¿Qué podríamos aprender de Renzi?

La socialdemocracia está en crisis no por falta de ideas, sino porque presta más atención a la imagen que a las políticas públicas. Renzi llegó al puesto de primer ministro sin pasar por unas urnas y por unas urnas que no eran electorales se va

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Matteo Renzi. Europa Press

Uno de los primeros italianos en usar las redes sociales de su época fue Julio César. El mítico soberano dejó la única crónica que hubo jamás sobre las Guerras Galas: La suya. Desde entonces, no habíamos visto por Roma un líder tan preocupado por la imagen de chico bueno y encantador como Matteo Renzi, que perdió un referéndum de celebración innecesaria pero que le hubiera dado una imagen de hombre de Estado bárbara.

¿Se han fijado en la fijación que tienen todos los hombres de Estado con ser más bien liberales? Ya saben, Aznar, Rivera… Gente de Estado que cuando proponen medidas de Estado lo normal es que sean de derechas.

¿Qué podríamos aprender de Renzi?

Aparte de cómo llevar bien los trajes, podríamos aprender que no se puede pretender hacer política con el simple hecho de ir bien vestido. Nadie podría negarle sus buenas intenciones, pero Italia, la tercera fuerza económica de la Unión Europea, ha sido durante su mandato un Estado social-liberal que se ha preocupado lo mínimo indispensable por el proletariado, es decir, ha tenido de izquierdas lo justo.

Medidas simbólicas, se ha de decir, sí que ha habido, pero los símbolos son sólo símbolos. En una economía como Italia, que el Estado se desprenda de coches oficiales no implica un gran cambio social, implica que las cabezas del Estado no van a ir en esos coches oficiales, sino en otros.

Renzi y Prandelli con su plátano contra el racismo. Twitter.
Renzi y Prandelli con su plátano contra el racismo. Twitter.

En otro orden de cosas, Renzi se ha preocupado plausiblemente del racismo o del sexismo. ¿Se acuerdan de cuando a Dani Alves le tiraron un plátano, éste se lo comió, y al día siguiente todo el mundo se hizo una foto comiéndose un plátano en instagram y twitter? Cómo no, Matteo Renzi fue uno de ellos. También, de una forma muy loable, hizo un gobierno paritario, como no podía ser de otra manera, ahí doy mi brazo a torcer, pero hay veces que por ser progresistas la izquierda se olvida del verdadero sentido de su ser: Hay oprimidos y oprimidas y opresores. A unos y unas hay que librarlos de los segundos. La progresía, mediante medidas que abogan por libertades civiles, paulatinamente se ha olvidado de la economía. El artículo uno del Estatuto de los Trabajadores italiano da un ejemplar derecho específico al trabajador a expresarse libremente; la reforma del Gobierno de Renzi dio al traste con el derecho laboral a un despido justificado, situado en el artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores itálicos. Creo que es ejemplarizante.

¿Recuerdan aquel chiste que versa sobre la diferencia entre ser gay y ser maricón? El chico le dice al padre: Papá, soy gay. El padre pregunta: ¿Eres artista? No ¿Tienes estudios? No ¿Eres millonario? No. Entonces no eres gay, eres maricón. La primera causa de exclusión es la económica: la diferencia de clases existe y la izquierda ha de velar por su desaparición mediante sus distintas recetas. Pero Renzi estaba a otras cosas, él estaba a su instagram y a sus reformas para hacer ver que es un tipo de la calle.

Se me viene a la cabeza que, cuando estuve de Erasmus en Italia, me sorprendió el artículo 1 de su constitución: Italia es una República democrática fundada sobre el trabajo. La soberanía pertenece al Pueblo, que la ejercita en la forma y límites de la Constitución. 

La dichosa reforma constitucional 

Su última postura es la que le ha echado del sillón, como él mismo decía: “Se ha de reformar el Senado para que haya menos sillones en Italia”. Y olé. Lo que no han dicho en la televisión es que el Senado italiano equilibra el poder legislativo del Congreso, por eso, en realidad, podríamos decir que el sistema actual italiano es un sistema de equilibrio legislativo perfecto en el que la cámara territorial (por ser el transalpino un país muy diverso) goza de un poder más que legítimo.

La democracia es cara, siempre lo ha sido, pero lo verdaderamente caro es tener un sistema inválido, algo así como sordomudo, que no lleve al máximo el potencial representativo de un país.

Renzi se va por la máxima posmoderna de que un sistema pequeño es mejor que uno grande, parece que es indiscutible, la derecha ha convertido esto en una frase hegemónica. Ciudadanos también la lleva como si fuera una bandera. “Hay que adelgazar la administración”. Qué fácil, qué sencillo, qué inequívoco suena a los oídos de una ciudadanía con falta de empoderamiento.

Se acusa al sistema italiano de que causa inestabilidad, es falso, lo que causa inestabilidad es la falta de diálogo entre el Congreso y el Senado, no el sistema per sé, sino los que lo usan. Consecuentemente, de causar inestabilidad, la seguiría causando el pueblo italiano cada vez que elige repetidamente a gente que lo ha hecho manifiestamente mal.

Pero para solucionar eso hace falta un programa educativo integral e inexpugnable donde se enseñe a pensar con conciencia ciudadana, dijo Neruda que sucedía que se cansaba de ser hombre; sucede que, en este caso, esa es la solución compleja, la que no cabe en una foto de instagram.

Pienso, de nuevo, en que Italia, según su artículo 1 de la Constitución, es una República que si democrática… que si fundada sobre el trabajo… que si la soberanía pertenece al pueblo…

En fin, ciao bello, me consuela que, tarde o temprano, la izquierda va poniendo a sus  falsos líderes en su sitio. No obstante, como a rey muerto, rey puesto, Manuel Valls presentará su candidatura al Liceo francés. Éste ni siquiera tiene instagram.