Sanchis Sinisterra y El lugar donde rezan las putas: saltos mortales y selectos

Una obra compleja en la que el autor vuelve al meta-teatro y la memoria, quizás, sus señas de identidad más reconocibles.

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Sanchis Sinisterra estrenaba El lugar donde rezan las putas (o que lo dicho sea) el pasado viernes 15 en el Teatro Español. En las tablas, la que se ha convertido en su pareja actoral predilecta: Paula Iwasaki y Guillermo Serrano. Con esta obra, como con Ñaque, por ejemplo, el veterano autor ha construído una torre de marfil. Quien quiera subir, puede hacerlo. Será bienvenido y le pondrán una copa de lo que quiera y, quien no, pues, sencillamente, no.

Sanchis Sinisterra, El lugar donde rezan las putas: saltos mortales y selectos

Además, de construir una torre de marfil, Sanchis Sinisterra se ha posicionado ideológicamente -otra vez-. En la función a la que fui, tres señoras se fueron a los diez minutos. Ese es, más o menos, el tiempo que tarde Iwasaki (Patri en la obra) en decir que deberían escribir sobre Lise London, férrea militante comunista. La obra, por cierto, va sobre eso: Dos actores sin demasiada imaginación pero con muchas ganas de innovar desarrollan su proceso creativo con la paródica visión del autor.

Junto a Iwasaki -que está graciosa, viva, fulgurante…-, Serrano (que hace de Rómulo). Guillermo Serrano y, aparte, como un personaje más, su carisma interpretativo. A través de este reparto binario (el teatro pequeño es una ideología, dice el autor) vemos tres inmersiones distintas, como si fueran pozos. La obra se construye haciendo dimensiones distintas por donde los personajes pululan. Primero vemos a Rómulo y Patri creando. Luego, interpretando. Finalmente, interpretando su interpretación.

Lo que nos quiere transmitir Sanchis Sinisterra es la impaciencia que tiene la des-memoria. Todas las historias sobre injusticias, ya sean de Hipatia o Lise y Arthur London, son siempre las mismas. El mensaje para quienes escribimos es otro, uno mucho más sobreseído -como determinados fallos en las audiencias provinciales-. No hay porqué buscar héroes ni heroínas en personajes que nos resultan casi mitológicos. Nuestros mitos deben ser los Patri y Rómulo (¡qué difícil es sacar una obra adelante!), pueden llamarse Carmela y Paulino. Ser jóvenes, salir adelante, tener una dignidad impune ante ciertas ofertas laborales, sobrevivir… Como dijo Gil de Biedma en uno de sus poemas más celebrados: Esas no son “las dimensiones del teatro”, más bien, hoy en día, siguen siendo “el único argumento de la obra”.

En defensa de las torres de marfil

Releo la reseña que Millás hizo de Ordesa, una maravilla de Vilas publicada este año por Alfaguara. Vilas ha hecho una poesía en prosa, la ha publicado, va por no sé cuántas ediciones. Yo lo tengo el ebook. La reseña es tan buena como el libro, y ya es decir. El caso es que el artista puede seleccionar a sus lectores o espectadores. A veces debe hacerlo. Es un dicho popular el de que “no me gusta porque no lo entiendo”. Esa frase es el gemelo malvado de “es bueno porque lo ha comprado mucha gente”.

Lo popular

La sentencia de que algo es bueno por ser popular, es falaz. Entre las cosas populares, podemos destacar a las moscas en verano, o la contaminación en Madrid. Las serpientes, volviendo al mundo animal, pueblan el Amazonas. Los roedores abundan en los campos de arroz para comerse todos los granos posibles. En un cosmos aparte, la paradoja de la democracia, “siendo un mal sistema, el mejor que hemos conocido”. Algo así dijo Churchill. Rajoy volvería a ganar las elecciones, dicen las encuestas.

No deja de sorprenderme cómo algunos críticos tratan de justificarse, complaciendo a las masas, diciendo que la popular se siente representada en determinadas cosas, que no todo el mundo tiene porqué saber mucho, un largo etcétera de cumplidos para para eximirse de decir que el reggeatón es la cumbre de la mediocridad de principios del S. XXI. A este respecto, Música de mierda, de Carl Wilson, merece una mención especial. Se dedica durante 216 interminables páginas a intentar justificar el gusto por Céline Dion. Como dice un gran amigo: Chico, ubícate. Nos conformaríamos con una relación de hechos artísticos por los cuales tal o cual obra de arte (o de no arte) es buena o mala o, siquiera, visible o escuchable.

Existe la cultura del entretenimiento, ¡Larga vida a ella y a quienes la dignifican! Es un trabajo puro y digno, tan antiguo como el arte en sí mismo. Se ha de decir, no obstante, que dentro del entretenimiento está también lo bueno y lo zafio; lo gracioso y lo vulgar; el pasatiempo y el somnífero. En cualquier caso, si existe el entretenimiento, también deben existir torres de marfil como esta. Si están tan bien construidas, si son tan puntillosas, ojalá se construyan muchas más.

Ficha técnica
Texto y dirección: José Sanchis Sinisterra
Con Paula Iwasaki y Guillermo Serrano
Ficha artística:

Escenografía Juan Sanz
Iluminación Juan Gómez-Cornejo (A.A.I)
Vestuario Helena Sanchis y Tania Tajadura

Espacio sonoro y
composición musical Pablo Despeyrpux

Video Daniel Ramírez
Ayudante de dirección Eva Redondo