Sentao en el minarete

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Sé que el mundo es un mojxn. Sé que está desequilibrado, que Occidente es una cuarta parte beneficiada a costa de las otras tres. Sé que tengo mucha suerte por haber nacido donde he nacido. Sé que no esta bien matar a gente que no se lo merezca. Y hasta cierto punto puedo entender el ansia por rebelarse. Hasta el punto de atacar a civiles. Joder, embiste la sede de cualquier banco. Pero civiles, no.

El miedo lleva a la ira, la ira al odio y el odio al dolor y al sufrimiento. Si, eso es de Yoda. Y a mi mismo me resulta muy difícil aguantarme las ganas de pedir revancha, por no decir pisar cabezas indiscriminadamente. Es verdad, tenemos muchos defectos pero también grandes virtudes. Lo de acojonarnos no es muy español, y somos muy salvajes cuando queremos. Más que nadie.

Pero no quiero. No quiero odiar. Un colega con más coco que yo, cayó en la islamofobia mientras preguntaba si por ser de izquierdas tenías que pedir sí o sí perdón por ser blanco y occidental, y soltar rollos de invasiones americanas y moralejas. No lo entendí. Yo soy de izquierdas y precisamente por conocer la profundidad de todo este asunto, solo tengo ganas de apagar la tele y escuchar música porque si no se me cae el mundo al suelo.

Es mi responsabilidad, con los colores que se supone que visto, el no perdonar pero sí considerar. El que mata, muerto debe de estar, y la generalización es el veneno de la sociedad. Ese es mi mantra y es el único que tengo que llevar, más allá de lo que me pida el instinto. Porque lo único que haría si no, sería darle la razón a un montón de gente que no tiene que tenerla.

Y digo que NO tiene que tenerla, aunque por una vez sea así. No voy a explicar nada nuevo porque cuando pasan estas cosas todos estamos totalmente despiertos. Porque todos sabemos de corrupciones, de países en guerra, de refugiados, de fanáticos…

España tiene una cosa muy épica que se llama arte. Porque para mi el arte andaluz no es solo andaluz, eso es un tópico que nos cae por ser unos cachondos mentales. Para mí cada tierra tiene su arte y en conjunto es una especie de grandeza. Creo que se basa en el carisma, un carisma elegante y solemne que reluce en las peores situaciones. Y todos y cada uno de los españoles lo llevamos intrínseco.

Como un Alatriste de la vida que recibe un puñetazo en una taberna cualquiera, seguramente merecido, pero se revuelve en el suelo y entre capa y sombrero desenfunda una navaja. Sonríe a media cara y pide al camarero, siempre pendenciero, que le fie otra copa y le ponga “Islamabad”. Solo por escuchar algo que merezca la pena escuchar.