Por un debate en femenino

Si en en el resto de ámbitos de la sociedad las mujeres quedamos relegadas a puestos de poco poder o puestos donde seamos caras bonitas, a veces el debate no queda atrás.

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Sarah Salas, en un debate.

Por Sarah Salas

Vivo en un constante ambiente feminista. Pertenezco a un club que lleva funcionando siete años, de los cuales cinco han sido presididos por una mujer, donde los equipos siempre sonmixtos y donde en numerosas ocasiones se han formado equipos enteramente femeninos.

Pero yendo al fondo del asunto: vivimos en una sociedad machista y, por tanto, que el
debate toma a veces tintes machistas es algo que nadie puede dudar, pues si en en el resto de ámbitos de la sociedad las mujeres quedamos relegadas a puestos de poco poder o puestos donde seamos caras bonitas, el debate no queda atrás. Comenzando por el debate académico, sólo hay que hacer una pregunta: ¿Se nos ocurre algún equipo formado íntegramente por mujeres que haya triunfado?, ¿y si pensamos lo mismo pero con hombres? Seguro que el número varía considerablemente. He visto muchos torneos de debate, he visto cómo mujeres con capacidades para hacer cualquier otro rol sólo ejercían el de introductora, porque hay que dar buena imagen, hay que vender la línea y claro, quien mejor que una niña, bien vestida, con cara dulce, mientras que en la segunda refutación siempre he visto a hombres trajeados, de voz grave y tono agresivo.

Tocando otro ámbito del debate, existe la figura del formador. Veréis, la asociación en la que estoy organiza un torneo de iniciación donde cada equipo acude con un formador, y mirando los participantes de cada año pocas veces tenemos a una mujer como formadora. Supongo que esto viene a que una formadora debe ser una debatiente íntegra, capaz de hacer o haber hecho todos los roles, que sepa de argumentación y oratoria pero, de nuevo, si dejamos a las mujeres relegadas a una introducción (y no le quito valor a esta, pues yo también he sido introductora, pero entiendo que cada rol potencia distintas capacidades) no lograrán el resto de capacidades que se adquieren con los demás papeles; ergo no tendremos formadoras.

Y por último, llegan los jueces, donde según mi propia experiencia y de las mujeres que me rodean, aquí el machismo es doble: Por un lado, pocas juezas. Por otro, el tipo de feedbacks que los jueces dan a las oradoras: En primer lugar, me sobrarían dedos de las manos si cuento las juezas que me han juzgado, en comparación con el número de torneos al que he asistido, pero de nuevo entiendo que un juez de debate debe ser alguien experimentado y, siguiendo los razonamientos anteriores, no podremos tener juezas.

En segundo lugar, aún existen jueces que independientemente del rol que ocupe una mujer dentro del debate, no la juzgan como debatiente sino como objeto, pues he escuchado feedbacks sobre la ropa de las debatientes, sobre su forma de moverse… Feedbacks donde no se hablaba del discurso, sino del físico.

Pero no todo es tan negro como parece, por suerte esto cada vez se ve menos. Cada vez
tenemos más mujeres relevantes en el mundo del debate, y me siento muy afortunada de ver ese cambio. Me emociona ver cómo las mujeres ganan campeonatos mundiales, cómo las mujeres son proclamadas “mejores juristas universitarias”, cómo las mujeres se atreven a ser segundas refutadoras, como las mujeres ocupan el sitio que merecen.