es verdad”

Una de las protagonistas de "¡Ay, Carmela!" dedicó parte de su tiempo a una entrevista con Fernando Camacho

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Andalucía al Día, Paula Iwasaki
Paula Iwasaki leyendo "¡Ay, Carmela!", foto de Fernan Camacho

La línea uno del metro de Madrid está cerrada, por eso Paula Iwasaki llega a la Plaza de Antón Martín (donde hay una estación) andando en vaqueros. Es reconocible porque, a pesar de llevar ocho años en Madrid, sigue andando despacio; la única en la Calle Atocha que podía haber andado así. Entre sus proyectos está su Compañía, Caramba Teatro; La Catedral del Mar o El perro del hortelano (Lope de Vega), con la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC). Mañana volverá a ser Carmela en el Off de la Latina. Tiene algo, ese algo que todos sabemos que existe pero que todo el mundo se ha equivocado al intentar definirlo, íbamos a empezar la entrevista un poco más tarde, pero empezó a decir cosas interesantes antes de que me diera tiempo a encender la grabadora, así que…

…por eso he puesto ya la grabadora

(ríe) ¡Hablemos entonces tranquilamente! te decia que Blanca Portillo.

Sí, dime.

No, nada, Blanca Portillo, que en Hamlet estaba fantástica, súper bien haciendo de Hamlet, siendo mujer. O sea, no hacía el papel de hombre, sino que era una mujer a la que cuando nace la hacen creer que es un hombre y de ahí nace la cuestión del ser o no ser, con todo lo que, además, supone el texto, que abarca mucho más, pero que ahí ya te encuentras una lectura que ¿por qué no va a existir en el texto de Hamlet? y esa lectura la hace Tomas Pandur, el director.

Y además la historia no cambia nada porque Hamlet sea mujer u hombre…

No, qué va, se trata de una serie de cuestiones que abarcan mucho más que simplemente esta idea, pero ahí está la genialidad del director que pone en escena esta idea es encontrar que esa historia también puede contarse en este texto, entonces, si se reinterpretan los textos desde esa inteligencia, ¡que se reinterpreten siempre!

Desde luego, hablando de clásicos que se reinterpretan siempre, Helena Pimienta y El perro del hortelano, no hace falta ni siquiera reinterpretarlo para que sea novedoso, con lo buenísima que Pimienta es…

Ella es maravillosa. Yo todavía no he empezado los ensayos por lo que puedo adelantar demasiado, ni puesta en escena ni nada, me voy a dar de bruces con ella la semana que viene, que es cuando empiezo, pero, bueno, simplemente hay que ver las adaptaciones que ha hecho ella en los textos. En El Alcalde de Zalamea, por ejemplo…

Por ejemplo, así se vio en los Max…

Yo fui testigo en primera fila y la verdad es que fue fantástico, y estoy deseando empezar ahora con el perro del hortelano, acabo de terminar de hacer La villana de Getafe con la Compañía Joven y El Perro del Hortelano forma parte del repertorio de la Compañía grande, dentro de los clásicos, con lo cual haber pasado de la joven a la grande en pocos meses, para mi es… un privilegio… Yo lo estoy viviendo desde ese lugar, ahora empezaré con los ensayos y haber cómo lo quiere contar. Voy a hacer el personaje de una criada, un personaje pequeñito, pero que a mi me encanta, eso de hacer las criadas a mi es una cosa que me gusta muchísimo. Estaré sustituyendo durante cinco semanas a Nuria Gallardo, que es el motivo por el que entré en el montaje, o sea, un honor.

Qué bueno… Y lo bien que maneja Pimienta esos personajes pequeños del teatro clásico, por ejemplo, don Mendo en El Alcalde de Zalamea (Calderón de la Barca)

Es que son todos fantásticos y además el que se cuente y se sostenga la historia reside en cómo la directora hace que esos personajes pequeños brillen y sí, yo creo que ella lo consigue y yo estoy deseando ponerme en sus manos.

Tenía aquí unas cosas… Es que, claro, hemos empezado así, pero ahora es cuando íbamos a empezar de verdad (nos reímos). Hablando ya de tu Carmela, ¿qué siente una artista sevillana en Madrid?

