‘Eroski Paraíso’, pura metáfora de la vida

294
Eroski Paraiso

¿Qué es el ser humano? Podríamos definirlo desde una óptica zoológica, evolutiva, histórica, filosófica y otras muchas. Pero si pensamos realmente qué somos, qué nos define, qué nos importa realmente de aquello que nos define, diremos que somos nuestro aquí y ahora, y sobre todo nuestro pasado, las decisiones que tomamos, fueran aciertos o errores, y que nos han traído donde estamos. Y también, por supuesto, las decisiones que nuestros padres tomaron por nosotros y que nos han marcado para siempre y sin remedio.

De eso trata Eroski Paraíso: Una estudiante de comunicación audiovisual decide realizar un documental sobre la vida de sus padres, empezando por una fotografía donde se les ve a ellos la noche que se conocieron y que la concibieron a ella entre las paredes de un cementerio. Esta, en realidad, podría ser la historia de muchos gallegos, vecinos de Muros y alrededores. Porque esta obra es en sí un documental: parte de un proceso de investigación honesto en el cual la compañía Chévere trató de indagar sobre una sala de fiestas llamada Paraíso, que acabó siendo un supermercado Eroski. Pura metáfora de la vida también: la juventud, la diversión, la despreocupación de unos jóvenes convertidas en las obligaciones de los adultos, teniendo que trabajar de cajera o pescadera en el mismo lugar donde dio los primeros besos, rodeados de los productos que vuelven a ser una metáfora de la vida: pañales y comida de bebés, cuchillas de afeitar, lastas de comida preparada.

El esfuerzo del director y de los actores va encaminado a lograr una naturalidad totalmente orgánica en escena: el ritmo es el de la vida, los movimientos son los de la vida, las palabras son las de la vida y en ellas se van desentrañando los arraigos y los desarraigos, la emigración, la denuncia del problema social que fue la droga en el pasado de España (y especialmente en el de Galicia), el consumismo masivo, el capitalismo… Todo es tan natural y tan de verdad que el espectador queda rápidamente seducido por la magia del teatro; es más, se olvida de que está viendo teatro y entra a participar como espectador de ese documental que está siendo grabado en ese mismo instante, porque realidad y ficción conviven, se hallan una dentro de la otra y se entretejen: el espectador sabe que lo que ve es un decorado, que la iluminación tan bien dirigida es una iluminación artificial para rodar una película, que el atrezzo es falso, pero que la historia de esa familia de padres separados y reencontrados es verdad, porque es la vida misma. No se pierdan esta tan emocionante como, en apariencia, sencilla obra sobre la familia, nuestro pasado y nuestro presente, es decir, sobre lo que somos.