“Esta obra es prácticamente un acto de psicomagia de Alejandro Jodorowsky”

2026
Andalucía al Día, Lola en soledad

Hoy en día creemos que tenemos superada la aceptación social hacia cualquier tipo de homosexualidad. Lo suelen creer personas que no pertenecen al colectivo LGTB, del mismo modo en que los hombres creen que el machismo es cosa del pasado o los blancos piensan que no existe racismo ni xenofobia. Pero no es así. Y mucho menos lo fue para todo un grupo de personas que hace décadas tuvo que marcharse a lugares más abiertos de mente para poder ser quienes eran. Un claro ejemplo sería José Pérez Ocaña, pintor nacido en Cantillana que emigró a Barcelona para desarrollarse como artista y ser humano.

El caso que nos cuentan en Lola en soledad, obra teatral basada en hechos reales, es muy similar al de Ocaña: Lola nace en Sevilla siendo Juan y pronto debe enfrentarse a la marginación y el desprecio de sus allegados y sus vecinos. Por esta razón, al cumplir los dieciocho años se marcha a la ciudad condal, luego a Europa, donde trabaja como artista de variedades y va, poco a poco, degradándose en su soledad, como si la soledad fuera una enfermedad capaz de acabar con una persona.

Lo primero que llama la atención de esta obra es la desnudez del escenario, los pocos elementos apilados en el centro de la escena listos para ser usados y construir todos los espacios que vamos a visitar, lo cual obliga al espectador a usar su imaginación, a ver sin estar viendo. Se nos propone desde la desnudez escénica asistir a la desnudez de Lola, a sus sentimientos y su más profunda intimidad. Gracias a tan efectiva dirección, que muestran un dominio grandísimo de la teatralidad, Carlos Álvarez-Ossorio permite al espectador asistir a este desabrigo con cierto pudor, con ternura, con sobrecogimiento, que no paran de crecer a lo largo del espectáculo. Muchas son las obras que me hacen reír, pero muy pocas las que me hacen llorar, y Lola en soledad lo ha conseguido. Porque te adentra en un universo propio y coherente, desde el texto a la dirección o las más que solventes interpretaciones de Rosario Lara y de Gregor Acuña-Pohl, que hacen que casi te olvides de que estás viendo teatro.

Esta obra es prácticamente un acto de psicomagia de Alejandro Jodorowsky: una mujer contrata a un actor para que interprete a su hermana transexual, le ayude así a recordar los momentos juntas (“La realidad son recuerdos inventados”, dicen en la obra), y sobre todo le permita decirle lo que no pudo decirle en vida. Lola en soledad no es solo una obra que habla del colectivo LGTB, sino que trasciende para tratar la marginalidad, el amor y especialmente la culpa, que parece ser el tema central y el más impactante de todos ellos. De hecho apenas se reflexiona sobre la condición de transexual de Lola, simplemente se nos muestran sus luces y sus oscuridades, su ascenso a la realización artística, su descenso al infierno y la decadencia y, por encima de todo, su honestidad a la hora de vivir.

No se pierdan este espectáculo. Últimamente pocos son los espectáculos que hablan así del ser humano.