Piedad, misericordia y realidad

480
andalucia al dia fernando camacho 600x400
Fernando Camacho, Politólogo | @FernanCamacho

Los pensamientos sobre religión inundan nuestras mentes estos días. Dios no existe, lo diría desde el campanario más alto del mundo, pero existe el amor, que en estos momentos se ha de hacer grande y escribirse con mayúsculas. Y, en cualquier caso, Dios, Allah, el Amor, quién quieran, no ha permitido que esto suceda, pero estuvo en cada mano tendida hacia los heridos. Me siento orgulloso de esas personas, canto con ellas y ellos, estos días, la Marsellesa.

El Amor y su hija la piedad fueron los responsables del hashtag #porteouverte, donde los parisinos abrían sus casas a quiénes estaban en la calle. Es el Amor quién ha llenado todo de banderas de Francia, y quiero creer que es la inocencia la que hace que no sepamos qué sucede en Oriente Medio. Por eso no es criticable el hecho de que el mundo se solidarice con Francia y no reaccione ante el Líbano. Quiero pensar que es esa inocencia la que lleva a esta amarga ignorancia.
Por todo esto no sé qué Dios pueden entender quienes matan. Sé poco del islam, me reconozco un ignorante, pero sé de la misericordia de mis amigos musulmanes. Estos del DAESH no saben una palabra de las que dijo el Profeta de mis amistades.

En mi universo de búsqueda de la paz existe también quién no la busca, y eso me causa un tremendo dilema. La misericordia ha de ser la base de todo, pero el mal existe, y de ser estrictamente misericordiosos podrían morir en el nombre de una equivocación (ellos dicen “en el nombre de Dios” y yerran) mucha más gente. Kant dijo que una acción mala es mala y punto, pero esa mala acción -entrar verdaderamente en guerra- puede salvar vidas de inocentes. Antes de Kant, muchos observan que fue Vegencio quién dijo: “Si vis pacem para bellum” (de querer paz, prepárate para la guerra). Hay afirmaciones que, siendo lógicas, duelen. Ir con todo a Siria a buscarles o no ir son opciones que por desgracia hoy en día son defendibles. No obstante, atacar al DAESH puede traer la paz, pero ¿quién está seguro de ello? Del mismo modo, ¿quién afirma con certeza que quedarnos de brazos cruzados y mirar a estos toros de Oriente Medio y África desde la barrera nos garantiza nuestra propia seguridad? Ir, no ir, qué provocaría… ¿quién puede saberlo?

Qué horrible es esta circunstancia, la opción de que no haya otra opción que la bélica es cada vez más grande, pero ¿qué acción bélica? No hay otro Estado contra el que luchar, hay células cancerígenas que no se pueden atacar mediante una quimioteparia de bombardeos que, la mayoría de las veces, acaban con más vidas civiles que criminales. ¿Cómo acabar con su financiación?, principal origen de esta terrorífica epidemia.

Y si esta es la guerra que nos espera, ¿qué debe hacer el Estado de Derecho que dice que toda persona tiene derecho a un juicio justo? ¿Son los terroristas criminales de guerra por atacar beligerantemente a civiles? Va a doler, será objeto de rabia y oscuridad, pero si de algo nos debe de valer la misericordia es para ser lo suficientemente fríos como para ser capaces de juzgarles, uno por uno, y de condenarles con todo el peso de la justicia. Si de algo nos vale la misericordia en estos casos es para ser Estados de Derecho donde la libertad y la democracia reinan, eso fue lo que nos enseñó Francia un catorce de julio de mil setecientos ochenta y nueve. Si vamos, con tristeza creo que vamos a tener que ir, que sea por la democracia y no por la economía; si vamos, que sea para hacer libres a esas personas, entendiendo que son diferentes a nosotros; si vamos, que sea en el nombre del amor y no del dólar. Si hablamos de Estados, de civiles, de criminales, de Derecho con mayúsculas, esa es la forma de poner la otra mejilla.