Repatriaciones selectivas

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Andalucía al Día, Ana Huete
La española Ana Huete entre las víctimas del terremoto de Italia

No pretendo escribir un artículo crítico por el mero hecho de morder el cuello a los responsables (no voy a poner sigla alguna). Entre otras cosas porque no me parece lícito jugar con sentimientos tan profundos como los que afloran cuando ocurre una desgracia que afecta a la intimidad de las personas. Es más, y lo digo con toda franqueza, mi única sensación al escuchar la noticia fue quedarme en blanco: ¡no podía creer lo que escuchaba!

Cuando he leído las noticias, luego refrendadas por los medios audiovisuales, de que no se podía repatriar a la chica granadina fallecida en Italia a causa del terremoto, me he quedado de piedra. Me pregunto ¿no hay NINGUNA administración (sea local, autonómica o nacional) que pueda gastar diez o doce mil euros, o treinta mil tanto da, para que los padres de esta chica puedan al menos tener su cuerpo cerca de ellos?

Afloran cuestiones tan inhumanas que no podemos dar crédito a los argumentos que se aportan por los portavoces de turno: “no hay crédito (¡es decir, jodido dinero!) ni razones de urgencia, ni razones humanitarias”. Creo que no tienen claro lo que son sentimientos humanitarios.

Ha habido dos ocasiones, y ruego que nadie lo tome como crítica acerva que tan sólo pretende hacer sangre en la yugular, en que han pesado mucho algunas razones, al parecer sí humanitarias y de urgencia: cuando se trajeron a los dos religiosos infectados de ébola y cuando se pagó el rescate por los dos periodistas secuestrados. Ambos casos son muy recientes y creo que no es necesario ahondar en ellos.

Conste que no estoy en contra de que se repatríen compatriotas españoles que se encuentran en situaciones difíciles fuera de nuestro país, todo lo contrario, y además sin distingos de razas, creencias o condición de seglar o religioso. Lo que ocurre es que, o no se pesan en la misma balanza todos los casos, o las razones son simplemente de oportunismo puro y duro. No me extiendo más porque, repito, no quiero ahondar las heridas.

Es necesaria la intervención de alguna de las administraciones, sea nacional, autonómica o local, para dar calor y solución humana a tan desgarrador y luctuoso suceso.

¿No hay razones humanitarias en traer el cuerpo de una mujer fallecida en un país extranjero a sus familiares para que le den sepultura? Quien diga eso es que tiene muy poco de humano y mucho de alimaña.