Ser político, deporte de riesgo

¿Recuerdan ustedes aquellos días en el que un político no cobraba por formar parte del gobierno que regía a todo el pueblo? No se rían, que eso antes ocurría, si no me creen pregúntenle a Jordi Hurtado, de cuando era un zagal allá por la antigua Grecia, verán cómo les corrobora que en aquellos tiempos así sucedía, pues los que gobernaban ya tenían calderilla en demasía para tener que exprimir al pópulo con sus caprichos y sus excesos.

Verán ustedes, no quiero decir que para formar parte de las sanguijuelas senatoriales y parlamentarias de nuestra amada y denostada nación haya que estar podrido de dinero, por favor, Dios me libre. Porque además hay que ser tonto para meterse en berenjenales si uno tiene la vida muy solucionada para él y toda su familia durante unas generaciones. Eso sí, si lo que quieres es seguir trincando adelante, que la teta española aguanta a duras penas aunque de seguro que habrá algo para poder exprimirla, y si no ya llegarán especuladores de la vida española para hacerlo partícipe en algún chanchullo para llenarle los bolsillos y que no te trinquen en ello, por supuesto.

Y es que este tira y afloja de la política española es un no parar (supongo que en otros países será igual e incluso peor). Ahora les ha tocado a Eduardo Zaplana, ex ministro, y a José Enrique Fernández de Moya, secretario de Estado de Hacienda, al primero por un supuesto blanqueo de capitales y al segundo por un presunto delito de prevaricación, falsedad documental, cohecho, tráfico de influencias y malversación de caudales públicos, de cuando fue alcalde de Jaén.

¿Pero es que toda esta mierda de chanchullos, presuntos y supuestos no va a terminar? ¿Es lo que nos merecemos los españoles? ¿De verdad que nos merecemos el gobierno débil de nuestra nación? ¿Qué somos, un circo mediático?

Lo triste de todo esto, y es que es muy triste, es que si nos ponemos a rascar en los colores de los distintos partidos que dicen que nos representan siempre hay un poco de todo y alguien que mancha los ideales y a las personas que dicen que representan. Y no se salva ningún partido, que si no es por un acto propio es porque está apoyando la basura del otro. Y sí, los españoles nos merecemos lo que votamos y ahora que nadie me venga diciendo que él no ha votado al partido que nos gobierna, la democracia (por no buscarle otro nombre más deprimente) es la que los eligió, con lo que sus consecuencias nos acarrea.

Y no se preocupen de la realidad, que ya nos la maquillan con sus “presuntos” delitos, con sus controversias, con el espectáculo de tirarse los escaños a la cabeza, con los nuevos actos de patriotismo, con las incoherencias predicadas al comprarse una casita; todo esto a la vez que quieren acallar las voces de los pensionistas, dejar con una mano delante y otra detrás a los ESTAFADOS con las preferentes, seguir acallando el rescate de los bancos (que a ver si hay redaños para exigirles lo prestado) y muchas cosas más que es que ya da asco mencionarlas, y no por lo injustas que son, sino por la indiferencia y la indolencia de aquellos que dicen que nos representan, que da igual que sean rojos, azules, morados o naranjas, porque todos ellos, cuando salen de casa a “trabajar”, se pasan la mano por los hombros para sacudirse la casta de los mismos, y es que para algunas cosas no hay un champú que los deje limpios y lustrosos.

Y para despedirme finalizando mis letras quisiera recordar a Don José Antonio Labordeta, político por sus ideales y no como otros, sí el mismo que cantaba y presentaba el programa Un país en la mochila, un señor de los que necesitaríamos ver más entre los escaños y no en cada hijo de esta tierra que se lleva el amor de los suyos y un trozo de este país cada vez que tiene que preparar su mochila para vivir fuera de nuestras fronteras.