Sahara Libre, #ReferendumNow

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Andalucía al Día, Sahara
Foto Casa Sahara Sevilla

Ayer sobre las seis y media de la mañana llegaba a casa tras medio día de viajes aparentemente interminables desde Estrasburgo hasta Asturias. Estuve asistiendo como participante y voluntario del Consejo de la Juventud de España al European Youth Event (EYE 2016) organizado por el European Youth Forum, una entidad europea compuesta por los consejos de la juventud nacionales de los estados miembros. El Consejo de la Juventud de España tenía puesta una carpa fija en la que se simulaba una jaima, “caseta” tradicional saharaui, en la que hablábamos de la causa saharaui y nos servía al mismo tiempo como espacio de interculturalidad. Pero yendo a la causa saharaui, es posiblemente una de las peores políticas que ha tenido el Gobierno de España desde hace décadas, y que no parece que vaya a cambiar.

En la década de los 70, el por aquel momento príncipe Juan Carlos firmaba con Marruecos y el complejo mauritano un tratado tripartito denominado “Los Acuerdos de Madrid”, cuyo contenido total no conocemos, pero sabemos que había una parte en la que se cedía la administración legal del territorio no autónomo del Sáhara Occidental a estas dos potencias desde España, y otras previsiones de carácter económico. Esa declaración carecía de efectos, ya que para ser válida debería haber sido ratificada por las Naciones Unidas, cosa que no ocurrió nunca. Que España siga siendo la potencia administradora quiere decir que es la encargada de la redacción de un censo para la celebración posterior de un referéndum en el que se le pregunte a la población saharaui si quieren que el Sáhara Occidental sea un país independiente o no, esto es el llamado, y tan tergiversado en España, derecho a la autodeterminación de los pueblos sometidos a ocupación colonial o violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos.

En ese momento, y amparada por España, comenzó una ocupación militar de la dictadura marroquí que dura hasta nuestros días, y que cada año se cobra más víctimas en los territorios ocupados, y que manda cada vez a más personas a vivir en el exilio ya sea en otro país o en el campo de refugiados del Tindouf, Argelia. Un pueblo separado por un muro ilegal, considerado de los más largos del mundo, rodeado por un área en el que se encuentran instaladas aproximadamente 7 millones de minas antipersona.

Esta es la triste realidad de un pueblo al que se le niega su propia identidad, que vive oprimido bajo el imperium cesaropapista de la Monarquía de Marruecos, a la que de manera vergonzosa se la ha declarado “el alumno aventajado de Occidente”, cuando éste a su vez es el único país africano que no forma parte de la Unión Africana por ser potencia ocupante de otro estado africano. Mientras tanto, la Unión Europea celebra cada año un tratado de pesca con Marruecos por el que nos permitimos expoliar los recursos vivos de los mares del Sahara Occidental, violando así su soberanía económica permanente.

Somos incapaces de cumplir el Derecho Internacional, pero tampoco cumplimos el propio, porque negamos la nacionalidad española a saharauis con documentación de la República Árabe Saharui Democrática, y peor aún, se la negamos incluso cuando presentan los DNIs españoles de sus progenitores, lo que constituye un requisito para el acceso a la nacionalidad en condiciones normales, conociendo como una excepción la de los originarios del Sáhara. Son obligados a acudir a una embajada marroquí para obtener papeles válidos. Nuestra Administración Pública somete a los saharauis a una tremenda humillación para adquirir la nacionalidad española incluso tras más de una década de residencia permanente en el Estado.

Es una situación insostenible. España tiene que cumplir con sus obligaciones, debe facilitar el trabajo para la MINURSO, y mientras tanto debe hacer caso tanto de las solicitudes de asilo y nacionalidad de saharauis, como de las solicitudes de ayuda diplomática de españoles en el Sáhara cuyos derechos han sido vulnerados por Marruecos. Por cierto, en otro orden de cosas: España ya ha recibido a 38 refugiados, sólo nos quedan 15962 para cumplir con nuestro acuerdo con la Comisión Europea.

En el Siglo XXI la democracia, la libertad y la justicia no sólo se deben ejercer intra muros, España debe cambiar su política de exteriores y de asilo, al menos para empezar a cumplir con sus deudas morales.