Sectarios

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Suele pasar, cuando la política se convierte en una religión, suelen salir fanáticos, iluminados y ultras de los líderes que ocupen la hornacina de la gloria que desprende rayos de sabiduría y destellos de sapiencia constantemente. El líder es intocable, es el portador de las tablas de la ley, el que contacta directamente con el universo donde es aleccionado por los seres superiores que sólo informan a él, al líder, de sus planes y de sus designios. Es el líder, y el líder es elegido por los dioses del universo que lo protegen con una capa de brillo e inmunidad contra lo mundano y mantenerlo alejado del vulgo.

Esa es la sensación que me da cada vez que, ¡osado de mí!, me atrevo a criticar a alguno de estos seres cuasi divinos. “En ocasiones veo luces”, debo pensar, y me pongo a ello: a decir que el Sr. Rajoy es cortito de entendederas, o que el Sr. Sánchez se queda en la fachada porque no es capaz de más, o que el Sr. Iglesias se ha reconvertido en casta. Al Sr. Rivera no me molesto ni en criticarlo, ¡no merece la pena! (Aparte de que como cambia constantemente de chaqueta y de posiciones, es complicado saber qué piensa, es posible que el maestro Riverita no sepa ni cuales son sus propios pensamientos, si los tiene).

A veces me ha pasado: he comentado las opiniones vertidas por algún líder político y, al no coincidir con ellas, he dicho mi opinión, contraria claro está, a las del líder; como tigres, a tropel, han salido las bases militantes en defensa de su líder. Y no se han conformado con eso, sino que insultan sin la menor consideración al que opine contra su líder. Me han calificado de sectario en varias ocasiones y desde posiciones dispares: desde la (extrema) derecha, esa con maquillaje de demócratas de toda la vida, hasta las posiciones de supuesta izquierda proletaria y con marcada vocación “asamblearia” (cuando interesa). Gajes del oficio, o cabezonería por mantener la costumbre de criticar lo que está mal, según opinión propia.

Lo malo de todo es que cuando la política se convierte en religión, el nuevo becerro de oro abduce y corroe el cerebro a todo bicho viviente que lo rodea. Es la nueva tendencia de dejarse abducir, o la habilidad para la abducción que tienen algunos. Aunque tal vez tan sólo sea la debilidad de muchas mentes faltas del hábito maligno de pensar. Claro que cuando alguien tiene la mala costumbre de pensar, enfocar las cosas desde otro punto de vista y mantener criterios propios, es cuando surgen las malignas y demoníacas críticas y, claro, salen a flote las posturas “sectarias” por parte del pensador.

Reflexionando un poco sobre el particular me surge una pregunta: ¿hay algo más parecido a unas secta que las organizaciones políticas donde las opiniones del líder son dogmas de fe? No se plantean que el líder se equivoque, el líder siempre lleva la razón y de ahí los comportamientos brigadistas y numantinos de la militancia de a pie. Tal vez el problema sea que falta capacidad de crítica interna en las formaciones políticas, tal vez las prebendas o premios que se esperan que se otorguen a los sumisos, obedientes y serviciales. No hay duda de que la falta de auto crítica, a todos los niveles, lleva a la dictadura de las élites y al aborregamiento de las bases. Lo dicho: comportamientos sectarios, o sea, Secta Política .

El ser humano tiene un margen de error muy grande, y ello es aplicable plenamente también a los supuestos líderes políticos. Los que no quieran admitir que sus ídolos se equivocan, peor para ellos. Por supuesto que todos tenemos derecho a equivocarnos y a no llevar razón desde la primera línea hasta la última, pero la postura es tratar de cometer los menos errores posibles. Y si alguien lleva razón, sencillamente reconocer nuestro error.