“El texto de esta obra es conmovedor y necesario para ponernos frente a nuestros más atroces fantasmas”

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LOS-SUEÑOS-DE-FAUSTO

España nunca ha tenido la valentía de curar sus propias heridas. Después de una guerra civil y de casi cuarenta años de dictatadura feroz, encaramos en su día la democracia con la condición de olvidar. De hecho, han sido necesarios casi otros cuarenta años para que nuestra tímida ley de memoria histórica eche andar a cuentagotas. Se nos acaba el tiempo: aquellas personas que vivieron el horror de la guerra y sus secuelas están desapareciendo sin poder recuperar a sus allegados, sin poder darles la dignidad de una sepultura a la que llevarles flores.

Y como los diferentes gobiernos por los que hemos transitado se han empecinado en el olvido y la ignorancia, es necesario que el teatro hable, que exponga nuestros fantasmas, que denuncie las continuas injusticias que nos tocó vivir. Esto hace Flores de España, escrita por el prometedor Raúl Quirós y dirigida por Miguel Ángel Quirós.

La obra propone tres cuadros en los que se repasan distintos hechos incómodos de nuestra más reciente historia. En primer lugar nos encontramos un monólogo que recuerda al realismo mágico de Pedro Páramo, de Juan Rulfo: un fusilado nos narra su vida y su paciencia durante setenta años a la espera de que vengan a darle sepultura en un cementerio. Ya no le queda nadie: ni su mujer, que también murió; ni su hijo, que nació ya sin padre, creció, envejeció y también falleció sin conocer el paradero de su progenitor. En realidad solo queda ya el hijo de quien lo mandó a asesinar por secundar una huelga de jornaleros del campo, el último testigo de los hechos, el único que aún recuerda pero no quiere recordar.

La impunidad de los vencedores de la contienda permitió que se siguieran cometiendo crímenes y atropellos durante el largo amparo de la dictadura. Incluso en los postreros coletazos de la misma se vivió en España la desaparición de incontables criaturas recién nacidas que, contra la voluntad de los padres naturales, pasaban a manos bien entendidas con el régimen. Desapariciones silenciosas que en la mayoría de los casos no conocieron nunca la verdad y no pudieron reencontrarse con las personas que les dieron la vida.

El último de los relatos tiene nombre propio: Enrique Ruano. Porque no todas las víctimas del franquismo fueron anónimas. Y las que tuvieron nombre y apellido resultaron las más incómodas: crímenes cometidos en el corazón de un régimen antidemocrático que nadie ha querido aclarar cuando hemos tenido la oportunidad, bajo la máxima de que era mejor olvidar, que era mejor no remover. El policía que mató a Ruano se ve obligado a convivir con sus propios remordimientos, con el intento frustrado de muchas personas que han querido rescatar a tantos torturados y desaparecidos.

El texto de esta obra es conmovedor y necesario para ponernos frente a nuestros más atroces fantasmas. La dirección de Miguel Ángel Quirós es muy solvente, igual que la escenografía, tan sencilla como eficaz: una estructura que nos recuerda a un reloj de arena; un reloj de arena que nos recuerda el paso del tiempo y las fosas y las víctimas enterradas y ninguneadas. Y tres actores, Rubén Labio, Ana Gijón y Emí Caínzos, que defienden con entereza, coraje y firmeza la valentía de un texto totalmente necesario.

Aún tienen la oportunidad de ver esta obra que recoge algunos de los hechos más escalofriantes del último siglo de la historia de España. Teatro reivindicativo que no olvida. No se lo pierdan.

Esta noche en Centro TNT (Sevilla) a las 20.30 horas dentro de la programación del feSt. tienen oportunidad de volver a ver Flores de España de la compañía Los Sueños de Fausto.