¿Sainete?

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Foto Europa Press

Algunos dicen que un sainete es el despropósito de una obra teatral, o sea un fracaso. Si estos términos los traspasamos a nuestro país, podemos ver que el sainete es casi continuo: vamos de fracaso en fracaso, cada vez el despropósito se hace mayor. La bufonada de los independentistas, unida a las torpezas del gobierno del Sr. Rajoy han conseguido su objetivo: media Europa se ríe abiertamente de nosotros y la otra media tiene la delicadeza de cerrar la puerta para que no veamos como se parten de risa.

Han quedado al descubierto las vergüenzas del sistema, de nuestro sistema, ese que tantas alabanzas recibió antaño por aquello de la “transición modélica”, que no fue tal transición sino una claudicación en toda regla de las fuerzas que debieron traer la democracia y las libertades a este país y que cedieron el protagonismo, y el diseño del invento, a los sucesores de la dictadura. Y en esas estamos cuando cada día vemos cómo conquistas democráticas de los trabajadores que han costado decenios, son borradas del mapa en unos cuantos días.

El esperpento de la declaración de independencia por parte de un grupo de catalanes que dicen representar al pueblo catalán, cuando representan a una minoría, ha dejando en pelotas picadas a los 40 años de “democracia” a la española. El sistema carece de recursos, entiéndase recursos democráticos, que de los otros ni los queremos ni los añoramos, para afrontar problemas de envergadura, para encontrar soluciones a los problemas enquistados, para lograr una convivencia de todos los pueblos de España. Y todo es debido al inmovilismo del sistema, a la falta de imaginación de la clase política y a la poca participación de los ciudadanos, que también tenemos mucha culpa con nuestro pasotismo, en la “res pública”. Se ha descubierto que las naranjas estaban podridas, no hubo ni interés ni voluntad para removerlas y dejar al descubierto las manchas de podredumbre que, por estar ocultas, daban apariencia de salud, si además se les aplica el olor dulzón de la corrupción, el resultado está cantado: materia corrupta y putrefacta.

Así, en relación con la solución aplicada al conflicto catalán, son muchas las voces, acalladas por sutiles o no tan sutiles amenazas, que han dejado caer la sospecha de encontrarnos ante un burdo sainete casposo, un acuerdo hecho con nocturnidad con el agravante de secretismo, sellado con un apretón de manos entre “caballeros” y con el aderezo de café, copa y puro. Al menos es lo que se dice en las conversaciones entre muchos ciudadanos de este país. Debería el Sr. Rajoy salir al paso para cortar de raíz los rumores y dar explicaciones convincentes. Con las formas con que nos “deleita” el Presidente, dudamos que, aunque hubiera algo cierto, se molestara en explicar nada. Don Mariano se siente instalado en la hornacina de la impunidad y desde allí mantiene la posición privilegiada de los semidioses. Tal vez lo hagamos bajar los españoles con nuestro voto, aunque el sentimiento imperante que se respira nos hace ser pesimistas.

Pero en este país, en nuestra España, lo más pintoresco, desvergonzado y absurdo gana terreno y es ensalzado como si ser (presuntamente) delincuente fuera una nota de honor y distinción. La última, la del ya Ex Presidente catalán, aunque le pese lo de ex: tiene el atrevimiento de dudar del sistema judicial español, lo que significa, dicho sea de paso, que es consciente de haber cometido delito. ¿Cómo se atreve a plantear esas dudas? ¿Cómo se puede mantener una actitud tan desvergonzada y provocadora? Dice el refrán que “piensa el ladrón que todos son de su condición” y no es que digamos que el Sr. Puigdemont sea un ladrón, aunque pudiera ser que dentro de un tiempo salgan a la luz determinados asuntos poco claros, pero que de momento al no haber pruebas, le favorece el beneficio de la duda. Es una auténtica burla lo que ha hecho este sujeto: proclamar una república independiente y salir huyendo con el pretexto de buscar apoyos internacionales, para eludir la actuación de la justicia. El Sr. Puigdemont ha violado las leyes, conscientemente, así se lo hizo saber el Gabinete Jurídico tanto al gobierno como a la mesa del Parlamento catalán. No valen excusas de desconocimiento ni de ignorancia: la actuación fue premeditada y consciente. ¿Como un Presidente de una república recién proclamada con un grupo (no mayoritario desde luego) de ciudadanos esperanzados en conseguir el paraíso prometido, tiene la poca vergüenza de abandonar a sus ciudadanos? Es lo más indecente que se ha visto en política.

Enlazando con el planteamiento inicial, también han quedado al descubierto las miserias del sistema con las alternativas que se ofreció en su momento a la ciudadanía: don Pablo Iglesias y los suyos se han domesticado y adaptado muy rápidamente al sistema, a la “casta” como ellos la denominaban (por cierto que hace una buena temporada que desapareció el vocablo del vocabulario de Podemos). Esa actitud preconcebida de ambigüedad, no es de recibo ante un problema tan grave como el separatismo, mucho menos cuando los derechos de la mayoría son pisoteados por una minoría. Las posiciones que levantan dudas, como ha sido el caso de Podemos, llevan a la desconfianza, al hartazgo y a la desilusión de los que confiaron en sus pretendidas ideas renovadoras y de limpieza del panorama político español.

Hay un axioma que no admite ninguna discusión ni duda: no nos merecemos estos políticos tan planos. Los ciudadanos merecemos algo de más talla que la que nos ofrecen estos mequetrefes.

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Escritor y Columnista en @AndaluciaalDia