Que sean fascistillas, pero que no se les note

Hombre, es que van provocando.

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Santiago Abascal, líder fascistilla. Europa Press

A ver, verán ustedes, yo no me quiero meter en la vida de nadie. A mí que alguien sea un fascistilla no me importa. Todo el mundo tiene sus fallos, sus errores, sus cosas. Que no me meto yo en la vida de nadie, pero, hombre, que hagan esas cosas…

El orgullo fascistilla

Yo, francamente lo digo, no veo necesario que se haga un día del orgullo fascistilla. ¿Reclamo yo un día del orgullo demócrata, ni nada? No, ¿no? Pues eso, que me parece incomprensible. No veo la necesidad. Luego van por la calle con esas pintas, con esos grises, esa gomina, ese brazo para arriba, lo ven los niños y, claro, se les pega. Lo que tampoco sé es si esto de ser fascistilla es una cosa genética o se pega.

Es que, a ver, lo del orgullo fascistilla a mí me tiene preocupado. Mire usted, yo no voy por la calle diciéndole a todo el mundo que me gusta votar cada cuatro años. “Oiga, yo es que lo de meter el voto en esa urna, tan cúbica, pues me gusta”. No lo hago. Ni me voy a Melilla a besar a inmigrantes para demostrar que me gustan los Derechos Humanos. Ni mucho menos cojo y voy a un periodista y le digo: “Ole tus genitales, escribiendo ahí lo que te de la gana siempre y cuando esté basado en la veracidad y con sus fuentes contratadas. Más tenías que escribir sobre lo que pasa en el mundo, que pa’ eso eres fundamental para la democracia”.

Entonces, eso, que no lo entiendo. Que puede ser que alguien, por la razón que sea, esté en una fase tonta y diga: hala, pues soy fascistilla. Pero, ¿este cansinismo que se traen? Ni mijita lo veo yo normal. Que yo puedo entender que el que es fascistilla no puede dejar de serlo, y ahí no podemos hacer nada. No obstante, el resto de las personas normales no tenemos porqué verlo. Que sean fascistillas si no tienen más remedio, pero que lo sean en su casa. Que sean fascistillas, pero que no se les note.

Les deseamos a todos y todas un muy feliz día del Orgullo LGTB.