[Reseña] “Harry Potter and the cursed child” quita el mono

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Imagen del teatro londinense donde se ha estrenado "Harry Potter and the cursed child"

[Esta reseña de “Harry Potter and cursed child” es sobre el texto de la obra de teatro, ya a la venta, no sobre so representación.]

Está bien. Si te has metido en esta reseña para saber si el guión de la obra teatral está bien la respuesta es: Sí, lo está. Pero, aviso, que nadie se haga más ilusiones de la cuenta: Está bien porque es Harry Potter.

La historia empieza donde acabamos: “te pusimos los nombres de dos directores de Hogwarts, uno de ellos era Slytherin, y seguramente era el hombre más valiente que jamás he conocido”. El libro, en realidad, se basa en la personalidad esquiva y atormentada de Albus Severus Potter, un adolescente demasiado adolescente en ciertas cosas. Un amigo suyo y él, convencidos por Delphi Diggory (prima de Cedric), deciden que la muerte del famoso Hufflepuff es injusta y, a través de un giratiempos extraordinario, se plantan en el Torneo de los Tres Magos. Hasta ahí se ha de decir.

¿La parte bonita? Pues eso, quita el mono. Es bonito leer de nuevo sobre Hogwarts, es bonito volver a oír hablar de Dumbledore, de McGonagall… Pero, en realidad, nada que no sepamos, salvo alguna cosa (cual diría Rajoy) que no se ha de decir. ¿Sabíamos que doña Minerva era la directora? Sí. ¿Sabíamos que Ron llevaba la tienda de bromas de los Weasley? Sí. ¿Que  Hermione Granger se convertía en una gran líder del Ministerio? Sí. Pues ya está. Entre las cosas raras está la presencia de Malfoy, no diremos con base en qué: mejor decir, simplemente, que es rara; y la personalidad de Ron, a quién podríamos confundir con Fred o George: de repente, se ha acabado su personalidad propia para ser un tipo bromista hasta la saciedad.

Quitando eso, la obra está escrita para un teatro enorme y con recursos, olvídense de verla representada con modestia y que, a la vez, esté bien. Muy entretenida, muy intrigante, con su pedazo de giro argumental, con su poquito de Magia Oscura y… bueno, con un montón de cosas que ya hemos visto antes, pero que están bien.

Lo que pasa es que, claro, es Harry Potter, ¿quién puede criticar a Harry Potter? Los fans disfrutaremos como enanos, como lo hacemos con los episodios I, II y III (es decir, en las que Ewan McGreggor salva las películas) de la Guerra de las Galaxias. Mucho me temo, eso sí, que quien no sea un pottermaníaco no se va a enganchar tras leer esta obra. Está escrita para nosotros y nosotras, los que nos bebimos los libros, tenemos cuenta en pottermore, esperamos nuestra carta de Hogwarts aún y estamos pensando seriamente en comprarnos una varita oficial de las que valen 40 euros. Y es que Rowling, que es muy lista, sabe que tenemos un mono tremendo y que, cuando terminó la segunda parte de Las Reliquias de la Muerte, muchos le dijimos adiós a Peter Pan, lo cual también es meritorio.

En definitiva, a pesar de esta reseña pedante, qué coño, como ya he dicho: es Harry Potter, y todo lo que salga de Harry Potter está bien. He disfrutado como un niño pequeño.