Ay, mi Carmela, que es granaína. Nada, yo me siento feliz porque llevo ocho años viviendo aquí. Vine a Madrid cuando terminé el bachillerato, tenía dieciocho años, y decidí que quería estudiar Arte Dramático, entiendo que además lo que necesito es una formación y hacer una carrera, me presento a las pruebas de la RESAD y no me cogen  a la primera, así que paso un año estudiando Historia del Arte en la Autónoma, me replanteo un poco todo, porque las pruebas de acceso en la RESAD son muy difíciles, y, bueno, a lo mejor yo no era para esto. A partir de ahí decido qué hacer si no puedo estudiar teatro como primera opción, pero a la segunda sí que me cogen. Y la verdad que desde entonces todo ha ido sucediendo a mucha velocidad, tuve la suerte de conocer a Guillermo Serrano en la RESAD, con él fundé Caramba Teatro. Le conozco en clase, nos hacemos muy amigos, hay una química muy grande entre los dos a la hora de entender el trabajo y nos ponen como examen de primero de carrera una escena de “¡Ay, Carmela!”

No me digas, ¿cual?

La del membrillo. Una escena preciosa en la que ocurren muchísimas cosas y en la que Guillermo y yo nos lo pasamos fenomenal. Y a partir de ahí los dos entendemos que tenemos que seguir haciendo eso, explorando ese texto maravilloso de Sanchis, y nos dijimos: Oye, ¿y para hacer la obra entera, qué tenemos que hacer? Necesitamos una compañía, (se interpela) “y eso qué es?”, “¿qué es un CIF?” (nos reímos) Y así fundamos Caramba Teatro. A trancas y barrancas, de una manera fatal, dando tumbazos… Pero, mira, aprender en el oficio consiste en eso, nos sentíamos un poco como los personajes de viaje a ninguna parte, ahí dando tumbos con nuestro maletero en el que simplemente teníamos que coger una gramola y dos banderas y empezamos así a hacer bolos por pueblos, fuera de Madrid, por coger experiencia, mimetizándonos con Paulino y Carmela. Y todo eso ha ido acompañado de proyectos aparte que hemos ido compaginando y haciendo los dos, y que han culminado con que el año pasado, el veinticinco de abril, representamos “¡Ay, Carmela!” en las ruinas de Belchite, que es lo más especial que me ha pasado jamás en mi carrera. Y Sanchis Sinisterra nos acompañó a este encuentro, representamos la función en la plaza principal de Belchite, en frente de una iglesia acribillada a balazos, con todas las casas en ruinas frente a nosotros. Fue todo muy emocionante, representamos “¡Ay, Carmela!” en frente de descendientes de los brigadistas que habían combatido en Belchite, frente al pueblo que había vivido allí hasta poco antes de que se deshabitara y se trasladaran al Belchite nuevo y, bueno, fue muy especial este encuentro y tan especial para Sanchis que, a partir de ahí, comenzamos una relación mucho más íntima y terminó todo con que Sanchis nos escribió una obra de teatro que nos quiere dirigir a Guillermo y a mi y el motivo por el que hemos vuelto con Carmela a Madrid es porque deseamos que sea un escaparate para lo que está por venir. Para que cuanta más gente mejor sepa qué hacemos en Caramba Teatro. Todo termina, o todo comienza, con que Sanchis pretende dirigirnos con un nuevo texto. Entonces, bueno, como sevillana, que al final no he respondido, me siento muy feliz. Ha sido difícil por momentos, pero me siento que estoy teniendo una gran suerte fruto de un trabajo y un esfuerzo de Guille y mío.

…Y ese membrillo sí que sabe a algo… (en la escena del membrillo, Carmela dice que el membrillo que se está comiendo Paulino no le sabe a nada)

Ese membrillo después de ocho años no puede saber mejor.

¿Ves una parte de Andalucía en Carmela, en ese personaje vulgar pero tremendamente sensible a lo que está sucediendo?

Me encanta que me preguntes esto porque para mi la inspiración más grande para hacer el personaje de Carmela es mi abuela, que casualmente se llamaba Carmela. Mi abuela murió hace tres años, ella nunca pudo ver la obra de ¡Ay, Carmela! representada. Ella siempre decía “¿Quién me iba a decir que iba a tener una nieta haciendo una obra que se llamase “ay, mi abuela!” (se ríe) Y para mi eso es… Cada vez que hago Carmela es un homenaje que yo hago a mi abuela, a las historias que ella me contaba, a las canciones que cantaba… A las historias de estas familias humildes de pueblo que trataban de salir adelante a cualquier precio; ese carácter, esa dignidad que tiene Andalucía, sobre todo la Andalucía que te encuentras en los pueblos, la Andalucía de antes, también la de ahora, pero sobre todo de antes, de esa época de posguerra.

Y es tan inteligente Sanchis Sinisterra que hace que en el texto aparezca ese andaluz-ejemplo del que hablas: Lorca.

