Reflexionar es necesario; cambiar de opinión, una consecuencia

Reflexionar es sano y eso te puede llevar a cambiar de opinión.

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Andrea Levy, que representó el cambio de opinión del PP respecto al orgullo LGTBI.

Siento en la fuerza (por así decirlo) que se confunde el cambiar de opinión con cambiar de ideales. Recientemente, con lo fácil que es tener una hemeroteca, noto que cualquier cosa que se haya dicho a lo largo de una vida va a tener una excesiva repercusión en el futuro.

No obstante, reflexionar sobre lo que se piensa sobre el mundo es algo de lo más sano. De alguna forma, quiero pensar que quien reflexiona se depura a sí mismo. La clarividencia viene de ahí, de haber pensado mucho.

A su vez, reflexionar es inevitable cuando hablas con alguien que no piensa como tú y le tomas en serio. Si no se toma en serio lo que se escucha, claro está, reflexionar es onírico. No obstante, también considero cierto que si no se toma en serio a quien no piensa  como uno, es más que probable que se sea un neandertal (democráticamente hablando).

Dicha reflexión puede llevarte a confirmar las razones que tienes para pensar así o puede hacer que te lo replantees. Por lo que a mi respeta, cada vez que hablo con alguien homófobo me reafirmo en que hay gente que no vive en España, sino en Iberia; pero cada vez que alguien feminista observa que me equivoco, reflexiono qué dice y por qué y, de ahí, intento sacar mis conclusiones.

Luego están las experiencias vitales, claro. Una vez, en un bar, un hombre tan sabio como conservador afirmó que cambió de opinión respecto a la adopción del colectivo LGTBI porque un amigo suyo salió del armario: “¿Cómo no voy a estar a favor, si mi amigo sería igual o mejor padre que yo?” Touché.

Quien no va a cambiar de opinión es el que, encerrado en su casa, no habla con nadie; no escucha; no lee… En conclusión, cuando uno afirma no haber cambiado nunca de opinión, lo que me da a entender no es que tenga entereza política, sino, más bien, inmadurez vital, que es mucho peor.

En caso de cambiar de opinión, hay que intentar que sea creíble

La comunicación política tiene unos intríngulis de tanta altura que quizás no es merecida. Resulta ejemplar de cómo se mueve el mundo lo siguiente: Puedes comunicar haber cambiado de parecer y no haber cambiado nada. Del mismo modo, puedes haber cambiado y, si no lo comunicas, seguir siendo el mismo para el resto del mundo.

Recientemente pensaba sobre lo raro que fue ver en el Orgullo al Partido Popular. Si han cambiado de opinión, que sean bienvenidos, pero deberían habernos explicado cual fue el motivo del cambio. Ver a representantes del PP por allí fue extraño. Bien estaría que se admitiera el cambio, salir a una rueda de prensa (en fin, soñar es gratis) y explicarlo, mandar un comunicado, lanzar un artículo o una tribuna en un diario… Habría que haberlo hecho creíble para poder recibirles como a alguien que ha reflexionado y reconocido sus errores, y no con los merecidos miramientos de quién parece que está ahí para quedar bien.