Quedarse sin vacaciones

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Foto Europa Press

A raíz de las audiencias reales para consultar con los distintos líderes políticos sobre quién debe ser el llamado a formar Gobierno, un comentario periodístico me llamó la atención; decía, casi textualmente, que “en caso de no conseguirse acuerdo en los próximos días para la formación Gobierno, el rey se perderá las vacaciones”. Si no es exacta la cita, al menos es el sentido que tenía.

El comentario periodístico me hizo reflexionar: querrá decir que corre el riesgo de quedarse sin vacaciones de verano, porque, al menos es público, en Navidad y en Semana Santa, la familia real se toma unas buenas vacaciones en la nieve, en el exquisito y elitista escenario de Baqueira Beret ú otra estación invernal similar. Algo que la inmensísima mayoría de los ciudadanos españoles ni siquiera nos planteamos. Unas vacaciones pagadas con los impuestos de todos los españoles y en las que, en el caso del veraneo, incluye yate de lujo amarrado en el pantalán clasista al que tan sólo puede acceder una minoría privilegiada, muy, muy privilegiada.

Sinceramente, no me causa ningún remordimiento de conciencia que don Felipe VI no pueda irse de vacaciones a Mallorca este año. Y en todo caso, la culpa sería de una clase política incapaz de solucionar el tema de la formación de Gobierno, nunca de los ciudadanos que votan lo que les da la gana, como corresponde en democracia,

Hay un gran número de españoles que no se pueden permitir el lujo de irse de vacaciones, porque es un auténtico lujo. Pregunten ustedes en qué hotel van a pasar sus vacaciones los millones de españolitos que ganan menos de 600 euros al mes por 10 horas diarias de trabajo. Pregunten a los que tienen la espada de Damocles de una hipoteca cuántas estrellas tiene el hotel donde van a ir a descansar. Pregunten a los pensionistas que llevan dos familias con 800 euros de pensión a qué balneario van a irse 15 días. Podríamos seguir citando ejemplos, haber hay miles porque cada casa, cada ciudadano, es un mundo.

Que se diga en época de crisis que alguien no puede irse de vacaciones porque tiene que cumplir una obligación por la que es muy, pero que muy bien pagado, es algo rocambolesco cuando no, digámoslo sin rodeos, cínico y vergonzante. Cada uno de esos casos, que todos conocemos y que tenemos al lado de nuestra vivienda, sí que es un gran sacrificio; lo de las vacaciones reales, la verdad…

Por otra parte, se nos presenta al Sr. Rajoy como el nuevo súper héroe de la cosa patria. Algunos que pensamos que no hace ningún heroísmo sino, que acatando el mandato constitucional, lo único que hace es cumplir con su obligación. Si don Mariano Rajoy se ha presentado a estas elecciones, asumiendo el compromiso de ser el candidato a la investidura y el PP ha sido el partido más votado, es precisamente el Sr. Rajoy el máximo responsable y el mayor culpable si no es capaz de llegar a acuerdos con el resto de las fuerzas políticas para formar un gobierno, cuya forma ha expresado con su voto la ciudadanía. Y lo demás son monsergas, engañabobos y maniobras de trailero de poca monta.

El Sr. Rajoy ni debe ni puede eludir responsabilidades. Su anterior actitud, a raíz de las anteriores elecciones, fue algo indigno, impresentable para una persona que dice estar al servicio de su país. Claro que a lo mejor pesa mucho en el ánimo del aspirante puede ser que su partido, el PP, esté sentado en el banquillo de los acusados en dos casos distintos. Eso, en cualquier país democrático, lo inhabilitaría para ser candidato a nada. Es más, muy probablemente llevaría a la ilegalización de la formación política implicada. Que un partido acusado por dos veces de cometer delito, presuntamente inocente, eso sí, mientras no recaiga sentencia judicial, pretenda que su líder sea el Presidente del Gobierno, es algo que nos debería hacer pensar a los ciudadanos españoles sobre la calidad de la democracia que tenemos. En otros casos, porque venía muy bien a la campaña electoral para perjudicar a otros, se ha hablado de repúblicas bananeras a voz en grito.

Claro que a nosotros, a los latinos nos diferencia una cosa muy importante de los países de cultura sajona. Para los sajones los delitos monetarios tienen tanta importancia que dan con sus huesos en la cárcel los que los cometen. Delinquir contra la hacienda pública en EE.UU, por poner un ejemplo muy del gusto de los conservadores españoles, tiene la máxima gravedad para los tribunales de aquél país.