Las dos razones para que no haya debate de ideas en el PSOE

La falta de programa por parte de la candidatura de Díaz y las afrentas personales hacen imposible un debate de ideas.

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Imagen del Comité del PSOE. Europa Press.

En las primarias del PSOE se están escuchando unas frases apoteósicas. El otro día el Alcalde de Calasparra llamaba a la Gestora mafiosa; hará cosa de un mes, el malagueño Heredia explicaba en un tono censurable todo lo inexplicable que fue octubre. Con demasiados pelos y demasiadas señales, me atrevería a decir. Mientras la vulgaridad se hace parte de la familia, en ambas candidaturas hay quien pide un debate de ideas como quien pide hielo en el desierto.

La primera razón: Díaz no tiene programa. 

Me gusta una frase que se me vino en cosa de octubre: Me encantaría votar a Felipe de Borbón en unas elecciones, pero no me dejan. Con Díaz me pasa parecido, que me encantaría debatir sobre proyectos, pero (al contrario que López y Sánchez) ella no ha presentado ninguno. He ahí la primera razón por la que no puede haber un debate de ideas entre tres, porque Díaz no las tiene o, al menos, no hay un documento donde las explique.

Siguiendo su concurso de obviedades, ahora se limita a decir que quiere ganar. Lo cierto es que Díaz ha ganado sólo unas elecciones con el peor resultado de la historia del PSOE Andaluz y, en el plano orgánico, nunca ha ganado unas primarias porque tanta es la libertad del aparato que sus rivales toparon con una interpretación de los avales a la que vamos a llamar, no sin retintín, rigurosa. No obstante, si lo dice la señora Presidenta, tendremos que suponer que a ella le gusta ganar y al resto le gusta perder. Aparte de eso, no hay una sola idea sobre la mesa.

Y no es que Sánchez pueda dar grandes lecciones, precisamente. Si por un lado escuchamos la insultante obviedad de que a Díaz le gusta ganar, al otro lado hemos pasado del “no es no”, al “sí es sí”, que me resulta el equivalente político a decir que el fútbol es fútbol y que se juega once contra once. Sin embargo, de Sánchez sí tenemos un documento al que apenas hace referencia, él sabrá.

Ahí está la gran diferencia, que no se puede andar pregonando las bondades de un debate sobre proyectos y sin personalismos cuando no hay proyecto del que hablar.

Asistimos, una vez más, a la imitación de una tertulia rosa en la que las candidaturas dicen que tal es tal cosa y este otro, tal otra. El único que ha salido al paso con las razones por delante ha sido Javier Fernández en una carta a Iglesias. El resto de los porqués bien razonados siguen desaparecidos y los discursos que escuchamos son más de tarot que de raciocinio.

Por mi parte, y a este respecto, considero que el PSOE está abandonado porque no debate nada de lo que diga el resto; porque la guerra dialéctica con los demás es zafia, demagógica y absurda. De hecho, ayer López dijo en Almería que la economía debía de estar al servicio de la sociedad y la frase cayó como del cielo.

Y la segunda: personalmente, se odian.

Aunque López y Sánchez hayan presentado su programa, éste ha sido tan leído como los de las campañas electorales, es decir, nada. Más allá de las futuribles y esperadas ideas que puedan venir, da la impresión de que, en realidad, los apoyos vienen dados no por admiración a lo propio, sino por desprecio de lo ajeno.

Atendiendo a esto, no han sido pocos ni pocas los que se han dispuesto contra quien no les metió en tal o cual ejecutiva o, por contra, contra quien le sacó de tal o cual sitio.

El ser humano nunca tendrá la fortuna de que dos facciones de una casa se odien por lo que piensa cada cual, eso sería épico, una batalla de ideas a lo grande. Pero a Menelao no le fastidiaba que Troya adorase a Apolo, sino que Helena se fuera con uno de allí; desde la Iliada, todas las historias de rivales impetuosos tienen como principio una afrenta personal.