Religión como ente examinado desde la Ciencia Social

Los Gobiernos del S. XXI deben seguir la deriva laica de los tiempos. Si uno pretende aprender a creer en Dios, debe acudir a la Iglesia.

241
Museo del Prado. Europa Press

Isabel Celaá, Ministra de Educación y vocera del Gobierno, anunciaba que religión dejaría de tener valor académico. A su vez, “Valores cívicos” se convierte en una asignatura obligatoria. Ambas medidas son más que necesarias pero, como casi siempre cuando se trata de educación, los matices mandan.

La religión y el Prado

Uno entra en el Museo del Prado y gira a la derecha. Según lo hace, se encuentra a la izquierda una gran sala redonda y, a la derecha, los retratos de la sublime Anguissola. Dejamos a la artista italiana y seguimos a izquierda, pasamos la sala enorme. Unas escaleras, las subimos y, cuando ya estamos en la segunda planta, nos encontramos a un hombre crucificado.

El cuadro lo firma Velázquez, que plasma al crucificado en una profundísima paz post-mortem. La técnica pictórica es sublime. La sangre seca en el lugar donde tiene colocados los pies, por ejemplo, es un alarde. La sombra que recorre, breve, el fondo del cuadro refleja algo que la conciencia no alcanza. Diría que Velázquez plasma a través de esa sombra un sufrir previo a la muerte. Todo es paz, ahora.

Hay que saber que religión, entre otras cosas, para entender ese cuadro. Para bien o para mal, gran parte de la historia del arte en Europa es religiosa. Entender el arte que vemos, ya sea una escultura, una pintura o música, nos da más perspectivas sobre prácticamente todo.

La religión y el mundo en el que vivimos

Además de eso, gran parte de nuestras tradiciones giran en torno a la religión. No tendría sentido organizar la Semana Santa de Sevilla, Granada o Málaga si no se supiera quién es el que está arriba. Amén de lo anterior, “la paja del ojo ajeno” es una frase bíblica. “Es un buen samaritano”, es otra. Este, además, es conveniente recordarlo. El buen samaritano no reivindica la bondad de quienes vivían en Samara. Antes que el samaritano, pasan dos sacerdotes que, de tocar un cadáver ensangrentado, quedarían impuros y no podrían ejercer los ritos religiosos.

No es tanto un argumento en favor a los samaritanos como una crítica a la ortodoxia. Es decir, que hay que saber de religión aunque sea para que una de las instituciones más poderosas del país no gane un solo debate. Y es que los obispos han querido ser ortodoxos tantas veces como han dejado de ayudar a quien estaba en el suelo. Hay que saber de religión aunque sólo sea para saber pagar con su moneda a quien tantas veces ha pretendido engañarnos.

La Religión como ente examinado desde la ciencia social

Los Gobiernos del S. XXI deben seguir la deriva laica de los tiempos, qué duda cabe. Si uno pretende aprender a creer en Dios, debe acudir a la Iglesia. No obstante, si uno quiere aprender de una forma científica-social qué influencia tiene la religión en el mundo, debe tener esa opción. Y no sólo en el lado católico, en el mundo cosmopolita y comunicativo en el que vivimos, saber de otras religiones se convertirá en un elemento de integración en el futuro.

Si bien la islamofobia es un hecho, no es menos cierto que el cristianismo también es perseguido. La solidaridad y la tolerancia tampoco entiende de creencias. El gran fallo de la asignatura de religión es que se centra en cómo enseñar a creer y deja de lado el estudio del mito. Es decir, se convierte en los bises de la catequesis. Lo que se crea, de esta forma, no es otra cosa que ignorancia, que es, a su vez, lo que lleva a la falta de comprensión. Lo mismo sucede con el islamismo y con el judaísmo.

El conocimiento y la ciencia, en el centro

El conocimiento exime de todas las fobias del mundo y también de las opresiones. En el caso del catolicismo, la falta de libertades que pretende seguir ejerciendo la Conferencia Episcopal ha de ser arrancada de raíz. Dado esto, saber de religión, saber porqué han sucedido todas las monstruosidades atribuibles a la Iglesia católica, puede convertirse en una suerte de memoria histórica. Si bien entender el Crucificado de Velázquez me resulta ineludible, “La expulsión de los judíos”, de Sala Francés, también nos ayuda a explicarnos a nosotros mismos.

Saber de religión en España resulta, pues, necesario. No obstante, la diferencia está en que en la asignatura debe examinarse qué es la religión; muy a diferencia de lo que es en la actualidad, un lugar donde se aprende a creer, quedando apartada la ciencia.