La Semana Santa en Madrid, el sufrimiento de Zoido y la Liga del Enterismo

La Semana Santa en Madrid es una cosa muy amateur, a pesar de los esfuerzos de Zoido.

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La Semana Santa de Madrid, para un sevillano, todavía es una cosa muy amateur. Si bien desde que Zoido es Ministro el Enterismo es una cosa cada vez más arraigada en la metrópolis, el bueno de Juan Ignacio no ha conseguido que en este sitio se ande en condiciones. Dicho esto, en Semana Santa, el Madrid Constitucional, es decir, el que está fuera de la M-30, hace vida prácticamente normal. El Madrid de las calamidades pijolis -el de dentro de la M-30- se queja porque -¡vaya!- hay una procesión que impide el normal recorrido por el centro.

La Semana Santa en Madrid: Una cosa muy amateur

Por más que se haya podido empeñar, el enterismo ministerial de Zoido no ha conseguido potenciar el buen gusto por la Semana Santa en Madrid. El madrileño medio, no obstante, cree que aquí se hacen las cosas bien basándose en la tan vana esperanza de “es que mi Cristo del no sé qué es lo más grande”. Le damos el OK y le dejamos que se vaya. Cada cual tiene sus cosas, y cada cosa tiene su cristo o una virgen. Por ejemplo, el Barça, con todo lo europeo que es el Barça, no tenía Cristo, así que fichó a Cristo Stoichkov en los 90.

Mi resumen de la Semana Santa en Madrid sería este: El Gran Poder (de Madrid) se dio con la cruz en un semáforo. Hay vídeo y retransmisión en directo. Observando el percal, la locutora afirma: “Estas son las cosas que pueden ocurrir…” ¿Que pueden ocurrir? ¿Dónde? “Estas son las dificultades que, efectivamente, hay…” -La dificultad era no darle a un semáforo- “Pero no ha pasado nada”. Chica, ubícate. “No ha pasado nada, no ha pasado nada… Justo la parte de arriba de la cruz… Vaya susto…” Y en el momento álgido dicen desde el estudio: “Se ha roto la cruz, Rebeca”. No había pasado nada. “Sí, efectivamente, a la altura de la cintura del Cristo la estamos viendo”. Una vez sorteado el semáforo, la gente aplaude. “Es que ha sido un golpe muy fuerte”.

“A la altura de la cintura del Cristo la estamos viendo”. Allí, efectivamente, estaba parte de la cruz partida. Con la de calle que había, no ni ná, pues ahí se fue, contra el semáforo. Ay, criaturas.

Capatacesss de Madriz

Madrid intenta copiar todo lo bueno, así que los capataces, con mucho valor, dan órdenes a sus costaleros de la siguiente forma: José Luisssssss. Y desde dentro: Dime, capatazzzzz. Y el capataz: ¿Cómo estássss, corazón? (…) Vámonosss esass izquierdass alantesss. En fin, otro planeta. “Todos por igual, valientes”. Que no pedimos que sepan diferenciar entre el “Bueno, bueno, bueno” y el “bueeeeeeno”, pero, hombre, por favor, que tenemos un Ministro solo y con estas cosas cualquier día le da un algo.

El sufrimiento de Zoido y la Liga del Enterismo

Juan Ignacio Zoido viendo la Semana Santa de Madrid, sufriendo, lógicamente, al ver que sus esfuerzos son en vano. Europa Press

En estos momentos duros, todo un Ministerio del Interior tiene el corazón en un puño. Año y medio después de que empezara su mandato, Madrid sigue sin alcanzar el grado de enterismo que se requiere de una gran ciudad. Para empezar, la falta de Cruzcampo y de chicharrones, algo ya de por sí gravísimo; para seguir, la absoluta carencia de Feria, sustituida por un insulso San Isidro y un modernito (mimimi) Orgullo Gay; y para finalizar, estas cosas: Ese paso del Gran Poder que no sólamente no sale de magrudá (madrugada en Madrid, pof, si es que así no se puede: “Madrugada”, ay, por favor), sino que, además, coge y se da contra un semáforo.

La misión de Zoido, desde el comienzo, ha sido dura. Conseguir que Madrid fuera un sitio con las cosas por derecho era importar una serie de cualidades socio-culturales prácticamente inasumibles. Es por ello que, con toda la razón del mundo, Zoido tuvo que traer a prácticamente todo el PP andaluz al Ministerio. ¡La Liga del Enterismo! Que la gente pensará que era puro enchufe, nada más lejos: Era la única forma de afrontar la hercúlea tarea de sevillanizar Madrid, de hacer de esa ciudad un sitio decente.