Sí, y de una manera absolutamente natural y que nadie se cuestiona que sea algo extraordinario, sino que aparece así en una conversación normal: “Pues fíjate a quién me he encontrado en el otro lado, a Lorca. Pues sí, va trajeado con sus agujeritos pero, bueno, fíjate, qué casualidad…” Es alucinante que se hable de este tema de esta forma tan cotidiana, pero la genialidad de ¡Ay, Carmela! yo creo que está ahí.

En esa narración…

Sí, en esos personajes que no se sitúan en ninguna ideología pero que se ven ahí, que les ha tocado vivir en ese contexto tan terrible y cómo hablan de ello con naturalidad. Acostumbrados a ello. Hacen referencia al horror, pero hacen referencia también a los genios de esa época y todo en un lenguaje cotidiano y normalizado.

Claro, de hecho Paulino es un intelectual un poco… Él lo intenta, pero…

Sí, el intenta continuamente aparentar que está a la altura de las circunstancias y que no va a fallar de cara al teniente Ripamonti, pero todo de una forma muy mediocre y muy torpe a su pesar porque él intenta hacerlo lo mejor posible. A Guille y a mi nos gusta decir que, en contra de lo que se ha podido pensar a veces, yo no creo que exista una heroína, ni que exista un verdugo, ni que exista un cobarde, que por supuesto lo hay… Yo pienso que son dos personas que tú te encuentras en la vida todo el tiempo y que tienen caracteres muy diferentes, pero que ante todo se quieren y se necesitan. ¡Ay, Carmela! habla también de eso, de las relaciones humanas y de cómo el horror acaba separando a esta pareja y cómo uno debe sobreponerse al dolor de alguien a través del olvido. Pero, al final, ¿qué significa el olvido? Sanchis Sinisterra dice que el olvido es la segunda muerte de los muertos y yo creo que de todo eso habla ¡Ay, Carmela! Por supuesto teñido del contexto de la guerra civil y por supuesto que el autor hace alegato de la memoria histórica y trata de rescatarla y eso es así absolutamente, y así queremos hacerlo nosotros en la obra, pero intentamos que prevalezca la historia de Carmela y Paulino.

De hecho hace muy bien una cosa: Sin el Teniente Ripamonti encendiendo las luces no hay obra. (En la obra que Carmela y Paulino representan, el Teniente Ripamonti maneja las luces, el autor pretende hablar así de la censura por lo que vemos en la pregunta siguiente)

Absolutamente. Y sin hacer referencias a la esquina donde está Gustavete con la gramola tampoco.

Para mi eso es una transmisión, no salen en el texto, no tienen voz, no hacen nada, pero son fundamentales para que Paulino y Carmela hagan su función: Sin que el teniente le de a las luces se acabó lo que se daba…

Sí, al final el teniente Ripamonti es quien tiene la batuta y decide cuando un número se acaba, cuando continua… Esto es muy interesante porque además Sanchis reflexiona sobre eso, cómo un personaje sin voz, ni estar presente en el escenario es el que va determinando el orden de los acontecimientos.

Y al contrario que esto, en esta dualidad que siempre está planteando, Gustavete maneja una gramola. 

Sí, y además es interesante observar la dimensión que Sanchis le da a su personaje, continuamente se está cuestionando en la obra su capacidad o si sirve para algo. Hablan así de este personaje pero cuando ha ocurrido todo lo que ocurre en la escena del epílogo es que Gustavete es quien ocupa el cargo del teniente Ripamonti en el teatro. Es a quien Paulino pide que hable bien de él frente al resto de personas del pueblo. Ese personaje que también es mudo en el espectáculo y que aparentemente no es inteligente adquiere un rango de poder. Entonces, bueno, es todo muy irónico.

¿Y en esa dualidad que plantea es difícil ser y darle vida a sólo una parte?

¿Te refieres a Carmela y Paulino?

