El Principito: “Crecer no es el problema, olvidar lo es”

¿Qué pasaría si el mundo no recordase El principito? Mark Osborne propone esta hipótesis en la adaptación cinematográfica de la obra

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Andalucía al Día, El Principito

Hay películas que todos, adultos y niños, debemos ver. Historias que nos hacen recordar en una hora y media, una infancia a veces olvidada. Películas que, tras salir de la sala, nos hacen ahogarnos en un sentimiento de nostalgia feliz una tarde de septiembre.

Existen en el mercado films de animación mejores y peores. En ellas nos muestran historias conmovedoras, otras divertidas, y otras, juegan con nuestras emociones, como el milagro de Pixar de ‘Inside out’. Cómo olvidarla. Pero tranquilos, aún podemos destronarla. El norteamericano Mark Osborne, director de Kung Fu Panda (2008) ha acertado de pleno con ‘El principito’, tomando la historia de Antoine de Saint-Exupéry como partida para plantear una realidad: la historia de una niña a la que obligan a hacerse mayor. Una preciosa parábola en la que se reflexiona sobre la pérdida en todos los sentidos, la libertad, la infancia y la inocencia. A su vez, a ese miedo de enfrentarse al futuro y a olvidar lo que somos.

Las adaptaciones de obras literarias al cine siempre generan desconfianza, más aún si la obra en cuestión es ‘El principito’, el clásico que cambió la vida a millones de personas y que habita en los corazones de generaciones de lectores.

Más de alguno ha leído y releído la historia una y otra vez durante toda su vida. Y es que en cada capitulo, hemos vuelto a encontrar nuevos mensajes y enseñanzas. Según la época de nuestras vidas en la que hemos acudido a este pequeño libro.

Es arriesgado, por supuesto que lo es. Llevar un libro tan icónico a la gran pantalla genera la pregunta: ¿hará justicia de la obra?

Bien, ha sido fiel a la historia, pero también se ha tomado ciertas libertades comprensibles dado al público al que se dirige: esa generación de pequeños espectadores y lectores que quizás, aún no conozcan al pequeño Principito.

Por un lado, honra a la obra con un stop-motion que capta absolutamente el alma de Saint-Exupéry, y por otro, nos acerca a una historia real, tierna y dulce -nada cursi-, por la que se genera ese choque entre el mundo adulto y la imaginación de una niña.

La vida le cambia a quien conoce la obra, y de eso se trata esta adaptación. Algunos detalles generan ciertas críticas, pero su esencia sigue siento la misma.

En la adaptación de Mark Osborne el viejo aviador nunca se estrelló en el Mediterráneo, sino que se mudó a una triste ciudad rodeada de ese espantoso futuro lleno de hostilidades y miserias del mundo adulto.

En una casa de madera, rodeado de un jardín inmenso donde guarda su avioneta, y junto a una urbanización de casas grises y apagadas, vive el anciano aviador. A su lado, una preciosa pero oscura casa está en venta, hasta que una madre y su hija obsesionadas por entrar en el mejor colegio de la ciudad, la compran.

En el pequeño mundo de la niña no entra la imaginación. Sólo cálculos diarios que la harán, según su madre, una mujer triunfadora y exitosa en el futuro. Sigue el itinerario planificado por su madre diariamente: ocupaciones y estudios, estudios y ocupaciones; ni juego, ni entretenimiento, ni mucho menos, hacer amigos que la puedan distraer. Pero, la madre no contaba con nuestro querido aviador: un anciano aventurero que le narra a la niña el cuento de un pequeño principito al que conoció en su juventud.

Las imágenes se intercalan unas con otras a medida que la niña se va acercando a la historia de Saint-Exupéry. La fidelidad que guardan los dibujos y su paleta de colores, resultan emocionantes para cualquier amante de la obra. Por otro lado, el día a día de la pequeña de nueve años se presenta con una paleta de colores oscuros hasta que llega a casa del aviador.

Redescubrir a estas alturas al pequeño principito no era una tarea fácil, más aún, cuando vivimos en una época en la que niños y adultos prefirieren tener más cerca la tecnología que el papel. Porque seamos sinceros: los niños han perdido las buenas y bonitas costumbres.
Quizás, ‘El principito’ cueste llegar al público infantil al principio, pero poco a poco y en su final lo logra. Eso sí, para los adultos que sabemos que lo esencial es invisible a los ojos, el principito será una obra mayúscula. La dificultad de jugar con dos dimensiones la han superado, han cuidado los detalles al máximo.

Lo más importante: han sido respetuosos con la obra original, pero al mismo tiempo se han tomado algunas libertades.

Lo peor: olvidarte en casa los clinex.

Lo siento, Inside Out, el pequeño de los cabellos del color del trigo te ha destronado. Aún estáis a tiempo de disfrutarla, no os la perdáis.

Y recordad: “Crecer no es el problema, olvidar lo es”.

“–Los hombres han olvidado esta verdad –dijo el zorro–. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa.

Soy responsable de mi rosa… –repitió el Principito, a fin de acordarse”