“Un relato de oscuridad doméstica, de erotismo velado, de pequeños placeres que falsean la libertad”

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Andalucía al Día, Una casa en Bleturge, Isabel Bono

«[…] si de verdad nos doliera todo tanto, si no pudiéramos con el dolor, ¿no crees que la mitad de la Humanidad ya se habría suicidado?»

 

Bleturge es un lugar de confluencias desposeídas, de mentes abocadas a escapar cotidianamente de la cotidianeidad. Bleturge es no-dolor, es no-soledad; pero no es placer ni compañía. Es plenitud que comienza con un mail desconocido.

Isabel Bono construye la historia como se construyen los recuerdos: a pedazos inconexos, retazos a vuelapluma que condensan horas de existencia. Pequeños capítulos que obedecen a uno u otro episodio de un día cualquiera en una familia que, en vez de cruzar ellos la línea de lo desconocido, ha sido la línea la que los ha atravesado a ellos.

Lo desconocido, la muerte. Un pequeño de seis años que ya no tendrá más cumpleaños; una hermana que se acerca por igual a la madurez y al nihilismo; un padre que hace de santuario la indiferencia y el rencor; y una madre que, en la vorágine, es autoproclamada a la vez responsable y corpus delicti en el drama. Es un relato de oscuridad doméstica, de erotismo velado, de pequeños placeres que falsean la libertad. Es el relato de una mujer víctima de una culpa impuesta.

Recomiendo leer Una Casa en Bleturge, a poder ser, en la calle. A pesar de que la lectura es un hábito que requiere calma y concentración, Isabel Bono nos traslada a un escenario al que podemos viajar literalmente, si se me permite la obviedad: la cotidianeidad. Por eso leí este libro en la calle: paseando, en alguna terraza, en la estación de trenes… porque los personajes, en el fondo, están ahí, están aquí.

No esperen encontrar una novela lineal, con una historia bien definida y subtramas intrigantes. De hecho, si me lo permiten, la historia es bastante sencilla de seguir, y las diferentes experiencias de la protagonista se van arrejuntando en un solo núcleo que, de cara a la segunda mitad de la obra, irradia empatía. No existen los personajes cariñosos, entrañables y carismáticos. Una Casa en Bleturge no es una novela que leer para matar el tiempo; es una narración que muestra cómo el tiempo nos mata.

Una introspección de trescientos sesenta grados que encadena una imagen detrás de otra y que se despliega a través de personajes anónimos y sus pecados. Una Casa en Bleturge es como un refugio en sí misma, y es una lectura con la que es imposible no valorar diversos planos de nosotros mismos. Isabel Bono demuestra una sensibilidad fuera de órbita y creo que esta “primera novela”, en palabras de la autora, está muy bien precedida de su obra anterior y muy bien premiada de cara al futuro.

Sin duda es una obra generacional, que atiende a preocupaciones de una edad concreta, madura, una edad donde reflexionar sobre el curso de una vida es inaplazable. No es, sin embargo, óbice esto para que un público más joven preste atención y aprenda. No es una obra para la sensibilidad de todos los públicos, pero tal vez eso sea lo que la hace más interesante. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez cómo escapar del dolor mientras sube en ascensor?