Y a Paulino-Carmela y el público; al público real y al público ficticio…

Yo creo que nosotros lo simplifiquemos, pero nos dimos cuenta cuando nos sentamos a hacer trabajo de mesa y tratábamos de intelectualizar lo que contaba Ay, Carmela, y tratábamos de pensar lo que significaban esas dos fuerzas oponentes y que una es la que fracasa y otra no, y a costa de qué… Todo eso lo cuestionábamos y de lo que nos dimos cuenta es que íbamos a contar una historia que se cuenta todos los días, una relación que se forma por dos personas que se necesitan y que no pueden vivir el uno sin el otro y que son tan diferentes, tan distintas… Cuando comprendes que eso es natural y que está a la orden del día se cuenta solo. Esa es la genialidad del texto. Honestamente, yo en ningún momento que esté representando la obra siento que voy a la contra de lo que el personaje de Paulino me está dando, yo como Carmela no veo que Paulino trate de hacerme la puñeta, creo que trato de imponer mi manera de pensar y creo que tiene que ver con que Carmela trata de imponer su carácter, su dignidad… Es muy impulsiva, muy visceral… Y no creo que Paulino trate de coartar continuamente a Carmela porque no esté en lo cierto, sino porque el carácter de Paulino le obliga a protegerla, a esconderse, a ocultar lo que piensan para sobrevivir y todo esto es lo que al final desemboca en ese final que ninguno busca.

Como dijo Sanchis Sinisterra en una entrevista, ¿el teatro pequeño es una ideología?

Bueno… Esto es un debate muy grande. Me gusta pensar que es una forma de hacer teatro en la que yo, además, creo muchísimo. Guillermo y yo tratamos de hacer un teatro que se aferra a esto, básicamente, pero todo esto nace de una necesidad: Guille y yo somos dos estudiantes de teatro que estamos intentando poner en pie espectáculos nuestros y nos damos cuenta de que no disponemos de ninguno de los recursos que vaya a producir efectismos o cosas así en un espectáculo, así que nos aferramos a lo que tenemos, que es la palabra, en la medida de lo posible la verdad como actores, intentamos que eso prevalezca y, en la medida de lo posible, una luz que haga que se nos vea la cara en el teatro.

La siguiente pregunta era si era una ideología o más bien un remedio…

¡Pero nos dimos cuenta también de que esto funciona! Nosotros decimos: “ahora no podemos hacer más, pero haciendo solo esto sabemos que la historia se cuenta, que emociona al público y que hace reflexionar, entonces ¿Qué se necesita para hacer teatro? Creo que una buena historia y, en la medida de lo posible, que se cuente bien, ya está. A veces no hace falta ni un foco.

Y dos buenos actores, digo yo…

Eso espero, claro (se ríe).

Y hablando de la compañía Caramba Teatro, ¿Cómo es buscarse un CIF?

(se ríe) Dios mío de mi vida, has dado en el clavo. Creo que Guille y yo fuimos muy inteligentes al juntarnos porque Guille adora la parte burocrática y yo no (se ríe). Guille lo adora y eso es estupendo porque a él le encanta, como él mismo dice, “es estupendo lo de tener la carpetita de colores, llevar los papeles, ir a hacienda…” Guille maneja esto estupendamente y yo a fuerza de tener que sobrevivir también he aprendido, además es muy interesante aprender y para sostener una compañía propia hay que saber manejarse en este sentido. No ha sido nada fácil, nos hemos dado muchos chocazos contra la pared porque no dominábamos esto en absoluto, pero bueno, algo que hicimos Guille y yo y fue un acierto total es que conocimos a Sara Núñez de Arenas, que gestiona una productora llamada La Conocida y ella es quien se encarga de llevar toda la producción de la compañía. Una vez empezamos a trabajar con ella, todo ha sido mucho más fácil. Ella es quen contacta con las personas, organiza los conciertos, hace que vayan a vernos, entra en los teatros… Ahí ya el mecanismo es sencillo. Además, hemos pertenecido al círculo alternativo de las salas off, al cual le estoy totalmente agradecida, pero bueno, esto genera otro debate que está muy a la orden del día en nuestra profesión que es si finalmente pertenecer a este circuito alternativo te permite sobrevivir como compañía, cosa que no es cierta. Si algo nos llevamos Guille y yo del circuito alternativo es que ha sido un escaparate que nos interesaba que nos vieran y nos conocieran. No hemos podido sostener nuestra compañía como empresa ni muchísimo menos. Pero gracias a ello, mucha gente ha conocido nuestra Compañía y eso lo agradeceré siempre. Todo esto ha culminado en que Sanchis Sinisterra nos ha escrito una obra, si eso no es un logro, que venga alguien y lo rebata.

Y ahora tú tienes tus proyectos, Guille tiene otros… De ahí se bifurcan muchos caminos.

