Preciosa Sangre, el legado romántico de Wilms Montt

Preciosa Sangre recopila los diarios íntimos de Teresa Wilms Montt. En ellos descubrimos el punto de vista de la poeta chilena sobre su propia vida, una historia llena de violencia, romanticismo y ansias de libertad.

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Portada de Preciosa Sangre, los diarios íntimos de Teresa Wilms Montt. Editorial Dalloway

“Preciosa sangre” es el nombre del convento en el que Teresa Wilms Montt (1893-1921) estuvo encerrada. Ese convento da nombre a este volumen y es el lugar donde escribe gran parte de estos diarios íntimos. Entre sus páginas descubrimos los recovecos personales de la poeta chilena, su convulso punto de vista de una vida trágica.

Preciosa Sangre, el legado romántico de Wilms Montt

La razón artística de Wilms Montt se remonta a un instinto de supervivencia que no quiere ser. En estos diarios, descubrimos a una artista que transita la vida pensando en la muerte como alguien que la acompañará permanentemente. A raíz de ahí, la poeta se desliza por su diario sobreviviendo a un marido perturbador; al internamiento en un convento; a una fe en Dios que, en realidad, no es sino fe en la muerte; al confín de ella misma en viajes sin rumbo; a que la tomen por una espía alemana en plena I Guerra Mundial…

Nos adentramos, por lo tanto, en la vida de bohème de una mujer trepidante. Estos diarios nos ayudan a entender una poesía repleta de filos de navaja. La intimidad de Wilms Montt es transmitida con una altísima poesía en prosa romántica. Si bien considero que el amor y la muerte son los elementos principales, resulta conmovedor su misticismo pagano. Wilms Montt dialoga y pide a un Dios en el que, en realidad, no cree. Lo usa, a mi juicio, como un elemento retórico más, como una consecuencia de su incredulidad ante lo meramente material. 

No obstante, es la muerte la que alberga el protagonismo más especial y destacable. Wilms Montt piensa en la muerte como algo relajante: “La muerte debe ser una cosa deliciosa, como hundirse en un baño tibio durante las noches heladas”. Tan perturbadora como infinita, la muerte recorrió serpenteante sus días y resulta gélido comprobar que, lejos de ahuyentar a esta culebra, Wilms Montt la acariciaba. Es una hermosura escalofriante.

Una frase para el recuerdo

12 de octubre, 1919, Londres. “Por amor a la belleza y respeto a mi soledad, jamás he hecho daño”. Preciosa Sangre es un volumen salpicado de grandes frases, sin embargo, esta me resulta de una belleza sobrecogedora. A un lado, el ideal romántico, el amor a la belleza, lo irracional. Al otro, el respeto a su soledad. Esto podría atribuirse a dos cosas: la primera es un rechazo de lo que hoy llamamos amor romántico. La segunda tiene más que ver con su conciencia, con estar tranquila consigo misma, y es a la que doy más verosimilitud. Finalmente, ese cierre espléndido, “jamás he hecho daño”. Wilms Montt completa en esta frase algo verdaderamente hermoso: El amor es hermoso, el amor a uno mismo también, y quien conjuga ambas cosas buscando querer a los demás, sencillamente, no tiene ganas de herir.

Una edición reseñable

Tras asumir la calidad literaria de Wilms Montt como un un hecho prodigioso, es difícil escribir algo que no haya escrito Alejandra Costamagna en un prólogo excelente. La Señora Dalloway acompaña a estos diarios con comprensión. Poco más se le puede pedir a cualquier editorial, que acompañe desde la discreción, que explique cuando haya que explicar y que cree un espacio en el que el diálogo entre autora y lectora sea confortable.

El mito de las femme fatale

¿Qué es una femme fatale, sino una mujer más libre de lo que muchos hubieran querido? La Señora Dalloway se denomina una editorial feminista. La apuesta por Wilms Montt tiene que ver con la búsqueda de voces alternativas en tiempo y espacio. En cuanto al feminismo se refiere, Preciosa Sangre es el testimonio de alguien que quiso ser libre y no pudo y una confesión de deseos irrealizados.

Wilms Montt fue una femme fatale, Huidobro la describió como “la mujer perfecta”. Bella hasta decir basta, seductora, libre… Lamentablemente, esto se tradujo en su internamiento en un convento. Wilms Montt tuvo una vida llena de violencia que acabó en suicidio. Apostaría a que las femme fatale, hartamente criticadas en la literatura (mandamos desde aquí un febril saludo a las hermosísimas malvadas de la saga James Bond o a Lady Winter), son en realidad lo que los escritores que las narraron querrían haber sido.