Radical y condescendiente

Rechazo ese significado de la palabra radical en el que se busca la rabia y el todo-vale para conseguir un fin.

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Ángel Gabilondo, foto de Europa Press.

Se usa radical como extremista y como extremista se puede llegar a hablar de aquellos que son fans de los extremos, como por ejemplo, de Joaquín Sánchez, que ocupa (sin “k”), el extremo derecho del Real Betis Balompié.

Se usa radical como si fuera malo, al revés. Radical es el que va a la raíz de las cosas. Quien no sea radical corre el riesgo de tan sólo rascar en la superficie de las cosas haciendo un análisis versátil, movible, ligero y alejado de lo que puede ser algo profundo, cayendo en una tautología de palabras bien sonantes que sólo se diferencia de aquello de “un vaso es un vaso” en la estética de lo dicho.

Quién es radical, al contrario, ha ido hasta lo más profundo de una idea. Digo yo que habrá valorado cada una de las causas y que habrá caído en varios errores que, si pretende hacer bien las cosas, habrá intentado corregir.

Rechazo, por tanto, ese significado de la palabra radical en el que se busca la rabia y el todo-vale para conseguir un fin concreto, de hecho, acusar de radical a un partido es una forma banal y condescendiente de cara a la ciudadanía de criticar no las ideas, sino el prestigio.

Y eso dice mucho de los vasos comunicantes, pues no sólo dice del criticante que no ha visto la esencia de un discurso, también dice que el que escucha no tiene intención de hacerlo.

Al otro lado, Pablo Iglesias, el llamado radical, es en realidad marxista-leninista que habla de socializar los medios de producción en la Jot Down y de socialdemocracia en La Sexta. Quiénes le llaman radical tiene pereza de entablar un diálogo sobre porqué su ideología es mejor que el marxismo, y miren que es una batalla no demasiado difícil de ganar.

No es radical, pues, como el resto de los partidos, no ha ido a la raíz de su ideología, la ha pasado por encima para que sea más vendible, más consumible, como en un producto de marketing más en el que Pedro Sánchez pone detrás de sí mismo una bandera de España, Albert Rivera no dice más que medias verdades y Rajoy baila la danza de la lluvia como si fuera Cherokee, a ver si así baja la factura de la luz.

En lo que sí es radical Podemos como conjunto (si me permiten el chiste, pues no trato esta frase como algo más que esa anécdota lingüística) es en esa condescendencia con la que trata a cualquier cargo del PSOE (no digamos su militancia), como si no tuviera razones para estar ahí, como si militar en cualquier causa que no fuera el propio Podemos no fuera más que algo irrisorio. Esa forma de hablar del PSOE y de decirle lo que tendría que hacer si fuera socialista de verdad se me viene a la cabeza con unos tintes de superioridad intelectual que reconozco falsos.

Cuando hablan los por mi respetadísimos Doctores Iglesias o Errejón, parece que Ángel Gabilondo, por decir un nombre, no es Catedrático de Filosofía. Niego la mayor.