Raül Rey: “Del Castillo es muy bueno construyendo sensaciones, pero no emociones”

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Andalucía al Día, Líbera

Posiblemente vivamos en la época de la Historia con más libertades para la ciudadanía: nunca antes habíamos tenido tanta libertad de expresión ni nuestras palabras habían gozado de mayor difusión (Twitter, Facebook, blogs…); tampoco habíamos tenido mayor libertad de información ni mayor capacidad para viajar casi a cualquier rincón del planeta. Esto también implica que debemos aprender a gestionar esa libertad para no hacernos daño ni hacérselo a quienes nos rodean y nos quieren, es decir, debemos aprender la responsabilidad, con el fin de no convertir la libertad en libertinaje. De esto habla Líbera, una nueva obra de José María del Castillo.

Para esta ocasión el director y guionista ha contado con un elenco muy nutrido de actores solventes, que saben hacer bien su trabajo. Se unen en el escenario distintas disciplinas (texto, música, danza, expresión corporal…) que ensamblan correctamente y dan peso a la obra. Es muy valiente contar con música en directo y con cantantes, que a veces aligeran el peso de la tragedia y otras la refuerzan. El trabajo humano, por lo tanto, funciona, no así el ensamblaje de las distintas escenas: lo que parecía una comedia se convertía por momentos en tragedia; lo que parecía una tragedia griega se convertía en un drama contemporáneo o en un musical o en un pastiche de escenas inconexas donde aparecían personajes de otras obras (Esperando a Godot, Hamlet, Antígona…) que apenas aportaban nada al contenido, no ayudaban a avanzar la trama y no dejaban ningún poso en la misma.

Del Castillo es muy bueno construyendo sensaciones, pero no emociones. La puesta en escena es muy estética, coherente y efectiva. El juego de luces embellece las escenas. La música es buena y aporta profesionalidad a la obra. Y los actores, que son muchos, se mueven con total solvencia por el escenario, de manera limpia y sin estorbarse los unos a los otros. Además han optado por muy pocos elementos de atrezo, lo cual ayuda al espectador a centrarse en el texto y en la historia contada.

Sin embargo, da la sensación de que el autor quiera obligarnos a emocionarnos, como sin duda se emocionaba él mientras escribía y creaba Líbera. El personaje principal resulta inmaduro, lo cual es lógico, porque se trata de una chica muy joven. Pero la madurez no aparece a lo largo del viaje iniciático a que se somete. Por otra parte, algunos giros no se entienden, como que al final de la obra quiera regresar junto a una madre que hace cariñosa a Bernarda Alba. De hecho, al principio del espectáculo no queda nada claro si Líbera ama o no a su amante, pues lo entrega vilmente al castigo de su familia (y se enfada y se sorprende de que el chico rehaga su vida). Pero sin duda lo peor de la obra es el monólogo con que cierra (no así la actriz que lo interpreta), tan melodramático, dirigiéndose directamente al público y explicándole lo que hasta el momento no era el tema de la obra: el amor y cuidado de los hijos. Un monólogo larguísimo que intenta desesperadamente y sin conseguirlo que nos emocionemos.