Sí, nosotros siempre trabajamos con el objetivo de que Caramba Teatro se convierta en nuestra forma de vida, sería nuestro sueño, que fuera nuestra fuente de ingresos, porque es nuestra casa y es donde podemos, como creadores, hacer todo lo que se nos ocurra y esto es fantástico. Yo además creo firmemente que cuando un actor, en esta profesión tan inestable, se queda sin trabajo, tiene que generar. Y, bueno, eso es lo que Guille y yo intentamos. Hemos tenido la suerte de hacer cosas por separado, él está trabajando para Noviembre Teatro en la obra de Ricardo III, con dirección de Eduardo Vasco, va a estar en el Español dos meses, está haciendo televisión también; yo, por otro lado, trabajo en la CNTC, en la joven y en la grande, también en televisión y esto ha impedido que hagamos más cosas en Caramba Teatro. Pero todo lo que aprendemos fuera lo intentamos verter en nuestra Compañía y tratamos de levantar nuestros propios proyectos.

Muchos actores de teatro se crían en la RESAD, y si no en la RESAD en otra, para hacer teatro y luego van a televisión y no cambian la forma de actuar a pesar de cambiar de medio y eso se les nota, ¿tú eso cómo lo llevas?

Yo no estoy de acuerdo con esa afirmación y creo que es algo que está muy generalizado. Creo que es un tópico, es decir, es muy fácil hablar de que los actores de teatro son actores que cuando están en televisión parecen sobreactuados, por supuesto hay vicios así como el actor de televisión entra en teatro y le falta la técnica de la proyección, pues seguramente haya un actor de teatro que llegue a la televisión y tenga que entender primero el medio que está trabajando y luego desenvolverse. Pero un actor que sea bueno trabaja en la tele, en el teatro, igual en frente de una cámara que en frente de un público y lo hace igual de bien. Cuando un actor tiene formación, sabe lo que es estar en un personaje y estar en la verdad de la historia que está contando y se adapta a las cirucnstancias del medio. Yo no había hecho televisión hasta ahora y voy a trabajar en la Catedral del Mar, estoy feliz, hay muchos actores de teatro en este proyecto. Es una gran producción que se va a estrenar el año que viene y son grandes actores que hacen televisión y cine constanemtene y además están haciendo teatro. entones, ¿cómo llevo esta afirmación? creo que de todo hay, por supuesto, pero pienso que no es verdad y que cuando nos den la oportunidad a los actores de teatro de estar en televisión se darán cuenta.

¿Y cómo suena un “corten”?

Como te digo no tengo mucha experiencia audiovisual, salvo en cortometrajes y alguna cosa que he hecho, cuando me he enfrentado a este medio sí que he visto que es muy diferente del teatro. A mi lo que me encanta del teatro es el vivo, el directo, el sentir al público respirando la historia contigo, sentir al público emocionándose con lo que estás contando en directo, no puedes repetir una frase, no puedes sentir siempre de la misma manera… Yo llevo haciendo ¡Ay, Carmela! seis años y nunca lo he vivido de la misma manera. Yo voy cambiando con el tiempo y eso lo pongo al servicio del personaje, pienso que en televisión esto no se experimenta así pero tiene que ser también fascinante, el tener que poner todo tu conocimiento, toda tu expresión, y toda la emoción que está viviendo el personaje en una toma que a lo mejor dura dos minutos y luego necesitas esa concentración exacta para volver a repetirla y darle la réplica a tu compañero que es al que le toca la toma. Estoy deseando probarlo.

Oyéndote da la impresión de que la frase de Hemingway de “escribe una frase sincera” también vale para el teatro, eso es una frase que también puede valeros a vosotros como actores?

Absolutamente, creo que sin la verdad y la sinceridad un actor está perdido. Un actor puede servirse de la técnica para engañar al público, puede repetir, tratar de imitar lo que ha vivido en la función anterior, donde sintió esa emoción que siente el personaje y por ahí engañar al público, pero pienso que la historia y la obra de teatro transforma al espectador y se convierte en algo irrepetible cuando hay verdad.

¿Una mentira en el teatro es una verdad por un momento?

No hay que olvidar que ante todo es ficción, el actor tiene que crear una verdad en el escenario sabiendo que está contando una mentira. Lo que yo digo es mentira, pero lo que siente el público es verdad (en la grabación se me escucha diciendo “ahí, ahí”). Ahí es donde radica la magia de nuestra profesión, la interpretación y lo que el buen teatro, el buen cine, la literatura, la música hacen. Estar contándote algo y que sea lo más sincero que hayas sentido en tu vida. Eso es lo maravilloso de esta profesión.

Creo que acabamos de hacer cumbre, ¿hay algo más de lo que quieras hablar?

Que ojalá disfrutes mucho ¡Ay, Carmela!

(Apago la grabadora)